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Amo a mi hijo transgénero. Amo a Jesús más

Nuestros hijos no siempre saben lo que es mejor para ellos. Tampoco nosotros, por eso tenemos que confiar en Jesús y en Su Palabra

Si descanso en Jesús y miro hacia Él, mi muerte continua —resultante de la ceguera espiritual de mi hijo— solo puede significar más vida / Freepik

Jesús conecta las luchas familiares con el hecho de llevar una cruz (Lucas 14:26-27), y estoy empezando a entender estos versículos personalmente. Seguir a Jesús ha llevado a una especie de muerte entre mi hijo mayor y mi esposa, nuestros otros hijos y yo.
Mi hijo profesó fe en Jesús a una edad temprana. Constantemente participaba en conversaciones espirituales conmigo, con nuestra familia y con los miembros de nuestra iglesia. Enseñamos las Escrituras en nuestro hogar a través de palabras y acciones.
Así que nos sorprendió mucho cuando, el año pasado, declaró que tenía disforia de género y se preguntaba si era transgénero. Al cabo de unos meses, nuestro joven de dieciocho años creía firmemente que era transgénero y que una identidad LGBT+ era compatible con las enseñanzas de las Escrituras.

PREGUNTANDO POR QUÉ

Mi esposa y yo nos hacíamos muchas preguntas: ¿Qué le había pasado a nuestro hijo? ¿Habíamos hecho algo mal? ¿Por qué Dios no lo protegió? Cuando miramos hacia atrás y nos preguntamos qué factores podrían haber llevado a nuestro hijo a este estilo de vida, solo podemos encontrar pocas respuestas.
En primer lugar, una vieja amistad volvió a la vida de nuestro hijo durante los cierres por COVID y creció con el tiempo. Este amigo se movía por el espectro de la comunidad LGBT+. Mi esposa y yo animamos a nuestro hijo a ser fiel a la Palabra, que incluía mostrar amor y gracia a su amigo.
En segundo lugar, algunas otras personas que tenían relaciones significativas con mi hijo le expresaron su creencia de que los estilos de vida LGBT+ pueden alinearse con el cristianismo.
Aunque actualmente mi hijo cree que todas las identidades LGBT+ son compatibles con el cristianismo, también ha admitido que su relación con Jesús no es muy buena. Su madre y yo sabemos que, si es un creyente genuino, debe apartarse del pecado en el que está inmerso, porque «los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios» (Gálatas 5:19-21; 1ª Corintios 6:9-10). Si abraza este estilo de vida, no da evidencia de una confianza y obediencia genuinas a Jesús.
Desde que mi hijo tomó su decisión, he leído sobre los posibles factores desencadenantes y las causas por las que las personas pueden sentirse atraídas por las identidades LGBT+. Ya sea que existan verdaderos impulsos internos o externos, me he dado cuenta de que, en algún momento, simplemente tengo que rendirme ante el Señor porque no sé lo que no sé. Oro para que esto no sea una respuesta perezosa por mi parte, sino una admisión de entrega al Señor. Él sabe y mira esto, y la mejor respuesta para mi hijo y para mi familia es Jesús. Pero decir eso es mucho más fácil que vivirlo.

AMANDO A NUESTRO HIJO

Durante los meses siguientes a su anuncio, nuestro hijo se mostró cerrado y antagónico con nosotros. A medida que fue adquiriendo confianza en sus opiniones, se fue abriendo más. Hoy es cordial, pero ha habido muchos obstáculos en este proceso.
Por ejemplo, cuando por fin estuvo dispuesto a hablar con nosotros, nos comunicó su esperanza de que le llamáramos por el nuevo nombre y pronombres que había elegido. Sabíamos que no podíamos hacerlo. En un momento dado, dijo que, al no utilizar su nombre y pronombres preferidos, no estábamos haciendo lo mínimo para amarle.
Oír eso nos estrujaba el corazón. Pero pensamos: ¿Cómo podemos afirmar una identidad que ignora la bondad de Dios hacia él e ignora la bondad del cuerpo físico? ¿Cómo podemos ignorar que nuestro hijo se está haciendo a sí mismo el centro y no a Jesús? Y, Dios, ¿por qué está sucediendo esto?
Durante una conversación, cuando le dijimos que no podíamos usar el nombre y los pronombres que deseaba, nos dijo: «Entonces no puedo garantizar que no me suicide». Al final se fue a su habitación, lamentándose y llorando profusamente. Mi esposa y yo también llorábamos, sintiéndonos impotentes. Ciertamente, sería más fácil simplemente llamarle por su nombre y pronombres preferidos. Sería más fácil celebrar las cosas que él celebra.
En esos momentos, es difícil recordar que el cambio que pide le perjudicará no solo espiritualmente, sino también mental y físicamente.
El año pasado, mi hijo sufrió una depresión severa con ideas suicidas e ingresó en urgencias durante las vacaciones de Navidad. Fue la Navidad más sombría que mi familia había vivido nunca, y aquellas semanas dieron paso a meses de preguntarme si encontraría a mi hijo muerto en su habitación. Nuestras preguntas persistían: ¿Por qué no podemos abrazarle y hacer que todo vaya mejor? ¿Esto le importa a Dios?

AMANDO MÁS A JESÚS

Cuando mi hijo pensaba que lo odiábamos, no se daba cuenta de que nuestro amor por Jesús (y por él) es mayor de lo que podía imaginar.
En Lucas 14:26, cuando Jesús dice a Sus discípulos que tendrían que «aborrecer» a sus hijos, no estaba hablando de un odio literal. Las Escrituras están repletas de buenos mandamientos de Dios, de disfrutar y amar sacrificadamente a nuestros hijos (Deuteronomio 4:9; Proverbios 17:6; Isaías 49:15-16; Malaquías 4:6; Colosenses 3:21; Efesios 6:1-4). Jesús no contradice esto. En cambio, está enfatizando el grado del sacrificio que haces cuando amas a Jesús. Tu amor por Jesús puede ser visto por tu familia, incluso por tus hijos, como aborrecimiento.
La realidad es que mi esposa y yo amamos a nuestro hijo, y siempre hemos querido amar lo que él ama porque lo amamos. Sin embargo, en esto, no podíamos afirmarlo. No podíamos «regocijarnos de la injusticia». Teníamos que «alegrarnos en la verdad» aunque nuestro hijo sintiera que nuestro amor era en realidad aborrecimiento (1ª Corintios 13).
Ella y yo debemos morir a nosotros mismos por algunas razones:
1.- Jesús es la vida y el único camino para vivirla en plenitud.
2.- Nuestras palabras y acciones pueden señalar a nuestro hijo su necesidad de Jesús.
3.- Confiamos en que morir al yo conduce a una mayor vida y alabanza a Dios.
Sabemos que todo padre tiene que morir a sí mismo para amar de verdad a sus hijos. Es una pauta que nos marcamos desde el principio. Nuestros hijos no siempre saben lo que quieren o lo que es mejor para ellos. Tampoco nosotros, por eso tenemos que confiar en Jesús y en Su Palabra.
Regularmente, mi esposa y yo admitimos que la única manera en que podemos seguir a Jesús a través de estas aguas turbulentas es por la gracia sustentadora que Dios da en Jesús. Las luchas de mi hijo nos han mostrado nuestra dependencia de Jesús. Al contemplar a nuestro Salvador, vemos cómo la muerte de Jesús fue la única que floreció en vida de resurrección, no solo para Él, sino para todos los que confían en Él como su Salvador y Señor.
Si descanso en Jesús y miro hacia Él, mi muerte continua —resultante de la ceguera espiritual de mi hijo— solo puede significar más vida. Esto no significa que siempre obtendré las cosas que creo que debería recibir. Pero sí significa que Dios no desperdicia ninguna muerte que participe en el sufrimiento de Cristo.

www.coalicionporelevangelio.org

Anónimo

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