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Cambiar para tener la salvación, Otoniel Font

En el Nuevo Testamento, Dios quiere cambiar el corazón, pero no tan solo para cambiar lo interno, sino para que lo externo refleje el cambio que hay en el corazón

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Hoy quiero mostrarte tres casos, donde tres personajes diferentes tratan de entender qué es lo que deben hacer para encontrar la salvación. La diferencia entre cada uno de ellos es lo que estuvieron dispuestos a dar para poder lograr el cambio que deseaban en su vida.
En el Nuevo Testamento, que es donde vamos a ir ahora, hay un cambio de pensamiento bíblico. En el Antiguo Testamento, usted va a darse cuenta de que todos los grandes hombres de Dios proclamaban caminar con Dios por causa de sus riquezas. Cuando tenían riquezas, ellos decían: “Dios está conmigo”. Cuando tenían pobreza, ellos decían: “Estoy en maldición, Dios no está conmigo”. Cuando llovía, ellos decían: “Dios está conmigo”. Cuando no llovía, ellos decían: “Dios no está con nosotros”. Porque en el Antiguo Testamento era lo externo lo que trataba de cambiar lo interno. Por eso es que la ley en el Antiguo Testamento es externa: son los 10 mandamientos tratando de que lo externo cambiara el corazón. Porque si alguien no veía lluvia, por ejemplo, tenían que tornarse a Dios y decir: “Espérate, tengo que arreglarme porque no hay lluvia”. Pero ahora eso es un factor externo cambiando el corazón, eso funciona tan sólo por un tiempo.
En el Nuevo Testamento no funciona así. En el Nuevo Testamento, Dios quiere cambiar el corazón, pero no tan solo para cambiar lo interno, sino para que lo externo refleje el cambio que hay en el corazón. Me explico: hoy no estamos en la época donde tú puedes decir que el que es rico y es próspero está con Dios y que el que es pobre no está con Dios. En el Antiguo, esa era la regla. Como la gente sabía que José servía a Dios: porque todo lo que ponían en su mano prosperaba. Cómo la gente sabía que Abraham era un hijo de Dios: porque donde quiera que iba prosperaba, tenía riqueza, tenía abundancia. Como la gente sabía que Jehová estaba con Jacob: porque tenía prosperidad, porque avanzaba. Pero cuál era la idea de todo eso: que la gente se tornara a Dios para que el corazón cambiara.
En el Nuevo Testamento es al revés. En el Nuevo Testamento, la obra es interna, pero no se quiere quedar en algo interno. Tiene que verse reflejado en tu vida. El día que Dios cambia tu corazón, cambia tu matrimonio, cambian tus hijos, cambia tu salud, cambian tus finanzas, cambia toda tu vida. El día que tú le entregas tu vida al Señor y hay un cambio dentro de ti, se debe ver reflejado en todo a tu alrededor. El problema, o el reto, es que ese cambio no llega de la misma manera para todo el mundo. Así que, dicho esto, veamos estos tres ejemplos.
Juan capítulo 3, verso 1 al verso 6, nos dice: “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si Dios no está con él. Respondiendo Jesús, le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondiendo Jesús, le dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”.
Aquí vemos un primer hombre, Nicodemo, que se acerca a Jesús y le pregunta: “¿Qué tengo que hacer para tener la vida eterna? ¿Qué tengo que hacer para ser salvo, para llegar al cielo?”. Este es un hombre rico, dice la Biblia en otros versos o en otras historias, que él venía de noche, en la oscuridad, en lo oculto. No quería que nadie lo viera. Era un seguidor de Jesús en secreto. En el libro de Lucas capítulo 18, tenemos otra historia. Un hombre principal le preguntó, diciendo: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”. Jesús le dijo: “¿Por qué me llamas bueno? No hay bueno sino sólo Dios. Los mandamientos sabes: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre”. Él dijo: “Todo eso lo he guardado desde mi juventud”.
Jesús, oyendo esto, le dijo: “Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme”. Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico. Otro hombre rico. ¿Cuál es la pregunta de este hombre rico? La misma de Nicodemo.
Te voy a mostrar otro hombre rico que tiene la misma pregunta.
Lo que yo quiero que tú entiendas desde ahora es que sólo los ricos preguntan por la vida eterna. El pobre pregunta: “¿Cómo como mañana?”. Sé que es duro lo que acabo de decir, pero el pobre lo que está ocupado es en cómo sobrevivo mañana. Toda su mente está enfocada en cómo, como mañana; cómo, como mañana. Y mientras nuestra mente está enfocada en todo lo que nosotros necesitamos para sobrevivir, no hay espacio para pensar en más nada.
Todos los que estamos aquí, que hemos vivido momentos difíciles en nuestra economía, sabemos que cuando tú estás en problemas económicos, seamos honestos, ¿en qué otra cosa tú puedes pensar? ¿Cabe un sueño? ¿Cabe una visión? ¿Cabe una meta? No cabe. Tú lo que quieres ¿es qué?, comer. Tú lo que quieres es pagar tu casa. Entonces tu mente se queda en ese proceso de sobrevivir, hermano. Eso no es pecado, eso es la vida.
Por eso es que nosotros tenemos que ir por encima de nuestras necesidades y tenemos que llegar a un momento dado en nuestra vida donde prosperemos, donde progresemos, de manera tal que podamos salir de ese estado de simplemente sobrevivir. Ese estado de sobrevivencia que nos mantiene a nosotros atados. Por eso es que usted no se debe meter en tantas deudas, porque el problema es que usted es más rico, a veces, de lo que usted piensa, pero como está metido en tantas deudas, siempre está dando vueltas como el ratoncito, tratando de pagar el carro, tratando de mejorar. Si usted tuviera un carro más económico y no pagara tanto en el carro, menos vueltas usted podría estar dando y podría estar preguntándole a Dios cosas más profundas de la vida.
Pero mientras usted se mete en deudas, porque eso es lo que el mundo te dice. El mundo te dice: “Métete en deuda, ten una tienda más grande de la que tú puedes tener. Métete en este carro, porque el día que tengas este carro te vas a ver como una persona, ¿verdad?, más elegante o una persona de más estatus. Métete en esta tienda, compra esto, compra aquello”. Y estás todo el tiempo en eso y lo único que puedes pensar es en eso, pensar en eso, y nunca tienes espacio para pensar: “¿Cómo arreglo mi vida? ¿Cómo ordeno mi vida? ¿Cómo proceso mi vida? ¿Cómo esto, Señor? ¿Cómo tengo la vida eterna? ¿Cómo tengo paz? ¿Cómo tengo tranquilidad? ¿Cómo puedo contribuir con los demás?”.
Pero fíjate que nunca vemos realmente en la Biblia, que yo recuerde, a un pobre preguntarle a Jesús: “¿Cómo llegó a la vida eterna?”. El pobre quería comida y ser sano, pero el rico cuestiona esto. Lo entiendo ya, cuando tú tienes todas tus cosas cubiertas, te queda demasiado tiempo para pensar.
Hay un tercer ser rico en el capítulo 19. Dice la Biblia: “Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador”. Entonces Zaqueo, estoy hablando de Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: “He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado”. Jesús le dijo: “Hoy ha venido la salvación a esta casa, por cuanto él también es hijo de Abraham; porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”.
Zaqueo fue a ver a Jesús y no se dio cuenta de que Jesús se invitó a su casa y la salvación llegó a su hogar. Ahora Zaqueo dio la mitad de lo que él tenía. Y si te fijas, estas tres personas, estos tres ricos, tienen algo en común o dos cosas en común: son ricos buscando una respuesta, algo profundo; número dos, ellos saben que tienen que hacer algo para llegar a ser salvos.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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