Un líder que impone lo que Dios no ha pedido, construye sistemas que alejan en lugar de acercar
«Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano» (Lucas 18:12, RVR1960).
Reflexión:
La ley mosaica establecía un solo ayuno obligatorio: el del Día de la Expiación. Todo lo demás eran añadiduras humanas. Los fariseos convirtieron el ayuno en una insignia de superioridad.
Jesús, en cambio, lo presentó como una expresión de humildad. En la parábola del fariseo y el publicano, el primero se jacta de sus prácticas, mientras el segundo se humilla.
El liderazgo no se trata de cuántos sacrificios haces, sino de cuánto dependes de Dios. Las cargas religiosas que imponemos a otros revelan más nuestra inseguridad que nuestra santidad.
Un líder que impone lo que Dios no ha pedido, construye sistemas que alejan en lugar de acercar.
Aplicación:
¿Estás liderando desde la humildad o desde la necesidad de control? ¿Tus enseñanzas reflejan el corazón de Dios o el peso de la tradición?
Oración:
Padre, líbrame de imponer cargas que tú nunca pediste. Enséñame a liderar desde la gracia, no desde la exigencia. Que mi liderazgo sea liviano, como tu yugo.
Nota: este artículo fue escrito sin inteligencia artificial.
Juan Carlos Calderón
Presidente Escuela de Liderazgo de Alto Impacto (ELAI)
@jccalderonn




