Necesitamos revisar nuestro comportamiento y evaluar nuestra corresponsabilidad, guardar silencio nos hace cómplices y demuestra nuestro desapego e indiferencia a realidades de las cuales en muchas de ellas el cielo nos pedirá cuenta
El síndrome de la “doble moral”, es la conducta generalizada de una sociedad desnaturalizada, donde cada individuo vela por sus intereses y evita exponerse ante los otros, evitando ser juzgado o acarrear consecuencias al alzar la voz en aras de la verdad o la justicia.
Este comportamiento cada vez más creciente en la sociedad de hoy, habla de un caos moral y de identidad, donde se ha deteriorado el sentido de pertenencia y responsabilidad, donde el amor por el prójimo se expresa oralmente más de lo que se practica en acciones.
Se lucha por lo que se quiere, y se defiende aquello que es de mi interés más íntimo y personal, mas exponer la reputación por el bien común o en defensa de los vulnerables es obviado con justificación de conciencia, apelando a la responsabilidad de cada uno por sus actos.
La sociedad de hoy ha perdido el coraje como marca distintiva de su carácter, y calla ante la mentira y el error de manera descarada y sin pudor. Hoy hay un silencio ensordecedor de la sociedad ante la injusticia, la maldad y el pecado en general.
El miedo gobierna las conciencias de la mayoría, miedo a ser señalado, miedo a las represalias, miedo a perder beneficios, miedo al rechazo, miedo a padecer por otros y miedo a experimentar cualquier tipo de sufrimiento.
La verdad es que se ha perdido la virtud del valor y el honor, características que hicieron de los cristianos del primer siglo, hombres y mujeres que, revestidos de una clara identidad como hijos de Dios y fieles discípulos de Cristo, decidieron alzar la voz y anunciar la verdad, sin importar el costo de tal temeridad, obrando por amor a Dios y al prójimo, razón por la cual sus vidas marcaron la historia de la humanidad, ya que su actuar buscaba imitar los pasos del Maestro…
Desde la antigüedad el Dios de los cielos nos insta a alzar la voz, para anunciar su verdad y ser instrumentos de justicia. “Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro!” (Isaías 40:9. RVR1960).
Jesús nunca guardó silencio ante la mentira, el pecado y la maldad, no fue indiferente a la necesidad ni complaciente con los vicios morales de la sociedad, reivindicó a la mujer, restauró el valor de la niñez, abogó por los pobres, ancianos y menesterosos, instruyó sobre el cuidado a la ciudad y a los ancianos y exhortó la hipocresía eclesiástica aborreciendo la falsa religión y la doble moral.
Necesitamos revisar nuestro comportamiento y evaluar nuestra corresponsabilidad con los hechos que acontecen en nuestro entorno, guardar silencio nos hace cómplices y demuestra nuestro desapego e indiferencia a realidades de las cuales en muchas de ellas el cielo nos pedirá cuenta.
Es tiempo de reflexionar, y poner en remojo nuestras conciencias en aras de un despertar.
Escrito está: “La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz” (Romanos 13:12. RVR1960).
Diego Ortiz
Pastor y comunicador
@ps.diegoortiz



