La prueba de su vigencia es el mandato de orar por los gobernantes, pues el verdadero Hortelano moverá sus corazones para cumplir con sus propósitos
“Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina” (Proverbios 21:1).
No es fácil detectar la figura del hortelano en nuestro proverbio. Era quien cultivaba hortalizas y que, en su rudimentario riego por canales, podía con el solo movimiento del pie, redireccionar el curso del agua. Como vemos, esta curiosa práctica es usada aquí para ilustrar quién es el que mueve los hilos del poder.
Confieso que mis lecturas de este proverbio me han dejado cierta frustración, pensando en cuántos autócratas hacen de las suyas en algunos países. Sin embargo, contiene un principio que aún hoy sigue vigente: Dios es quien dispone todo y sin ningún capricho. “De Jehová son los pasos del hombre”, enseña Proverbios 20:24. Es así como entendemos que reyes de la condición de Tiglat-pileser, Nabucodonosor, Ciro y Artajerjes “persiguiendo sus propios propósitos, fertilizaron e irrigaron el campo de Dios de acuerdo con los propósitos de este” (Kidner).
Esto es una gran noticia y una muy esperanzadora ya que muestra cómo Dios usó a reyes y gobernantes para cumplir sus propósitos. No eran regenerados, pero dirigió sus pensamientos para convertirlos en providencia para su pueblo. Esdras 6:22 enseña lo que Dios hizo cuando dispuso la reedificación del templo ya finalizada la cautividad: “Y celebraron con regocijo la fiesta solemne de los panes sin levadura siete días, por cuanto Jehová los había alegrado, y había vuelto el corazón del rey de Asiria hacia ellos, para fortalecer sus manos en la obra de la casa de Dios, del Dios de Israel” (Esdras 6:22).
La prueba de su vigencia es el mandato de orar por los gobernantes, pues el verdadero Hortelano moverá sus corazones para cumplir con sus propósitos. Confiemos, Jesús es el “soberano de los reyes de la tierra” (Apocalipsis 1:5) y sin duda sus corazones están en sus manos. No desmayes.




