De todos estos animales que Dios usó para hacer extraordinarios milagros aprendemos: Ellos fueron capaces de aprender obediencia, sujeción, fidelidad, morir a su naturaleza, abstenerse, menguar y salvarse
“Con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo” (Romanos 15:19).
1. Una asna que habla.
“Entonces Jehová abrió la boca al asna, la cual dijo a Balaam: ‘¿Qué te he hecho, que me has azotado estas tres veces?’” (Números 22:28).
Balaam estaba en desobediencia y la asna estaba en obediencia a Balaam. Pero cuando el ángel se le atravesó al frente, la obediencia del asno fue más elevada que la del profeta.
La visión de la asna estaba activa, la del profeta no.
No sé si el ángel hizo que la asna hablase el idioma de Balaam o a Balaam lo hizo hablar el lenguaje de los asnos. Lo cierto es que Balaam terminó conversando con una asna por no obedecer la voz de Dios.
“Ese día la asna fue profeta y el profeta fue asno”
Del asno aprendemos:
“Se debe obedecer a Dios… aunque no se sepa mucho”.
2. Una vara que se convierte en serpiente.
“…Y echó Aarón su vara delante de Faraón y de sus siervos, y se hizo culebra” (Éxodo 7:28).
Un objeto sin vida cobró vida por el poder de la Palabra de Dios.
El asunto en cuestión es que se convirtió en serpiente y no en otra cosa. Esto se refiere al dios que los egipcios tenían simbolizado en una serpiente.
Lo tremendo acá es que esa serpiente la tomó Aarón por la cola y se regresó a su estado de vara.
De la vara-serpiente aprendemos:
“Todo se sujeta a la Palabra de Dios”.
Hacer una cosa bajo sujeción importa más que hacer muchas en desobediencia.
3. Un pez que traga a un hombre luego regurgita.
“Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches” (Jonás 1:17).
La dirección que tomó Jonás fue diferente a la de su llamado y asignación. El pez, en cambio, estaba en el lugar de su asignación y esperando su llamado.
Cuando Dios le habla a Jonás para que predique, Jonás huye. Cuando Dios le habla al pez que se trague a Jonás, no lo muerda y lo vomite en Jope, ese animal obedece.
“No es sólo estar en tu llamado y asignación, es morir a tu naturaleza y voluntad para hacer la de Dios”.
De ese pez aprendemos:
“Muero a mi naturaleza y hago lo que Dios ha determinado”.
4. Una serpiente venenosa que muerde a un hombre y no lo mata.
“Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció” (Hechos 28:5).
Una víbora venenosa se prendió de la mano del apóstol. La víbora huía del fuego. Si hubiese matado a Pablo, hubiese causado conmoción en aquella región y se detiene el propósito.
Las víboras matan a los que andan fuera del propósito. El propósito de Pablo lo inmunizó. El veneno de la serpiente es inútil para con aquellos que han muerto al hombre natural.
“Ningún veneno mata a los que han muerto a su carnalidad”.
De esta serpiente aprendemos:
“La naturaleza del mundo es intentar matarnos. Pero si vivimos para Cristo ya estamos muertos para el mundo”.
5. Un cuervo que le trae su comida a un hombre.
“Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo” (1 Reyes 17:6).
La carne que le traían era cocida y también pan cocido. El único lugar que tenía alimento así era el castillo del rey Acab. O sea, se robaban la comida de la casa del rey para llevarla a manos del profeta.
Además de esto, vencieron su instinto carnívoro para no comerse la carne por obedecer la orden de Dios.
El apóstol dice: “Los que son de Dios han crucificado su carne con sus pasiones y DESEOS”.
Ellos querían comerse la comida, pero no podían a causa de la orden de Dios.
“La orden de Dios pesa más que tus deseos”.
De los cuervos aprendemos:
“No se trata de tu naturaleza, se trata de la voluntad de Dios”.
6. Un león que no se come a su presa a causa de la unción.
“Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le echaron en el foso de los leones. Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre” (Daniel 6:16).
El delito de Daniel fue orar a Dios.
Los domadores de leones se bañan de aceite para neutralizar los olores de su cuerpo y así causar distracción a las fieras. Daniel era un hombre bañado del aceite de la oración. Estaba ungido y no podía ser devorado.
“La unción te inmuniza ante cualquier peligro”.
De los leones aprendemos:
“El devorador no come carne ungida con aceite”.
7. Todos los animales se suben a un objeto para salvarse.
“…de dos en dos entraron con Noé en el arca; macho y hembra, como mandó Dios a Noé” (Génesis 7:9).
¡Entraron de dos en dos como dijo Noé!
Muchos otros murieron, aun así, no hubo pleitos entre ellos. Pero preservaron su especie.
En cambio, los hombres, todos quedaron fuera.
Nunca había llovido sobre la tierra y el instinto profético les hizo descubrir dentro de ellos que un peligro se venía.
Nosotros no tenemos instinto animal, sino percepción y discernimiento, ¿por qué muchos no entienden el diluvio que se viene?
“Los animales nos enseñan sujeción y obediencia, si no aprendemos, seremos menos entendidos que ellos”.
De todos estos animales que Dios usó para hacer extraordinarios milagros aprendemos:
Ellos fueron capaces de aprender obediencia, sujeción, fidelidad, morir a su naturaleza, abstenerse, menguar y salvarse.
La cuestión es que los milagros son más que un evento, son una manifestación de la que tenemos que aprender.
Bendiciones.
Enmanuel Canaguacán
Pastor



