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Hoyo profundo, Eduardo Padrón

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“Dame, hijo mío, tu corazón, y observen tus ojos mis caminos, Porque hoyo profundo es la ramera, y abismo profundo la mujer ajena. También ella, como salteador, acecha, y provoca traiciones entre los hombres” (Proverbios 23:26-28).
Es interesante cómo algunas especies del reino animal y vegetal se visten con vivos colores con la sola intención de atraer a un insecto, un ave o una presa. Para las flores es vital para cumplir con la polinización, y para el cazador representa el atractivo perfecto para sus víctimas. Muy parecido al marketing humano. Se usan colores, música y luces con la misma finalidad: atraer; pero, ¿habría algún resultado si no existieran las inclinaciones, debilidades y necesidades? Todos somos susceptibles de ser atraídos y este es el punto en nuestro proverbio.
Un padre pide a su hijo que escuche su enseñanza a fin de librarlo de la ramera y de la mujer ajena que son como “hoyo profundo” y “abismo profundo” respectivamente, y como ladrón que se esconde y espera; quiere evitar que se convierta en víctima por impericia o negligencia.
Nadie es inmune a la tentación y ceder a una, aunque sea a la más leve de ellas, muchas veces tiene los mismos efectos de un pecado deliberado (Cholmondeley). Santiago 1:14 enseña que quien cae en la tentación es porque ha sido “atraído y seducido por su propia concupiscencia”. Así que el mal no está en el cebo, sino en la presa. Por tanto, es necesario conocerse y evaluarse con frecuencia.
Amigos, el pecado abunda tanto, que la discreción es más necesaria para evitarlos que para mantenerse en el bien (Vives). Dios hoy nos dice: “escucha con atención y sigue mis instrucciones”, hay que ser constante en ello, pues la constancia es el principio para no ser tentado. ¿Lo sabías?

Eduardo Padrón
Pastor, comunicador y escritor
edupadron@gmail.com

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