“Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá… y los haré volver a la tierra que di a sus padres, y la poseerán” —Jeremías 30:3
I. EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN
El 14 de mayo de 1948, según el calendario hebreo el 5 de Iyar de 5708, se produjo uno de los eventos más extraordinarios de la historia moderna: la proclamación del Estado de Israel. David Ben-Gurión, primer ministro del nuevo Estado, leyó la Declaración de Independencia ante el mundo, restaurando una soberanía nacional que había sido interrumpida hacía casi dos mil años.
Lo que siguió fue inmediato y brutal. En menos de 24 horas, los ejércitos regulares de Egipto, Jordania, Siria, Líbano e Irak cruzaron sus fronteras con el objetivo declarado de destruir al recién nacido Estado. Para muchos, Israel parecía condenado. Sin embargo, en lo que la historia registra como la Guerra de Independencia, Israel no sólo sobrevivió, sino que derrotó a todos sus adversarios. El costo fue enorme: más de 6.000 israelíes muertos, aproximadamente el 1 % de toda su población. Fue una victoria que desafió toda lógica militar.
El 11 de mayo de 1949, Israel fue admitido como el miembro número 59 de las Naciones Unidas, consolidando su reconocimiento internacional. Adoptó el hebreo como idioma nacional —una lengua que había sido considerada “muerta” por siglos y que fue revivida de manera única en la historia— estableció la Knesset como su parlamento democrático y fundó las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).
II. EL SIONISMO: EL INSTRUMENTO DE UN PROPÓSITO MAYOR
Detrás del renacimiento de Israel no hubo sólo política: hubo décadas de preparación. A finales del siglo XIX, surgió el Movimiento Sionista, impulsado principalmente por el periodista austríaco Theodor Herzl, quien en 1897 convocó el Primer Congreso Sionista en Basilea, Suiza, con una convicción que él mismo escribió en su diario: “En Basilea fundé el Estado judío. Si lo dijera hoy en voz alta, sería recibido con risas universales. En cinco años, quizás, y en cincuenta años, todos lo reconocerán”. Exactamente 50 años después, en 1947, la ONU aprobó el Plan de Partición. La precisión de esa declaración es asombrosa.
Este movimiento cumplió lo que el profeta Moisés había escrito siglos antes: “Jehová tu Dios te hará volver de tu cautividad, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios” (Deuteronomio 30:3-4). La dispersión del pueblo judío por el mundo durante casi dos milenios, seguida de su regreso sistemático a la tierra de sus antepasados, no tiene precedente en la historia de ninguna otra nación.
III. LOS 39 JUBILEOS: UNA MATEMÁTICA DIVINA
Uno de los aspectos más profundos de este relato involucra la ley del Jubileo, establecida en Levítico 25: cada 50 años, Israel celebraba un año de restauración, libertad y regreso a la heredad familiar. Es la fiesta más trascendental del calendario hebreo.
La Torah establece que el castigo máximo a un hombre es de 40 azotes. Sin embargo, los rabinos, con cautela para no exceder la ley, interpretaron que debían aplicarse sólo 39. El apóstol Pablo lo confirma en su propia experiencia: “De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno” (2ª Corintios 11:24).
Cuando el Mesías prometido vino y fue rechazado por la nación, Israel como pueblo recibió el juicio divino en la misma moneda que ellos mismos usaban: 39 Jubileos de dispersión. Si calculamos 39 ciclos de 50 años desde la destrucción de Jerusalén por Roma en el año 70 d.C., llegamos sorprendentemente cerca del año 1948. No como una coincidencia, sino como el sello matemático de un propósito eterno.
IV. ISRAEL HOY: UNA NACIÓN QUE DESAFÍA LAS ESTADÍSTICAS
Hoy, más de 76 años después de su fundación, Israel es una demostración viva de resiliencia y prosperidad. Con apenas 9,7 millones de habitantes y rodeado de naciones que históricamente han buscado su destrucción, Israel ha construido:
– Una economía de vanguardia: Su PIB supera al de todos sus vecinos árabes combinados. Tel Aviv es uno de los principales centros tecnológicos del mundo, conocido como el “Silicon Wadi”.
– Ciencia y medicina: Israel tiene más empresas listadas en la bolsa NASDAQ que cualquier país fuera de Estados Unidos. Sus avances en medicina, agricultura y tecnología militar son exportados globalmente.
– Educación: Posee una de las tasas más altas de graduados universitarios per cápita del mundo.
– Seguridad ciudadana: A pesar de vivir en estado de alerta permanente, Israel registra índices de homicidios notablemente bajos —alrededor de 3,7 por cada 100.000 habitantes— en contraste, por ejemplo, con Venezuela, que supera los 40 por cada 100.000 habitantes en años recientes.
V. ISRAEL Y LA PROFECÍA: EL RELOJ DEL FIN
Los profetas de Israel hablaron de un tiempo en que la nación sería dispersada, y luego restaurada, como señal del fin de los tiempos. El profeta Daniel escribió: “Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas” (Daniel 12:7). El mismo Jesús declaró: “Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan” (Lucas 21:24).
Por casi dos mil años, esa profecía pendía incompleta. En 1948, la primera parte se cumplió con el regreso del pueblo. En junio de 1967, durante la Guerra de los Seis Días, Israel recuperó el control de Jerusalén, incluyendo la Ciudad Vieja y el Monte del Templo, por primera vez desde el año 70 d.C. El reloj profético dio otro paso adelante.
Durante generaciones, los creyentes predicaban “Cristo viene” mientras faltaba que se cumpliera esta profecía central. Hoy, esa pieza ya está en su lugar. Israel existe, Jerusalén está en manos del pueblo judío, y cada desarrollo en esa región resuena con palabras escritas hace milenios.
CONCLUSIÓN
El renacimiento de Israel no es sólo historia política: es la intersección visible entre el tiempo humano y el propósito eterno. Una nación que fue dispersada, perseguida, casi exterminada, y que, sin embargo, regresó a su tierra, reconstruyó su idioma, su estado y su fuerza, exactamente como fue escrito.
Para quienes creemos en la Palabra, este es el mayor letrero que la historia ha levantado: el tiempo se acorta. La generación que vio nacer al Estado de Israel en 1948 —según Mateo 24:34— es la generación del cumplimiento.
Que esto nos mueva no al temor, sino a la preparación y a la esperanza.
José “Cheo” Lobatón
Pastor y Maestro




