La ceguera circunstancial nos impide, muchas veces, ver con claridad dónde debemos involucrarnos para hacer lo que Dios quiere
La ceguera ha sido, desde siempre, uno de los mayores problemas en el liderazgo. Imagina por un momento vivir en la época en que Jesús caminaba por las calles de Jerusalén, realizando milagros extraordinarios ante multitudes. Ser testigo de esos momentos sería algo indescriptible.
Hoy, al leer las Escrituras, nos resulta sencillo comprender el mensaje y creer en las obras del Padre. ¿Por qué? Porque contamos con referencias históricas y evidencias que nos facilitan la fe. Sin embargo, el desafío actual es distinto: Dios sigue obrando a nuestro alrededor, mostrándonos Su voluntad para que nos sumemos a Su plan y seamos líderes que, mediante el servicio, ejecutemos la tarea que Él desea cumplir.
La ceguera circunstancial nos impide, muchas veces, ver con claridad dónde debemos involucrarnos para hacer lo que Dios quiere. De lo contrario, ¿cómo explicar que, entre miles de personas, sólo doce aceptaron el llamado? Jesús invitó a todos, pero muchos tenían los ojos cubiertos, y por eso lloró. La Escritura lo confirma: «¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos» (Lucas 19:42).
Líder: Hoy la pregunta es directa: ¿quieres ser parte de los doce de este tiempo, o conformarte con ser uno más entre miles que sólo leen las Escrituras, pero no actúan?
Texto bíblico extraído (RVR1960)
Lucas 19:42: «¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos».
Juan Carlos Calderón
Presidente Escuela de Liderazgo de Alto Impacto (ELAI)
@jccalderonn



