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La última oración, Julio Almedo

Como no sabemos cuál será nuestra última oración, oremos siempre como nos enseñó Jesucristo

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En la vida cotidiana podemos mencionar diversas situaciones de ocurrencia natural: La gravedad atmosférica hace caer la lluvia, el agua en una cascada, entre otros; así como el agua líquida moja, el fuego quema; la respiración en un ser vivo saludablemente; y muchos más.
La palabra de Dios nos enseña a orar sin cesar (1ª Tesalonicenses 5:17), pareciera ser que orar fuera vital para mantenernos con vida, pues Romanos 12:12 nos orienta a hacerlo en forma perseverante. Ahora bien, Orar es hablar con Dios (esta afirmación la podemos ver en Mateo 6:6 “… ora a tu Padre…”). Él nos creó a su imagen y semejanza (Génesis 1:26) para tener y mantener una relación constante de comunicación por medio de la oración. Entonces es importante que todo creyente en Cristo viva en perfecta comunión con nuestra Padre celestial, esto lo podemos hacer por medio de su Hijo, pues Jesús es el camino, y la verdad, y la vida, nadie viene al Padre, sino por mí (Juan 14:6).
Esto nos indica, espiritualmente hablando, que orar es sinónimo de respirar. Respirar es un acto natural, sucede porque sucede. Así mismo debería ser nuestra constante oración. Esto no quiere decir que no vamos a trabajar, estudiar o realizar las labores porque estamos orando. Salmo 150 nos orienta a alabarle con todo: con danzas e instrumentos musicales; esto es en cada acción, en cada palabra, en cada pensamiento, con alegría y gozo. No se trata de que seamos una banda musical. Nuestro caminar debe reflejar lo que el Señor hace en nosotros y eso solo se obtiene con una estrecha y genuina relación con Jesucristo por medio de su Palabra, presentada en las escrituras de la Biblia, guiados por el Espíritu Santo (Romanos 8:26-27).
¿Cuánto tiempo cree usted que puede aguantar sin respirar una persona? El croata Budimir Buda a los 54 años de edad logró el récord Guinness de estar sin respirar bajo el agua por un tiempo de 24 min. 33 seg.; su objetivo era recaudar fondos para un centro de tratamiento de autismo. Una persona promedio puede soportar máximo dos minutos sin respirar. Ahora, ¿cuánto tiempo podría estar sin leer la Palabra de Dios y orar a nuestro Padre celestial y mantener una relación, entregar cargas, pedir perdón y más?
Al finalizar las labores diarias, antes de ir a dormir podemos orar y realizar la última oración del día. El cuerpo, la mente y el alma entran al descanso. Aún ahí Dios nos cuida (Salmos 4:8, 16:7-8, 42:8). Pero si estamos a media mañana o tarde y estamos incluso orando sin cesar, cómo saber si esa oración se convertirá en la última, esto sería imposible determinar. Deuteronomio capítulo 31, narra cómo Dios le revela a Moisés en oración que su hora había llegado y él preparó todo e instruyó a Josué. Pudo tener su última oración.
 Pues, como no sabemos cuál será nuestra última oración, oremos siempre como nos enseñó Jesucristo en la cruz del Calvario: orar por el prójimo “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34), perdonemos a nuestros agresores sus ofensas, en humildad. Así mismo, reconoce a Jesús como el Rey, Señor y Salvador de tu vida, arrepentido pidamos perdón por los pecados, como lo hizo el malhechor crucificado a la derecha, al decir: “Señor acuérdate de mí cuando vengas de tu reino”, esto nos abrirá las puertas de los cielos (Lucas 23:42-43). Seguidamente, pongámonos en las manos del Señor (Lucas 23:46). En tus manos es el mejor sitio donde nos puedes guardar Señor, ¡Aleluya! Encomienda tu vida, familia, hogar trabajo, propósito divino y alábalo porque nuestro Rey está vivo. Lejos de ti nada podemos hacer. Grande fue el precio que pagaste, Gracias Señor por enseñarnos a nuestro Padre celestial, gracias Espíritu Santo por tu guía. 

Julio Almedo
Informático

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