Cuando estamos enfrentando una tormenta de esas fuertes y feas, es cuando más oramos, ayunamos y buscamos el rostro y la presencia de Dios
Isaías 25:4 (RVR 1960): “Oh Señor, tú eres una torre de refugio para los pobres, una torre de refugio para los necesitados en su angustia. Eres refugio de la tempestad y amparo del calor. Pues los actos opresivos de la gente despiadada son como una tormenta que azota los muros”.
¿Quién no ha pasado por una tormenta? ¿A cuántos hoy su embarcación, está siendo azotada por las embravecidas olas?
Todos hemos experimentado los vientos contrarios y los azotes de las olas levantarse en contra de nuestra embarcación.
Cuando nos enfrentamos a una tormenta (llámese: problema de salud, económico, sentimental, financiero, etc., etc.) en nuestras vidas.
Nuestra zona de confort es atacada. Y por lo general a la mayoría no le gusta salir de su Zona de confort.
Pero fíjense en este dato curioso, las tormentas nos acercan más a Dios.
Porque cuando estamos enfrentando una tormenta de esas fuertes y feas, es cuando más oramos, ayunamos y buscamos el rostro y la presencia de Dios. Nuestro nivel de oración aumenta, la lectura de la Palabra es más constante y buscamos su presencia más seguido.
Pedro dentro de la embarcación sintió miedo y angustia igual que los demás discípulos, cuando estaban en medio de la tormenta que casi le hundía la embarcación.
Pero el preguntó si era Jesús quien venía caminando en medio de la tormenta. Y al escuchar la voz de Jesús invitándole. Salió de su zona de confort. Para ir al encuentro con Jesús.
Y aunque no nos guste y sintamos miedo salir de nuestra zona de confort. La tormenta nos trae como beneficio acercarnos más a Dios.
La comodidad muchas veces hace que nos quedemos estancados, parados en la misma orilla, y cuando una tormenta se aproxima tenemos temor porque no sabemos qué puede pasar.
Existen tempestades en la vida que ayudan a bien, haciendo de nosotros personas fuertes y con más capacidades. Por eso, cuando te encuentres en medio de una tormenta, no temas, porque no estás solo. Piensa que puede ser más una oportunidad para hacer florecer tus potenciales.
En las tormentas no estamos desprotegidos, Dios está presente para renovarnos y llevaros a una constante preparación.
Recuerda cómo Pedro tenía temor ante una tormenta, y Jesús le llamó para que caminar sobre el agua hacia Él. Cada tempestad es para acercarnos más a Dios, para que nos muestre su voluntad y nos moldee.
“Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar; Aunque bramen y se turben sus aguas, Y tiemblen los montes a causa de su braveza” (Salmo 46:1. RVR 1960)”.
En cualquier tormenta que estés pasando ten la seguridad de que Dios tiene el control y que está haciendo una hermosa obra en ti.
Oremos así:
Señor Jesús, gracias por recordarme que no estoy solo, que tú me acompañas aún en la tormenta más grande de mi vida.
Que tengas un hermoso y bendecido día.




