A partir de ahora, usted en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, asume de forma muy seria cada una de sus responsabilidades. Haga la lista, asuma cada cuenta pendiente, pida perdón al Espíritu Santo por no haberle honrado, y levántese en el poder del cumplido
Seguramente a esta edad usted ha adquirido algunas responsabilidades, ahora usted se va a reeducar hacia lo que se conoce como el poder del cumplido; cualquier tipo de responsabilidad que usted tenga en la obra de Dios, con hijo, con su padre o madre, compromisos financieros.
Usted tiene que entender que es determinante, que tenga metas cumplidas. Una de las grandes maldiciones que hemos notado en las personas que llegan a sus 40 años es que han dejado muchas responsabilidades por la mitad, como, por ejemplo, dejaron los estudios, dejaron los negocios emprendidos, abandonaron a los hijos, algunos se han casado ya varias veces, no se graduaron por no cumplir con algunas materias, no tienen disciplina alimenticia, no tienen disciplina de ejercicio físico, no tienen disciplina de lectura, no tienen disciplina de responsabilidad con sus autoridades espirituales.
Nunca han sido discípulos, siempre dejaron las metas por la mitad, han sufrido de una crisis emocional cambiante continuamente. El dolor del corazón ha hecho que se confundan en sus relaciones y cometan miles de errores.
Han abandonado miles de oportunidades, han dejado buenas conexiones por discusiones inmaduras, se han hecho inversiones incorrectas, y esto le ha hecho mucho daño. Después de haber pasado por duros procesos en la vida usted necesita aprender la ley de la perseverancia, tener el enfoque para triunfar en la vida, entender que todo lo grande comienza pequeño, sabiendo que el ojo de Dios le va ayudar, y fue el eterno y Padre Dios que le dio a usted el poder para producir la riqueza y triunfar. Ya usted no es cambiante, usted es perseverante, sabe que Dios es bueno y todo lo que emprenda con fe, firmeza y profunda convicción lo logrará.
Por lo tanto, a partir de ahora, usted en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, asume de forma muy seria cada una de sus responsabilidades. Haga la lista, asuma cada cuenta pendiente, pida perdón al Espíritu Santo por no haberle honrado, y levántese en el poder del cumplido. En el momento que usted asume su responsabilidad, la fuerza potencia del Espíritu Santo viene sobre usted para respaldarle.
A partir de hoy usted no huya a sus responsabilidades, al contrario, usted da la cara, se esforzará y estoy seguro que el Espíritu Santo le ayudará.
Apóstol Dr. Marcelino Sojo
De su libro “Liderazgo 40-60”; capítulo 26.




