Las personas que no están sujetas a la autoridad son las personas que le huyen a esta palabra: supervisión. Quienes piensan que ellos mismos se pueden supervisar, terminan auto engañándose
A partir de hoy va a hacer lo que nunca hacía antes. A esa persona que Dios puso para guiarle, usted le va a rendir cuentas diariamente, no le ocultará cosas, será totalmente transparente, y va a rendir cuentas aceptando las correcciones.
Usted va a aceptar cada palabra impositiva de fe, de confianza que le va a guiar a los grandes detalles, usted ha nacido para vivir la gloria de Dios, ha nacido para ver los mejores resultados, nació para ver la mejor respuesta del Dios de Israel, ver luz del rostro del Señor, por lo tanto, usted jamás engañará, usted va a rendir cuentas con transparencia y honestidad.
En alta productividad uno de los grandes problemas de los seres humanos es huirle a rendir cuentas, esto implica estar sujeto a la autoridad, las personas que no están sujetas a la autoridad son las personas que le huyen a esta palabra: supervisión. La palabra supervisión es una de las más importantes en la vida de la gente ganadora, tener esa lupa que va a poder decirle que sí y decirle que no. Hace varios años fui a un concierto de guitarra clásica en la universidad de mi hijo menor, estaba allí y su maestro era un hombre de mucha experiencia; uno de los mejores músicos de los Estados Unidos en el mundo acústico de la guitarra, mi hijo menor tuvo el privilegio de que él fuese su maestro.
Cuando uno no está acostumbrado a la música en los niveles más profundos y profesionales, generalmente al que no está preparado en la materia, se le escapan los detalles, sin embargo, el músico principiante siempre cree que lo ha hecho bien y resulta que el maestro escucha aun lo que el que está tocando ni cuenta se ha dado. Lo que hace la diferencia entre el novato frente al maestro es su capacidad de rendir cuenta, es aceptar que le supervisen, que le corrijan, que le digan la verdad, que lo exhorten, que aún los detalles más pequeños les digan que sí, o les digan que no.
Por lo general las personas que piensan que ellos mismos se pueden supervisar, terminan auto engañándose. Allí en la universidad, note la excelencia y exigencia de un buen maestro, supervisa y pide cuentas, corrige y guía hacia el éxito; todos necesitamos de alguien que mire con otros ojos lo que estamos haciendo; si no fuese así el Señor no hubiese hecho el cuerpo de Cristo que nos guía al orden y a esa supervisión maravillosa.
Todas las personas que tienen éxito serio, se exponen a la presión de la supervisión: en el deporte, la música, la ciencia, las artes, el mundo de los negocios, la tecnología, todo lo que tiene que ver con comunicaciones, mercado, lo corporativo; todo lo que tiene éxito está ligado a una alta disciplina genuina de supervisión. Hay una palabra que se escucha hoy día en el mundo, y es corrupción, la cual está ligada a que no hubo genuina y pulcra supervisión; de hecho, los seres humanos se acostumbraron a lo malo, a los corruptos, a lo enfermizo, al desorden y esto fue siempre por falta de supervisión. Cuando el ser humano se acostumbra a que no le supervisen en la vida, se desarrollan monstruos negativos, que terminan haciéndose daño a ellos mismos y a los demás.
Por lo tanto, en esta nueva vida que usted ha comenzado acepte el poder de la supervisión y que le digan la verdad, rinda cuentas, no se avergüence si cometió algún error, exponga su vida en las manos del maestro, que él le corrija hasta en el más mínimo detalle, porque en el tiempo venidero usted será mucho mejor, acepte la supervisión.
Apóstol Dr. Marcelino Sojo
De su libro “Liderazgo 40-60”; capítulo 22.




