Los Hechos de los Apóstoles, patrón para la Iglesia

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La Iglesia hoy día está evolucionando de lo Carismático a lo Apostólico / Freepik

El libro de Hechos es la historia de los discípulos recibiendo lo que Jesús recibió para hacer lo que Jesús hizo

“Y Jesús, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16.17-19).
La palabra griega EKKLESIA significa una asamblea de ciudadanos que era generalmente un grupo de políticos griegos que se congregaban para debatir los negocios de la ciudad.
Hoy día el termino se refiere a una reunión de individuos que buscan un propósito similar. Por lo tanto, una reunión de cristianos para tratar los negocios del Reino de Dios es una EKKLESIA y podríamos decir son todos los ciudadanos del Reino celestial en donde quiera se congreguen.
El libro de los Hechos es un es un registro del cristianismo practicado bajo el poder del Espíritu Santo y es la prolongación del ministerio de Cristo en la tierra a través de Su Iglesia. Es un registro de gente ordinaria a través de los cuales Dios hizo cosas extraordinarias cuales se reunían para tratar los negocios del Reino de Dios.
Probablemente, la característica más prominente de los primeros cristianos fue su poder espiritual. Ellos ayunaban y oraban fervientemente (2:42; 6:4; 13:3), y su fe abrió un cauce al poder milagroso de Dios (3:16). Hechos habla de gente común que hacía cosas extraordinarias. ¡Señales acompañaron a los que creyeron! (véase Marcos 16:17-18).
El poder del Espíritu en la vida de Jesús lo autoriza a predicar el reino de Dios y a demostrar su poder sanando a los enfermos, echando fuera los demonios y liberando a los cautivos (Lucas 4:14–19; Mateo 4:23). El mismo poder del Espíritu, de acuerdo con el relato de Hechos 2, entregó similar autoridad a los discípulos. Jesús es el prototipo de la vida llena del poder del Espíritu (10:38). El libro de Hechos es la historia de los discípulos recibiendo lo que Jesús recibió para hacer lo que Jesús hizo.
La Biblia declara claramente la delegación del PODER y la AUTORIDAD para hacer lo que Jesucristo hizo. La clave para descubrir el propósito del libro de los hechos está en el primer versículo donde la Biblia declara que el Evangelio de San Lucas, su primer tratado, fue escrito para declarar lo que Jesucristo comenzó a hacer y enseñar. La obra conclusiva de su ministerio fue delegada a Su Iglesia mediante la oración sacerdotal que nos declara el apóstol Juan:
“Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Juan 17:18).
“La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:22-23).
Desde el principio de su ministerio Jesucristo delegó su AUTORIDAD Y PODER para enviarlos a declarar, predicar y establecer el Reino de Dios.
“Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos” (Lucas 9:1-2).
“Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:7-8).
El apóstol Pablo luego declara que ese poder de Dios era manifestado NO CON PALABRAS, sino con manifestaciones visibles del Espíritu Santo. Esa evidencia visible de milagros, señales y prodigios que Jesucristo llamó ‘obras mayores’ era equivalente al establecimiento del Reino de Dios.
“Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1ª Corintios 2:4-5).
“Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder” (1ª Corintios 4:20).
El fundamento de esas manifestaciones de Poder para transformar ciudades, regiones y naciones nació de esa característica de la Iglesia de los Hechos de ayunar y orar constantemente. Debemos recordar las palabras del apóstol Pablo el cual declara que el Reino de Dios no consiste en comida, ni bebida sino en justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Notemos como, pues, los discípulos se lanzaron para establecer el Reino en todo lugar donde fueron enviados por Jesús. Los ciudadanos el reino de Dios en obediencia al llamado a ser testigos fieles para testificar en Jerusalén, Judea, Samaria y los confines de la tierra bajo la autoridad de Cristo y en el poder del Espíritu Santo se lanzan a transformar el mundo como lo podemos observar en el libro de los Hechos de los Apóstoles bajo la unción y poder del Espíritu Santo.

En Jerusalén:
Hechos 4:16, “¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar”.
“Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina” (Hechos 5:28).

En Samaria:
Hechos 8:4-8, “Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; 8así que había gran gozo en aquella ciudad”.

Luego fueron a Judea:
Hechos 9:31, “Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo”.

En Lida y Sarón:
Hechos 9:35, “Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor”.

En Jopa:
Hechos 9:42, “Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor”.

En Antioquía:
Hechos 13:44, 48-49, “El siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios. Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna. Y la palabra del Señor se difundía por toda aquella provincia”.

En Tesalónica:
Hechos 17:6, “Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá”.

Hechos 19:8, 10,17-20,26, en Éfeso:
“Entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios”.
“Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús”.
“Y esto fue notorio a todos los que habitaban en Éfeso, así judíos como griegos; y tuvieron temor todos ellos, y era magnificado el nombre del Señor Jesús. Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos. Asimismo, muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata. Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor”.
“Pero veis y oís que este Pablo, no solamente en Éfeso, sino en casi toda Asia, ha apartado a muchas gentes con persuasión, diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos”. (Énfasis del autor).

Las tres iglesias del libro de los Hechos
El libro de los hechos está dividido principalmente en tres secciones. La primera incluye la propagación del Evangelio en Jerusalén y Judea, La segunda en Samaria y Antioquía, y la tercera en Éfeso y los confines de Asia Menor.
Son, pues, tres las iglesias que impactaron al mundo conocido de entonces. Las tres son muy diferentes en cuanto a su trasfondo religioso, étnico y cultural. Cada una de ellas tenía una personalidad diferente de la otra y estas esencialmente representan a los diferentes tipos de iglesias hoy día.

La Iglesia de Jerusalén
La Biblia nos enseña que la Iglesia de Jerusalén explotó el día de Pentecostés después de que los discípulos habían sido dirigidos por el Señor a esperar el derramamiento del Espíritu Santo (Hechos 1:8).
La clave para este despertar fue el de que los cielos fueron abiertos a través de la oración de los discípulos. La Iglesia de Jerusalén era una Iglesia entregada a la oración.
“Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hechos 1:14).
Debemos examinar el evangelio de San Lucas para poder darnos cuenta de dónde y a qué horas oraban los discípulos. La tradición ha enseñado que los discípulos oraban en el aposento alto. Esto no concuerda con las enseñanzas de la Biblia. El libro de los Hechos nos dice que el aposento era el lugar donde estaban alojados los once apóstoles, no donde se congregaban.
Primeramente, muchos de los seguidores de Jesús eran mujeres solteras y viudas las cuales según las costumbres judías jamás hubiesen entrado a un aposento donde moraban hombres casados y mucho menos solteros. Segundo, los apóstoles eran judíos devotos que se reunían para orar en la corte interior del templo cuatro veces al día. En las horas tercera, sexta, novena y doceava. Además de explicar lógicamente como miles de visitantes en Jerusalén pudieron ver y escuchar a los discípulos el día de Pentecostés, nos ayuda a entender los eventos del día de Pentecostés con mayor claridad.
Debemos notar cinco cosas importantes:

  • Estaban siempre en el templo,
  • Era la tercera hora del día (las nueve de la mañana),
  • Eran ONCE los que estaban juntos,
  • Eran todos galileos (Hechos 2:7, y 2:13, refiriéndose a los once) y,
  • Eran todos varones (Hechos 2:5 y 2:13), [solamente los varones tenían acceso al atrio interior del templo]; en Hechos 2:13 el texto griego dice ‘estos hombres aner (usando una palabra solamente usada para el género masculino) están ebrios’. La concordancia Strong define la palabra aner como un individuo varón, un esposo, un señor, un hombre.

“Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo; y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén” (Lucas 24:52-53; énfasis mío).
“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque estos (hombres) no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día” (Hechos 2:14-15; énfasis mío).
No solamente era una Iglesia de mucha oración, sino también de gran UNIDAD.
“Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:46).
“Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón” (Hechos 5:12; énfasis mío).
La Iglesia de Jerusalén creció rápidamente a más de 8 mil miembros; sin embargo, estos continuaban reuniéndose para orar probablemente en el templo o las afueras de la ciudad.
“Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4:31).
La Iglesia de Jerusalén estaba compuesta de judíos solamente. Era una iglesia mono-cultural. Como dice mi amigo el pastor Roosevelt Muriel, de Cali, Colombia. Eran todos de la misma denominación. Su alcance evangelístico era primordialmente a judíos. Judíos helenistas y judíos hebreos.
La gran deficiencia de esta Iglesia era su denominacionalismo. No tenían visión para alcanzar a los gentiles y sus paradigmas doctrinales judíos causaron grandes problemas a Pablo y Bernabé en el alcance de estos a los gentiles. Dios, pues, permitió que viniera una persecución a la Iglesia de Jerusalén para sacarlos del lugar de su comodidad y sacarlos de la ciudad para que fuesen a predicar el evangelio a Samaria y los confines de la tierra.
Esta Iglesia es comparable hoy día con iglesias históricas y tradicionales que nacieron de un mover de Dios, pero que a causa de sus tradiciones y dogmas han perdido su efectividad y su visión del evangelio del Reino.
Posteriormente la Iglesia se lanza a alcanzar transculturalmente a los samaritanos. Algo para lo cual tuvieron que tener un cambio radical de paradigma.
“Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo” (Hechos 7:4-5).
“Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo” (Hechos 7:14-15).

La Iglesia de Antioquía
“Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos. Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor. Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía” (Hechos 11:19-22).

LA HISTORIA DE ANTIOQUÍA

En cierta época Antioquía era la tercera ciudad más grande del imperio, después de Alejandría y Roma. Sus habitantes eran una mezcla de toda la gente del imperio; griegos, persas, romanos, judíos, asirios, y aún rusos o escitas, como los llamaban. Así mismo Antioquía era la parte más regada y fértil de Turquía (antes pertenecía a Siria).
La iglesia en Antioquía fue una iglesia dinámica y poderosa. La gracia de Dios sobreabundó. En la iglesia en Antioquía, se encuentra un modelo para la expansión del Reino de Dios. Esto se presenta claramente en el capítulo 13 del libro de Hechos. En este capítulo Bernabé y Saulo toman otro paso en su jornada, edificando el tipo de iglesia que Dios desea. Aquí se ve en acción el comienzo del ministerio de las cinco ramas, las cuales apoyan el desarrollo de la iglesia local y el enviar de equipos apostólicos para plantar iglesias.
El capítulo 13:1-4 dice: “Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía profetas y maestros; Bernabé, Simón el que se llamaba Níger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado les impusieron las manos y los despidieron. Ellos entonces, enviados…”.

La Iglesia de Éfeso
Al llegar el apóstol Pablo a la ciudad de Éfeso en el año 55 d.C. se encontró a una pequeña congregación de doce miembros probablemente discípulos del apóstol San Juan antes de su exilio en la isla de Patmos.
En los días de los apóstoles, Éfeso era la tercera ciudad más grande del Imperio Romano, que hacía alarde de su población de 250.000 personas. Roma y Alejandría eran más grandes. Era una ciudad hermosa, con sorprendentes obras de arte y arquitectura, que han sido restauradas en gran parte por arqueólogos modernos. Era una ciudad portuaria, con un comercio pujante y lucrativo. En cada puerta de entrada a la ciudad había una casa con baños públicos, y a nadie se le permitía entrar sin haberse bañado completamente. Éfeso era centro de educación, con escuelas, bibliotecas y salones de conferencias.
Después de dos años de intensa instrucción, llena de una mezcla de lo teológico y lo práctico, el crecimiento de la iglesia empezó a ocurrir. El resultado de la enseñanza, después de haber puesto un fundamento apropiado para los discípulos, fue la manifestación de milagros extraordinarios. La liberación de la opresión demoníaca ocurrió. Las personas con enfermedades debilitantes fueron sanadas milagrosamente.
En el ministerio de Pedro sólo su sombra sanaba y libertaba instantánea y milagrosamente cuando pasaba cerca de alguien. ¡Que milagros aún más extraordinarios ocurrieran por medio del ministerio de Pablo! De estos milagros y del enviar de equipos de sus alumnos entrenados a áreas alejadas, el evangelio del Reino llego a Asia Menor. La gente se salvó, se plantaron iglesias, se encendieron los fuegos de avivamiento en toda la región y en otras regiones lejanas.

El modelo del libro de los Hechos es nacido en Jerusalén, expandido en Antioquía y perfeccionado en Éfeso, y es el patrón para el desarrollo de la Iglesia hoy día

¿QUÉ QUIERE HACER DIOS POR MEDIO DE NOSOTROS EN EL SIGLO 21?

La única cosa que sé es esto —Si podemos comprender la visión de Dios, nuestros corazones y mentes cambiarán. Nuestro enfoque no estará ni en nuestros propios programas ni en nosotros mismos. Estaremos completamente determinados a hallar y hacer la voluntad y el propósito de Dios para la expansión de Su Reino aquí en la tierra. Deseo ansiosamente que el siglo 21 sea diferente de lo que experimentamos en el siglo 20. Doy gracias a Dios por todos los grandes guerreros de la cruz de Cristo quienes vinieron y pusieron una piedra de fundamento en la iglesia de la ciudad antes de nosotros.
El modelo del libro de los Hechos es nacido en Jerusalén, expandido en Antioquía y perfeccionado en Éfeso, y es el patrón para el desarrollo de la Iglesia hoy día.
Dios tiene un propósito para cada generación y Dios nos está proveyendo con avances tecnológicos, económicos, y espirituales para el nuevo milenio. La Iglesia del siglo veintiuno no puede permanecer en la mentalidad del siglo veinte, así como la Iglesia del siglo veinte no permaneció en los parámetros del siglo diecinueve.
La Iglesia hoy día está evolucionando de lo Carismático a lo Apostólico.
Una de los aspectos que distingue a un ministerio con mentalidad pastoral y otro con mentalidad apostólica, es la percepción y dimensión que tiene de la Iglesia, y esto se refleja en su hablar y quehacer; el primero desarrolla una actitud parroquial cuyo enfoque consiste en realizar todo tipo de esfuerzos para sus intereses personales y el crecimiento de su propia congregación o denominación; por lo tanto, la gente, los recursos y facilidades son de su exclusivo patrimonio. En forma diametralmente opuesta, quien opera bajo un espíritu apostólico, tiene una mentalidad de Reino, pues sabe que nada le pertenece y todo está puesto en función del Cuerpo.
No más en torno a mi persona y ministerio, no más en torno a nuestra obra particular ya sea grande o pequeña, sino un cambio de perspectiva, que nos permita pensar de esta manera: “Señor ¿cuál es la visión que tú tienes de tu Iglesia? ¿Cuáles son las prioridades que tú tienes para la Iglesia? ¿Cuáles son las necesidades que tú tienes para la Iglesia?”. Y cuando decimos “Iglesia” ya no estamos pensando en la iglesia local. Entonces, si cambiamos de perspectiva, pensaremos que, si alcanzamos cualquier logro, no será para nuestra jactancia, no será para que nos creamos mejores, sino que será para que otros muchos tengan cabida en la bendición recibida de Dios, ¡cualquier alcance tiene sentido sólo si favorece a toda la Iglesia!
Ningún logro nos pertenece. ¡Esto es de Dios! ¡La obra no nos pertenece! ¡Las iglesias locales no nos pertenecen: Le pertenecen a Dios! Que Él haga lo que quiera. Que Él la ensanche. Que Él cambie nuestra manera de pensar, renueve nuestra manera de sentir, para que Él pueda hacer lo que quiere hacer en este tiempo.

Héctor Torres
Apóstol, escritor y conferencista
www.hectortorres.org
© 2024 Hector Torres – Hispanic International Ministries.

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