Dios no te hizo para perder, para el dolor, ni para la enfermedad. Dios te hizo ganador
ORÍGENES
En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
Génesis 1:1–2
Verdad profunda
Dios nunca te hizo perdedor, ni tampoco te diseñó para que vivas en el fracaso. Tus orígenes y tus raíces son éxito, triunfo y prosperidad.
Tus orígenes
Tú eres antes de la fundación de este mundo, Dios te hizo antes de los cielos y la tierra, nunca te olvides que Dios nunca hace nada regular, Dios es perfecto, por eso Jesucristo dijo:
“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.
Mateo 5:48
Este versículo habla de alta gerencia. De la mente eterna de Dios, de cómo Dios te hizo y cómo el Eterno te quiere. Lo único que el Todopoderoso desea es que vuelvas a tus orígenes.
Dios no te hizo para perder, para el dolor, ni para la enfermedad. Dios te hizo ganador.
¿De dónde viene todo el desastre que existe en el mundo?
Viene de la agenda de perder escrita por el enemigo, por eso estableció el afán, la ansiedad, el dolor, la desgracia y el tormento. Todo lo escribió el enemigo para que no reconozcas la gloria superior. Mas tu hora ha llegado, las cosas extraordinarias y grandes, hoy comenzaron para ti.
Los orígenes de todo desorden y de todo vacío están en el abismo
En los orígenes de la rebelión diabólica, el maligno, cuando fue arrojado del cielo a los abismos, le hizo mal a la hermosa creación, por eso Dios comenzó a restaurar.
En Génesis 1:1-2 puedes notar que la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas se veían. Esto habla de presencia diabólica, pero Dios a través de la palabra confesada comenzó a restaurar; por eso lo primero que Dios dijo fue: “Sea la luz” (Génesis 1:3).
El ser humano fue formado en dos etapas. Cuando Dios lo hizo en la eternidad y cuando lo formó del polvo de la tierra y sopló sobre ese barro el hombre eterno y le dio el alma viviente. El ser humano fue creado por Dios.
Por eso, el ser humano es trino. Existe el hombre eterno, el alma viviente y el hombre visible en un cuerpo, que del polvo fue hecho y al polvo volverá. En el mundo eterno, todo vuelve a sus orígenes.
Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.
Génesis 2:7
El hombre, alma viviente, fue hecho para gobernar en esta tierra y dominar en este mundo.
Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
Génesis 1:28
Comiendo del árbol de la vida y en perfecta amistad con Dios, el ser humano podía disfrutar en su cuerpo de la gloria superior. Este privilegio lo perdió el primer Adán por el pecado, pero Jesucristo nos unió de nuevo con Dios.
El problema de los seres humanos fue la desobediencia, que en vez de vivir por la guía eterna de la palabra revelada y divina, se movieron por los sentidos, por eso comenzó el desorden, el vacío y el abismo en los seres humanos.
Todo era perfecto en el espíritu, y si comía del árbol de la vida, reinaría para siempre con Dios, por encima de todos los seres eternos que ya existían, inclusive por encima de Satán con sus demonios.
Dios todo lo tenía perfecto en el Espíritu, después de haber culminado la creación hizo del barro un recipiente humano a su imagen y semejanza, entonces sopló y puso en ese recipiente de barro lo que ya existía desde antes de la fundación del mundo, Dios te estaba vaciando a ti y a mí.
Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
Génesis 1:28
Para el ser humano vencer necesitaba, primeramente, comer del árbol de la vida que estaba en el huerto, a fin de conectar su espíritu con el alimento eterno y ser ganador para siempre y, segundo, podía comer de los frutos del huerto para su alimentación física. Sin embargo, el maligno lo enredó cuando le hizo que codiciara el árbol del conocimiento.
Porque Dios para que el hombre gobernara en el mundo le hizo un alma viviente. Es decir, una persona espiritual para que operara en el cuerpo físico, pero dominado por el espíritu humano conectado en el poder del Espíritu de Dios.
Cuando el ser humano cae comienza el desastre sobre la tierra.
Volvió lo mismo del Génesis 1:2. Desorden, vacío, abismo y tinieblas.
Por eso la venida de Jesús al mundo. Vino para reparar todo el desastre provocado por la desobediencia. Por esta razón, tú y yo fuimos afectados y sufrimos, no porque Dios lo quiso así, sino porque el pecado maldijo la tierra. Pero la misión de la venida del ungido Jesús, a la tierra es esta:
Isaías 61:1. El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel.
Isaías 61:2. A proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados.
Isaías 61:3. A ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantíos de Jehová, para gloria suya.
Isaías 61:4. Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones.
No pienses que la calamidad sólo tú la has vivido. Esto ha venido sucediéndose de generación en generación. Toda la humanidad ha sufrido por la separación y el pecado.
Es por eso que cuando el ungido Jesús vino, fue llevado por el Espíritu al desierto para levantar una generación de genuinos vencedores que con la Palabra derroten las mentiras del demonio, sea cual sea.
Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y en sus manos te sostendrán, para que no tropieces tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adoras. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían. Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea; y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí, para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, Camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles; El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció. Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque reino de los cielos se ha acercado.
Mateo 4:1-17
Cuando Jesús se enfrenta al enemigo, domina toda la concupiscencia que te ofrece el demonio. Jesús dijo: No sólo de pan vivirá el ser humano, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios, tú derrotas al maligno, no comiendo de los sentidos, sino atándote al verdadero alimento de la bendita Palabra de Dios. Ese es el camino para incursionar en el mundo de los invencibles. La bendita Palabra de Dios.
Oración de invocación de la gloria superior
Padre nuestro que estás en los cielos, hoy delante de ti reconozco que, por desconocimiento había aceptado como normal el perder y el fracaso. En el nombre de Jesucristo, me levanto en fe y determino vivir comiendo del árbol de la vida. Renuncio a toda presión maligna que me quiera atar a lo temporal, quiero tu palabra, la creo con todo mi corazón, y hoy, en el nombre de Jesús, acepto el poder de la gloria superior, en tu palabra y por la fe en Cristo.
Me ato a mis orígenes eternos, no los cambio por nada de este mundo, sé que todo lo de esta tierra es temporal, porque soy invencible en Dios y estoy predestinado para ganar. En el nombre de Jesús. Amén.
Apóstol Dr. Marcelino Sojo
De su libro “Predestinados para ganar”. Semana 1/Día 3.




