En Navidad pensamos en el Jesús niño, pero no en el Jesús Mesías, olvidamos el propósito por el cual el Padre le envío entre los hombres, ciertamente Él es nuestra fuente de paz y prosperidad
“El que recibe mis mandamientos y los obedece, demuestra que de veras me ama. Y mi Padre amará al que me ama, y yo también lo amaré y me mostraré a él” (Juan 14:21).
El día 25 de diciembre el mundo occidental en su mayoría celebra la Navidad, fiesta alusiva a la conmemoración del nacimiento de Jesús.
Se estila dar regalos y se atribuye por tradición en algunos países que los mismos provienen del “niño Jesús”.
Se habla del niño Jesús y se hacen pesebres alegóricos a su nacimiento, y aunque se recuerda su nacimiento no se enfatiza la razón de su advenimiento y su llamado a los hombres al arrepentimiento y la salvación.
En Navidad pensamos en el Jesús niño, pero no en el Jesús Mesías, olvidamos el propósito por el cual el Padre le envío entre los hombres, ciertamente Él es nuestra fuente de paz y prosperidad, pero sólo cuando le recibimos como nuestro Señor y Salvador, y eso amerita alinear nuestra vida a su Palabra y sus mandamientos.
No podemos celebrar el nacimiento de Jesús y vivir a nuestra manera, pues eso nos hace más responsables, ya que escrito está: “el que sabe hacer lo bueno y no lo hace le es contado por pecado” (Santiago 4:17).
Hoy es un buen día para meditar en nuestra forma de vivir, y la ocasión ideal para darle el lugar a Jesucristo que Él se merece en nuestras vidas. Hacerlo mi Señor, es decidir voluntariamente someterme a su voluntad, sabiendo que su voluntad siempre es y será buena para nosotros, aunque nos demande hacer ajustes en nuestra manera de vivir.
Por tanto, te animo hoy a que pasemos de la celebración a la acción…
Feliz Navidad…
Diego Ortiz
Pastor y comunicador
@ps.diegoortiz



