El proverbista nos presenta dos tipos de personas: los afligidos y los contentos. Ambos enfrentan y viven los mismos días; sin embargo, cada uno refleja la condición del corazón, la actitud que lo domina
“Todos los días del afligido son difíciles; mas el de corazón contento tiene un banquete continuo” (Proverbios 15:15).
¿Se imagina a Pablo al final de sus días expresándose como un afligido? Él terminó su vida con una libertad limitada, preocupado por la obra y viendo cómo algunos desertaban de la fe; sin embargo, el tono de sus palabras fue de satisfacción. Estuvo en conflictos, persecuciones, azotes y cárceles, pero su actitud fue de victoria sin ningún triunfalismo. ¿Qué tiene que ver la actitud de Pablo con nuestro proverbio? Simple, su vida no fue el producto de las circunstancias, sino el reflejo de una convicción profunda que latía en su interior. De eso trata el proverbio de hoy.
El proverbista nos presenta dos tipos de personas: los afligidos y los contentos. Ambos enfrentan y viven los mismos días; sin embargo, cada uno refleja la condición del corazón, la actitud que lo domina. Esto se nota en la mención puntual de “el corazón contento”. El contraste es claro y el énfasis no está en los días ni en las circunstancias, sino en lo que se lleva por dentro: un corazón apagado o uno animado. Uno funciona como una funeraria y el otro como una sala de festejos. ¿La diferencia? La actitud de cada uno.
En la vida no te devolverán una sonrisa si lo que reflejas es desánimo al mirar a alguien. Lo normal es que el calor de una sonrisa produzca otra y eso dependerá de lo que alimenta la caldera. El banquete continuo es para el que nutre su corazón con “palabras de fe, obras de amor y constancia en la esperanza” (1ª Tesalonicenses 1:3). No cambiará las circunstancias, pero le ayudará a enfrentarlas. Y eso es lo más cercano a “un banquete continuo”. ¿Qué te parece?




