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¿Trascender o tener éxito?, Miguel Ángel León R.

Eres mucho más de lo que supones, puedes mucho más de lo que crees, hay mucho más de lo que imaginas

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Hay quienes ni siquiera se han planteado lo uno o lo otro, porque se acostumbraron a vivir como sobrevivientes, debido a que validaron en sus mentes la cosmovisión de un mundo de escases, que es insuficiente para todos, donde hay que competir diariamente para ganarse la vida; luego están aquellos que a pesar de esa visión errada del mundo, logran alcanzar el éxito en diversas disciplinas, entendiendo por éxito el concepto estereotipado impuesto culturalmente por los controladores del sistema, que gira enteramente alrededor del dinero, el cual se convirtió en la mente de la mayoría, en el indicador supremo del éxito.
Para los que buscan el éxito bajo esta premisa, tener dinero, propiedades, estatus social, fama o popularidad lo es todo, de allí que se le llame ricos y poderosos a los que tienen más dinero, y pobres y débiles a los que tienen menos dinero o carecen por completo de este afrodisíaco del ego, que es la droga más adictiva jamás creada por el hombre, la cual se convirtió en el mayor motivador de la conducta del ser humano, de allí que existan dichos populares como: “Dime cuanto tienes y te diré cuanto vales”.
En una sociedad donde el dinero es el factor primario para medir el éxito, la gente tiene una percepción del mundo y de sí misma que es contraria a la naturaleza de su ser. ¿Qué quiero decir con esto?: “El ser humano conoce el precio de todo, pero ignora por completo su valor”. Y sin el conocimiento apropiado del valor se condiciona su capacidad para trascender en la vida.
La trascendencia comienza con la conciencia, ser consciente de ti mismo, ¿cómo puedes ir más allá, cuando no sabes quién eres aquí y ahora, en este momento?, “La trascendencia es un efecto, no es una causa en sí misma, es el resultado de SER CONSCIENTE”.
Una persona que tiene al dinero como el indicador de valor en su vida no puede trascender, porque está inconsciente de su valor, si tiene dinero se siente valiosa, pero si carece de esta droga se siente poca cosa; si tiene dinero se siente poderosa, pero si este le falta se siente débil y vulnerable, lo cual le permite asumir con mucha facilidad la posición de una víctima ante aquellos que si lo tienen, con toda la basura emocional que eso implica.
Al estar controlado por el concepto de insuficiencia, ignoras por completo que eres un ser abundante que experimenta la vida en un mundo de abundancia, como lo expliqué en un artículo anterior, lo cual te vuelve presa fácil del miedo en todas sus formas. De todos los miedos que albergas dentro de ti, hay uno que usa un camuflaje que lo mantiene oculto, controlando casi todos tus pensamientos, sentimientos y acciones.
¿Sabes cuál es el miedo oculto dentro de ti que te impide trascender en la vida?
Muy contrario a lo que se piensa; el miedo más profundo del ser humano no es ser o sentirse inadecuado. Su miedo más profundo es ser y sentirse poderoso y sin límites. Es la luz y no la oscuridad la que los asusta. Se preguntan: ¿Quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y extraordinario? Cuando en realidad debería preguntarse todo lo contrario: ¿Quién soy yo para no serlo?
La trascendencia comienza con la conciencia del SER. Entonces: ¿Quién eres y cuál es tu procedencia? Eres hijo del Creador de todo lo que existe, eres hijo de la grandeza, la excelencia y la magnificencia, saliste de su esencia portando su imagen y semejanza, ciertamente eres una expresión genuina de su luz aquí y ahora, justo en este momento.
Jugar a ser pequeño no le sirve al mundo, no hay nada iluminador en esconderte para que otros cerca de ti no se sientan inseguros. ¿Te imaginas al sol escondiéndose para evitar que el resplandor de su luz encandile a los que están en la tierra? Toda la vida en la tierra depende de que su luz brille en lo alto todo el tiempo.
Jesucristo dijo que la luz no debe esconderse, sino todo lo contrario, se debe colocar en un lugar alto para que alumbre a todos los que están en casa, así alumbre vuestra luz a todos los hombres. Ustedes son la luz del mundo.
Nacemos para hacer manifiesta la gloria que está dentro de nosotros, para reflejar quienes somos en todo lo que pensamos, hablamos, sentimos, elegimos y hacemos. Y no solo algunos de nosotros, sino cada uno de nosotros.
Mientras reflejamos nuestra propia luz, despertamos a otros para que reflejen su propia luz. Al librarnos de nuestro miedo a ser quien realmente somos, nuestra sola presencia luminosa libera a los demás de sus propios miedos.
Existes para brillar como un sol en la oscuridad de este mundo, no para ser admirado por tu luz, sino para beneficiar a todos con tu luz, no necesitas opacar la luz de otros para que la tuya se haga visible, todos tenemos suficiente espacio para brillar en favor de otros; recuerda, tu luz y la mía proceden de la fuente de luz original, somos uno con esa luz ahora y siempre.
La luz que hay en ti es el reflejo inequívoco del amor del creador por su creación, mientras brilles desde el amor en vez del ego, tu luz será una bendición siempre; por tanto, brilla, brilla y brilla, no escondas tu luz jamás. Solo brillando podrás trascender en la vida.
Eso fue lo que hizo Dios antes de que nada fuese, cuando solo existía Él en la esfera de lo absoluto, trascendió más allá de lo que era para poder conocerse a sí mismo a través de la multiplicidad de todo lo creado, repartiéndose en infinidad de partes que salieron de Él con su luz, entonces el conocimiento de sí mismo se hizo tan expansivo como la creación misma, que está en constante expansión, es un proceso de creación continua, sin fin. Sin que la creación lo contuviera a él jamás, “porque Él lo contiene todo, pues en Él vivimos, nos movemos y somos”.
De la misma forma, tu trascendencia es contenida por ti mismo. Tú decides cuánto de ti se expresa o no en la experiencia de tu vida. Tú determinas cuáles serán o no tus límites, no las circunstancias. Tú eres quien elige brillar o no brillar en la vida, nadie puede opacar tu luz, nadie puede hacerte sentir menos sin tu aprobación, no eres ni víctima ni victimario de nadie, tus metas están dentro de ti, todo lo que se manifiesta fuera de ti lo creaste tú, todo lo que crees, lo creas. Eres tú creando tu mundo. Si no te gusta, cámbialo. Eres mucho más de lo que supones, puedes mucho más de lo que crees, hay mucho más de lo que imaginas y Dios es mucho más de lo que te han dicho en las religiones. ¡¡TRASCIENDE!!

Miguel Ángel León R.
Apóstol, psicólogo y escritor

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