Exactamente 250 años antes, el 17 de mayo de 1776, el Segundo Congreso Continental convocó a los primeros colonos americanos a observar un riguroso día de humillación, ayuno y oración colectiva
(Agencias – Verdad y Vida).-
Miles de creyentes se congregaron en el National Mall de Washington D.C. para participar en “Rededicate 250” (Reconsagración 250), un jubileo nacional de oración, alabanza y acción de gracias, evento respaldado por la administración del presidente Donald Trump y coordinado por la organización Freedom 250, el cual tuvo como propósito central clamar por el perdón divino y volver a consagrar de manera solemne a los Estados Unidos como «una sola nación bajo la cobertura de Dios», en el marco de las celebraciones por el cuarto de siglo de la patria.
La fecha elegida para esta masiva convocatoria, guardó una precisión histórica y bíblica que conmovió a la comunidad eclesiástica. Exactamente 250 años antes, el 17 de mayo de 1776, el Segundo Congreso Continental convocó a los primeros colonos americanos a observar un riguroso día de humillación, ayuno y oración colectiva. Aquella proclamación original de los padres fundadores, emitida antes de la Declaración de Independencia, instaba explícitamente al pueblo a confesar sus pecados y a buscar el amparo de la Divina Providencia a través de «los méritos y la mediación de Jesucristo» para alcanzar la libertad frente a los desafíos de la época.
El presidente Trump reafirmó el fundamento espiritual de la nación y exhortó a las familias cristianas a no apartar su mirada del Creador. «Para ser una gran nación, hay que tener fe y tener a Dios», declaró el mandatario, invitando a una profunda introspección espiritual. Además, leyó fragmentos de las Sagradas Escrituras, incluyendo pasajes del libro de Segundo de Crónicas, tradicionalmente asociados con el arrepentimiento nacional y la promesa de restauración y sanidad para la tierra.
Líderes gubernamentales de alto rango se unieron al clamor; el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, subió al estrado para guiar a los miles de asistentes con una ferviente oración. Asimismo, reconocidos líderes del evangelio como el pastor Samuel Rodríguez y el evangelista Franklin Graham elevaron proclamaciones unánimes afirmando que «América no ha terminado con Dios, y Dios no ha terminado con América». El espíritu de humillación y el llamado al arrepentimiento nacional que caracterizaron la jornada reviven una herencia espiritual que sostuvo a la nación en sus horas más oscuras, emulando los múltiples días de ayuno convocados por el Congreso Continental entre 1778 y 1782 durante la Guerra de Independencia.
En sintonía con este sentir, el Congreso estadounidense aprobó una resolución conmemorativa, presentada por los senadores James Lankford y Raphael Warnock, ratificando el valor de aquel decreto espiritual de 1776 que exhortaba a los creyentes de todas las denominaciones a unirse en adoración pública a Dios. Para los pastores y feligreses que asistieron desde distintos rincones del país, este jubileo no representa únicamente un tributo a la historia colonial, sino el inicio de un avivamiento contemporáneo indispensable para resguardar los principios morales, la salud de las familias y la libertad de la posteridad bajo el señorío de Dios.◄




