“¡Cállate, mamá!” Harold y Mileidy Paredes

1
16

Por favor, no grites más: ¡Cállate, mamá o papá!”, porque, aunque no lo creas, también le gritas a DIOS

/ Freepik

“El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Proverbios 13:24 5RVR60).
La RAE define Madre como “Mujer que ha tenido uno o más hijos”. Esta definición queda corta para los hijos e hijas que amamos a nuestras buenas mamás. No cabe en la cabeza que ellas se vayan como la nada, las que ya no están han dejado una marca imborrable en los corazones; una madre no es solo un vientre que pare muchachos, ella es un manantial milagroso que, en los desiertos trae refrigerio casi eterno, es la heroína en las batallas que se veían perdidas, es el corazón que soluciona todo en casa con acciones innovadoras e inesperadas.
¿Quién ha perdido a su madre? Quienes experimentamos la desdicha de verlas partir, sabemos cómo queda vacío el ser, entra el ser en una etapa de hastío y soledad que, solo en el río de lágrimas se podría sentir un poco de paz. Las madres no deberían irse así, ¿por qué tienen que morir?, ¿por qué…? Usted que la tiene con vida; valórela, abrácela, bésela todos los días y no le niegue alegrías. Una madre es para todos los días; aunque su perfume se haya ido cuando menos la querías, cuando te regañó por tanta rebeldía… “Hijo, hija no tires la puerta, no es culpa mía; por no escuchar hay dolor, ahí está tu comía”. “¡Cállate, mamá, eso no te interesa!”. Respondió alguien que fue llevado en un maravilloso vientre.
Hace unos días atrás, vimos cómo una hija maltrataba a su madre; esta gritaba tan fuerte que quienes escuchábamos pensamos que había pasado algo muy grave; pero no, la hija estaba molesta porque su madre le solicitó el favor de llevarla a un lugar, a ese sitio donde nos encontrábamos por mera casualidad. Eso no fue todo: “¡Cierra la puerta del coche, yaaaaa!”. Gritaba la joven a su progenitora. Al instante, arrancó picando caucho el automóvil, sin percatarse que pudo arrollar a su propia madre.
¿Será que los hijos de hoy son así porque se consienten demasiado? ¿Usted sabía que aborrece a sus hijos cuando no los corrige a tiempo? ¿Los padres son irresponsables cuando permiten que sus hijos les falten el respeto? ¡Hijo, hija! Leamos un poco y apliquemos esta enseñanza: “No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos” (Proverbios 3:7-8. RVR60).
Los hijos maltratadores de padres jamás vivirán tranquilos sus días; estos no sabrán qué es sentir ese refrigerio que experimentan los hijos obedientes en todo momento. Es lamentable, observarlos con una prepotencia, siendo sabios en su propia opinión, y avergonzando a sus progenitores como se les da la gana. Incluso, creen que no se equivocan, que los gritos y maledicencias se las merecen sus viejos; hijos desconsiderados, hijos que si no cambian terminarán muertos por todo el mal que han sembrado. Los sobrados manifiestan una soberbia infernal, al punto que no les interesa agredir con sus acciones diabólicas a los amigos de la familia.
El proverbista dijo: “Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos; porque largura de días y años de vida y paz te aumentarán” (Proverbios 3:1-2. RVR60). La hija que mencionamos en la primera parte; si no cambia, nunca tendrá la dicha de un corazón rico en bendiciones. En aquel momento, vimos en su rostro al mismísimo diablo, era tanta la rabia hacia su madre que no dudó en arrancar el automóvil; si hubiese estado alguien delante, ya no estaría para contarlo. La madre, por su parte, nos miró apenada, batiendo las manos como diciendo: “¡Pero qué genio el de esta niña!”. Por cierto, de niña no tenía nada, era una mujer hecha y derecha con un corazón negro y lleno de amargura.
“Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece. El hombre saciado desprecia el panal de miel; pero al hambriento todo lo amargo es dulce” (Proverbios 27:6-7. RVR60). Los hijos necios olvidan quién los llevó en el vientre, una madre no debe escuchar: “¡Cállate, mamá!”. Además, permítannos un inciso; los papás tampoco deben ser maltratados, los muchachos tienen una gran responsabilidad con sus padres. Por tal motivo, es oportuno destacar que un desobediente vivirá en maldición. Todo será diferente si renuncia a ese mal proceder.
En resumen, amados hijos, internalicen esta verdad y háganla carne día tras día: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (Efesios 6:1-3. RVR60). Por favor, no grites más: ¡Cállate, mamá o papá!”, porque, aunque no lo creas, también le gritas a DIOS.
Los hijos que reciben la instrucción, nunca padecerán por alguna humillación.

Harold y Mileidy Paredes
Pastores
haroldwjparedes@gmail.com

1 COMENTARIO

  1. Excelente! Totalmente cierto es lo que vemos y oímos en el día a día, hay que tener en cuenta, cómo lo dice la palabra de instruir al niño en su camino y aún cuando fuere viejo, no se apartará de él, y así poder ayudar a estas nuevas generaciones a que vivan de acuerdo a la palabra de Dios, amando y obedeciendo y así lograr una vida en plenitud y gratitud permanente.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí