Se dice que cada edad tiene su propia medida de felicidad y que sólo Dios es la fuente suprema de la alegría, ya que Él es amor, bondad, reconciliación, perdón y seguro refugio
¿Ha comprendido usted amigo mío que para ser feliz se necesita amar, aceptar la vida como viene, disfrutar de lo pequeño y de lo grande, conocerse a sí mismo y aceptarse, así como se es, sentirse querido y valorado, pero también querer y valorar; tener razones para vivir y esperar, y también razones para morir y descansar?
Entender que la felicidad brota en el corazón, con el rocío del cariño, la ternura y la comprensión es vital. La felicidad son instantes y momentos de plenitud y bienestar que están unidos y ligados a la forma de ver a la gente y de relacionarse con ella.
Se dice que cada edad tiene su propia medida de felicidad y que sólo Dios es la fuente suprema de la alegría, ya que Él es amor, bondad, reconciliación, perdón y seguro refugio. Tal vez hoy más que nunca debamos recordar aquella sentencia que dice: “Cuánto gozamos con lo poco que tenemos y cuánto sufrimos por lo mucho que anhelamos”.
Finalmente recordemos la enseñanza bíblica: “¡Alabado sea el SEÑOR! ¡Qué felices son los que temen al SEÑOR y se deleitan en obedecer sus mandatos!” (NTV’10 Salmo 112:1)
Ser feliz, es una actitud. Sea feliz en Dios y con los suyos.




