Home / Opinion / Con las manos vacías, Félix Osorio

Con las manos vacías, Félix Osorio

Cuando se ha estado a punto de morir, se aprende a valorar más el tiempo que Dios nos regala en esta tierra

A estas alturas he estado en muchas ocasiones frente a la muerte.
Una de ellas sucedió precisamente un 19 de septiembre del año 1989, hace hoy 33 años, venía en la tarde del trabajo y ya llegando a mi casa me encontré encerrado en una balacera, allí varios proyectiles impactaron mi cuerpo, las manos, el brazo izquierdo fue atravesado y uno de esos proyectiles me atravesó el cuerpo totalmente, entrando por el costado izquierdo a solo escasos centímetros del corazón, rompió el esófago y otras partes y se alojó en el costado derecho quedando entre la piel casi a punto de salir.
Ese día con el cuerpo todo lleno de sangre y sintiendo que la vida se me escapaba, porque ya las fuerzas habían desaparecido, ya no me salían las palabras y convencido que serían mis últimos momentos de vida en esta tierra, me pregunté a mí mismo: “¿cómo me voy a presentar delante de Dios con las manos vacías?”.
En ese momento que veía todo nublado y que sentía que todo se iba desvaneciendo como cuando uno se va quedando dormido, cuando ya me había entregado prácticamente, de pronto tuve la convicción de que a pesar de mi situación no moriría en ese día, de pronto sentí fuerzas para moverme y buscar ayuda y fue cuando mis amigos, vecinos y toda la gente del sector a pesar del inminente peligro que implica salir de casa en medio de una balacera, se arriesgaron, me sacaron del lugar y me llevaron al hospital.
Al siguiente día desperté con mangueras por todos lados, habían abierto mi cuerpo de arriba abajo y hacia un lado para reconstruir algunos órganos y dejar libre el esófago y los intestinos hasta una nueva operación que se realizó un año después.
Fue una larga noche donde familiares, amigos, vecinos y hermanos de la congregación lloraban y oraban por mi vida, esa noche mientras mi pastor le preguntaba a Dios: “¿por qué te lo vas a llevar?”; el Señor le dijo: “no morirá»”.
A partir de esa noche pasaron días, meses y años muy duros, pasé un año en el hospital tanto que cuando regresé a casa todo me parecía diferente, la reconstrucción que me hicieron por dentro llevó mucho tiempo, colocaron plástico y otros materiales allí, eso me hacía pensar que tendría un tiempo de vida muy corto, yo calculaba unos tres años como máximo y decía con eso me conformo, así que, desde entonces, cada año para mí tiene un valor incalculable.
Ya han pasado 33 años de aquel accidente y aquí estoy disfrutando y valorando la vida y cada día que pasa es un motivo de agradecimiento a mi Señor, porque es un día extra que Él me regala.
Pero en algo si me esfuerzo y procuro cumplirlo, y es que todo lo que el Señor me mande a hacer en su obra, lo haré con gozo y alegría, para que el día que me toque, no me vaya a presentar delante de Dios con las manos vacías.

Félix Osorio
Pastor

About Verdad y Vida

Check Also

El resentimiento te duele más que a nadie, Rick Warren

Cuando cedes al resentimiento, terminas actuando de manera autodestructiva. Te lastimas mucho más que a …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *