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Cosechando bendiciones, Julio Almedo

Si queremos cosechar bendiciones tenemos que sembrar bendiciones

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Cada quien cosecha lo que siembra (Gálatas 6:7). Si queremos cosechar bendiciones tenemos que sembrar bendiciones. ¿Cuáles son las semillas de bendiciones que debemos sembrar, para poder cosechar bendiciones?
El versículo siguiente, Gálatas 6:8, dice: “porque el que siembra para su carne, de la carne cosechará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna”.
¿Sembrar para el Espíritu?, esta sería la buena semilla que se debe sembrar y es para cosechar para vida eterna. Esta semilla trae el fruto del Espíritu según Gálatas 5:22-23: “En cambio, el Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto”. Todos estos fundamentos bíblicos aplican para lo que sembramos, pues de ello dependerá lo que cosechemos.
Podemos resumir una lista de cualidades de una buena semilla contenidas en la Palabra de Dios: amor y no rencor, fe y no duda, paz y no contienda, obediencia y no rebeldía, verdad y no mentira, integridad y no pecado, entre las principales.
Practicando tales principios guiados por el Espíritu Santo, podríamos experimentar y cosechar bendiciones según la voluntad de Dios.
Ahora bien, Juan 14:21 nos señala que el que ama a Dios obedece su Palabra. 1ª Juan 4:20 nos instruye en el que ama a su hermano ama a Dios. ¿Y esto tiene que ver con la cosecha de bendiciones?
Cuando sembramos la buena semilla en amor y no por necesidad, podemos tener cosecha de bendición y multiplicada (2ª Corintios 9:6).
Pero, ¿hay alguna relación entre amar al hermano y la buena semilla? Jesús vino por amor (Juan 3:16), para darnos vida eterna. Jesús nos enseñó esta verdad escrita en Mateo 13:38a RVC: “El campo es el mundo y la semilla buena son todos los hijos del reino de Dios”. La semilla es la Palabra de Dios, pero la buena semilla es el testimonio de lo que el caminar en Cristo ha hecho en nuestra vida.
Por eso somos la sal de la tierra, porque tenemos sembrada su palabra en nuestros corazones, cuando caminamos con fe y obediencia en ella; y vamos al mundo para darla a conocer, así como Jesús lo hizo, por amor a las almas.
Dios es el único que puede cosechar donde no sembró (Mateo 25:24). Para los hijos de Dios cosechar bendiciones debemos sembrar en los demás lo que Jesús por misericordia sembró en nosotros, hacerlo en amor y dando de gracia lo recibido por gracia, más aún que su venida es cada vez más inminente.

Julio Almedo
Informático

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