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Creyendo ¡verás!, Julio Almedo

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Últimamente en el mundo hemos podido observar acontecimientos tan diversificados, donde su ocurrencia genera información (proceso ejecutado por un emisor ordenando datos para dar un mensaje a un receptor, generando en él un conocimiento). Pero es manipulada de tal manera que va y viene como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento. Sin embargo, la Palabra de Dios nos enseña en Santiago 1:6 que así están las personas que dudan.
Pero, por ejemplo ¿a quién has visto últimamente cuando estás frente al espejo? ¿Podemos emitir una información de nosotros mismos basados en una imagen física? Dios nos hizo grandes, a su imagen (físico: Padre e Hijo) y semejanza (espíritu), (Génesis 1:27). Y aunque no nos vemos así, somos así, creyendo ¡verás!
El espejo, tal y como lo conocemos hoy se inventó hace unos 200 años en Alemania (Antiguamente usaban láminas de metal muy pulido). Fue el químico Justus Von Liebig quien desarrolló un proceso en el que aplicaba una delgada capa de plata a un lado de un panel de vidrio. Los rayos de luz visible que inciden sobre la superficie de un espejo son reflejados con el mismo ángulo con el que incidieron. De esta manera, la luz reflejada en el espejo produce una imagen que muestra el tamaño y forma de los objetos de los que proviene. En este sentido, algunos autores son capaces de emitir opiniones tergiversadas acerca de temas bíblicos, desobedeciendo totalmente Su Palabra, donde bien claro especifica: “No tomarás en vano el nombre del Señor tu Dios, porque el Señor no dará por inocente al que tome su nombre en vano” (Éxodo 20:7).
La Palabra nos guía a caminar por fe y no por vista (2ª Corintios 5:7, NTV: “Pues vivimos por lo que creemos y no por lo que vemos”). Caminar por fe es creer lo que no hemos visto. Así, creyendo ¡Veremos! Creer parados firmes en la roca inconmovible (Mateo 7:25). Perseverando. No teniendo fe como la neblina en la mañana, que al poco tiempo se desvanece (Santiago 4:14). Ni tampoco siendo como el apóstol Tomás, según Juan 20:29, RVA: “Jesús le dijo: Tomás, has creído porque me has visto. Bienaventurados los que no vieron y creyeron”. Luego que caminó con el Señor, tuvo que ver para creer.
Cuando nos dan a conocer las buenas nuevas en Cristo, en ese momento comenzamos a creer, recibimos salvación y vida eterna (Juan 3:16). Dejar de creer nos aparta de su propósito, al no creer comenzamos a desobedecer, dejamos de vivir en su paz, apartados de su gracia y favor, yendo de mal en peor, esto incluso por mucho tiempo. Dejando de creer, ¡no veremos!
Esto puede traer consecuencia que ya no tendríamos fe y sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6). Por esto La Palabra nos edifica que para el que cree todo le es posible (Marcos 9:23). Creer me lleva a buscar más de su presencia (Mateo 5:6). Así mismo, la Biblia nos muestra que ya estamos sentados en lugares celestiales (Efesios 2:6), debemos de permanecer creyendo para ver esto. Santiago 1:23-25, DHH nos instruye así: “el que solamente oye el mensaje, y no lo practica, es como el hombre que se mira la cara en un espejo: se ve a sí mismo, pero en cuanto da la vuelta se olvida de cómo es.  Pero el que no olvida lo que oye, sino que se fija atentamente en la ley perfecta de la libertad, y permanece firme cumpliendo lo que ella manda, será feliz en lo que hace”. Necesario es permanecer.
Jesús le dijo a Pedro “hombre de poca fe” (Mateo 14:31), algo de fe tenía, dudó por un instante, se distrajo y no permaneció. Pero fue rescatado. ¿Cómo se habría visto Pedro reflejado en las aguas, caminando con el Señor de regreso al bote? ¿A quién habría visto David aquel día al derrotar a Goliat (1 Samuel 17) si tuviese un espejo? O Daniel al salir ileso del foso de los leones (Daniel 6). Hoy a quién verías tú frente al espejo, si te dijera el médico que ya no tienes cáncer. Creyendo ¡verás!
Comienza a creer en quien te llamó y te salvó. Dejemos de creer en las mentiras de Satanás (Juan 8:44) y comenzar a creer en la verdad de Jesús, contenida en su Palabra, con la ayuda del Espíritu Santo. Exaltemos hablando de las maravillas que hizo, hace y hará el Señor en nuestras vidas, amén.

Julio Almedo
Informático

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