viernes, octubre 23, 2026
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¿Cuál es realmente el problema?

Venezuela necesita, hoy más que nunca, ciudadanos responsables, íntegros y pragmáticos que asuman su rol protagónico en la reconstrucción del país

Si en tu país hay un docente por cada 45 estudiantes, un médico por cada 300 pacientes, miles de jubilados sin ingresos dignos y 40 escoltas para custodiar a un corrupto: estás en Venezuela.
Si los políticos ganan más que el médico y el docente: aún estás en Venezuela.
Si en tu tierra abundan el petróleo, el oro, el aluminio, el hierro, la riqueza hídrica, los minerales estratégicos, las tierras raras y los suelos fértiles; si gozas de todos los climas del mundo y, aun así, no tienes calidad de vida, los servicios públicos colapsan y el salario no alcanza: sigues estando en Venezuela.
Si los ciudadanos sienten que no pueden resolver sus propios problemas y aguardan a un mesías extranjero que los venga a salvar: con certeza, sigues en Venezuela.
Si obtener un pasaporte cuesta un ojo de la cara y, al regresar a tu patria con el documento vencido, las autoridades te despojan del dinero que traes: ciertamente estás en Venezuela.
Si a pesar de todo esto, el ciudadano común continúa usando la «viveza criolla» para sacar ventaja, aunque en el proceso perjudique a sus propios paisanos: lamentablemente, estás más que nunca en Venezuela.
Como yo lo veo, existen dos causas evidentes de este colapso, donde la segunda es un derivado directo de la primera.

La primera causa: “La viveza criolla”
Es la brecha por donde entraron todos los males que nos han atormentado durante los últimos 27 años.
Este germen se gestó mucho antes: comenzó a consolidarse tras aquel golpe de Estado que derrocó a un militar (Marcos Pérez Jiménez) que, sin ser político de carrera, hizo por el país y sus ciudadanos más infraestructura y desarrollo que la clase política que lo sucedió.
Con el tiempo, esa norma de la viveza criolla parió y dio a luz a Hugo Chávez: un hijo concebido a imagen y semejanza del ciudadano promedio.
No hay manera de justificar lo ocurrido. No se puede ser tan pobre viviendo en un suelo tan rico; a menos, claro está, que lo sucedido en la nación sea el reflejo de una pobreza interna que el venezolano alimentó durante décadas, mucho antes de que el terremoto de la dictadura lo arrasara todo.

La segunda causa: “La plaga parasitaria de la clase política”
Es el derivado directo de la primera. Una plaga de políticos que ejerció el poder y que, al ver a un venezolano que encarnaba lo mejor de nuestras reservas morales y que podía convertirse en presidente sin pertenecer a las élites partidistas, no dudó en apartarlo en un trágico y sospechoso accidente aéreo; obviamente, me refiero, desde luego, a Renny Ottolina.
Esa clase política corrupta es el reflejo fehaciente de la viveza criolla elevada a rango de cultura institucional.

EL CAMINO HACIA LA RECONSTRUCCIÓN

La transformación de Venezuela no necesita de políticos tradicionales, y mucho menos de quienes se asumen como mesías, sean extranjeros o locales.
Tampoco necesita un Estado burocrático, parasitario y corrupto que ha sido el protagonista del mayor saqueo en la historia de una nación próspera.
Venezuela necesita, hoy más que nunca, ciudadanos responsables, íntegros y pragmáticos que asuman su rol protagónico en la reconstrucción del país.
Ciudadanos que abominen la viveza criolla, respetuosos de la ley y del orden, que abandonen de una vez y para siempre el papel de fanáticos de la política y hagan honor a la máxima de Simón Bolívar:
“Moral y luces son nuestras primeras necesidades”.
Así, y sólo así, podremos dar a luz a la Venezuela que anhelamos.
De lo contrario, continuaremos dependiendo de mesías externos que sólo responden a sus propios intereses geopolíticos o corporativos, o de mesías nacionales de turno.
Nadie vendrá a resolver nuestros problemas gratis; y si lo hacen, el costo será nuestra propia soberanía, atrapándonos en un bucle interminable que nos regresará una y otra vez al mismo punto de partida.
Venezuela te necesita a ti y me necesita a mi actuando como ciudadanos conscientes, no como fanáticos.
Si seguimos haciendo exactamente lo mismo, obtendremos siempre los mismos resultados.
Ojalá hayamos aprendido la lección tras tanto sufrimiento.

Miguel Ángel León R.
Apóstol, psicólogo, escritor y analista político

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