Cuando Dios manifiesta su presencia, la podemos sentir en el lugar o en nuestro cuerpo, podemos ver su poder obrando maravillas
Estoy de acuerdo contigo, ¡Dios está en todas partes! La Palabra de Dios dice que su presencia está en todo lugar. Pero hay una diferencia cuando Dios elige manifestar su presencia. A veces, la llamamos unción, presencia activa, etc.
Cuando Dios manifiesta su presencia, la podemos sentir en el lugar o en nuestro cuerpo, podemos ver su poder obrando maravillas, ver las enfermedades y dolencias salir de la gente, milagros suceder, cuando Dios sobrepasa las leyes naturales con su intervención divina para ayudar a la gente, se puede oler su fragancia, ver su gloria por medio de la aparición de algo que podemos ver como una nube o lluvia en un lugar cerrado, aceite, polvo de oro, plumas, diamantes o piedras preciosas, etc. ¿No te parece maravilloso?
En Hechos capítulo 2, Dios permitió que, ¡la gente sintiera en la casa como un viento recio y vieran como llamas de fuego sobre las cabezas de los discípulos!
“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:1-4).
¡Cuando se manifiesta la presencia de Dios, ¡ocurren maravillas!
El apóstol Juan nos cuenta que cuando vio a Jesús resucitado, cayó postrado como muerto, ¡por la gloria que Dios le estaba permitiendo ver en ese momento! Y dice que Jesús le tocó. ¡Pudo sentir que Jesús puso su mano sobre él!
“Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: ‘No temas; yo soy el primero y el último!’” (Apocalipsis 1:17).
A lo largo de los años he visto que las manifestaciones de la presencia de Dios tienen un propósito siempre.
Él nos deja experimentar una muestra de que nos ama, se interesa por nosotros, se ocupa de los detalles, etc.
Moisés vio muchos milagros y maravillas, pero tenía un gran deseo, ver la gloria de Dios.
Dijo Moisés: “Te ruego que me muestres tu gloria. Y Dios le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti” (Éxodo 33:18).
¿Sabes cuál es el resultado de la manifestación de la presencia de Dios?
Que nos damos cuenta de que Dios nos alienta, consuela, levanta la fe, sana nuestro interior, libera, da esperanza, llena de gozo y expectación, etc.
¡La manifestación de la presencia de Dios enciende nuestra pasión por Dios!
¡Pide a Dios que te manifieste su presencia para que veas su bondad!
Candy de Maa
Profeta, autora y conferencista



