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Redimamos la Navidad, Reynaldo Franco Aquino

Si la Iglesia cristiana deja de celebrar la Navidad, lo que pasará es que el mundo ‘pagano’ se apoderará aún más de la fecha, y se eliminará todo recuerdo del nacimiento de Cristo

Ante el desarrollo histórico y el largo debate de la fiesta navideña y el impacto del materialismo y otros elementos que nada tienen que ver con el sentido original de la Navidad, ¿tiene sentido seguir celebrando el 25 de diciembre? ¿No debemos, más bien, anularla del calendario cristiano? Aunque la reacción negativa de algunos creyentes es natural, consideramos que lejos de dejar de celebrar la Navidad, tenemos un deber, como creyentes, de ‘redimir’ la Navidad; o, si se quiere, ‘reconvertir’ la Navidad, para que el mundo sepa el verdadero sentido de la Navidad.
Debemos aprender de nuestros antepasados en la fe: los creyentes del tercer siglo. No permitamos que ocurra hoy lo que el emperador pagano Aurelio intentó hacer, hace tanto tiempo, cuando nombró el 25 de diciembre la fiesta del dios Sol, queriendo así opacar la celebración cristiana de la encarnación del Hijo de Dios. La encarnación de Dios es, juntamente con la muerte de Cristo, un evento trascendental en la Historia humana. Es cierto que la Biblia no nos manda celebrar el nacimiento de Cristo; sin embargo, teológicamente hablando, sin la encarnación de la segunda Persona de la Trinidad, la muerte de Cristo carece de valor salvífico. Por tanto, al celebrar el nacimiento de Cristo, estamos a la vez celebrando su obra redentora. La Iglesia primitiva lo entendía así, y por eso relacionó el nacimiento de Cristo con su muerte.
Si la Iglesia cristiana deja de celebrar la Navidad, lo que pasará es que el mundo ‘pagano’ se apoderará aún más de la fecha, y se eliminará todo recuerdo del nacimiento de Cristo. Dios nos llama a ser ‘sal’ y ‘luz’; no a abandonar el mundo a su pecaminosidad. Por consiguiente, nos parece que sería una mejor estrategia reconocer que la Navidad es una fecha que podemos y debemos aprovechar para anunciar el mensaje cristiano. Obviamente, debemos distanciarnos de aquellos elementos que no tienen nada que ver con el nacimiento de Cristo. El materialismo, borrachera, el derroche, consumismo extremo.
Pero podemos aprovechar el mes de diciembre para hablar de Cristo.
En nuestros hogares podríamos preparar una escena del nacimiento de Cristo, con fines educativos o evangelísticos (con tal que no haya problemas con algún elemento cultural o supersticioso en nuestra región o familia que milite contra ello). Durante el mes de diciembre, deberíamos enseñar a nuestros hijos todos los eventos relacionados con el nacimiento del Señor, para inculcar en ellos un entendimiento del verdadero significado de la Navidad. En nuestras iglesias, debemos predicar sobre los textos relacionados con el nacimiento de Cristo, procurando no solo educar a los miembros de la iglesia, sino compartir el Evangelio con amigos que aún no conocen al Señor. En resumidas cuentas, debemos aprovechar esta fiesta anual para declarar el misterio de la Encarnación, y las glorias relacionadas con el nacimiento de Cristo. No debemos ceder territorio al enemigo de Dios, sino sacar provecho de la Navidad, para honrar y glorificar a Dios en un mundo que lo odia y desprecia. ¡Esa es nuestra tarea cristiana!
Que en esta navidad el gozo del Señor nos invada, que mostremos que El vive en nosotros.
Que Emmanuel, su encarnación es el mejor regalo que hemos recibido.
Feliz redimidas navidades.

Reynaldo Franco Aquino

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