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El camino de la vida, Eduardo Padrón

Una vida que se destaca depende de lo que predomine en ella. Por tanto, lo que elijas debilitará lo que dejas: una verdad útil y eficaz para una sana vida cristiana

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“El camino de la vida es hacia arriba al entendido, para apartarse del Seol abajo” (Proverbios 15:24).
Me ha parecido pertinente ese esquema binario que permite comprender con sencillez el dinamismo propuesto en la Biblia. Por ejemplo, es simple pensar en dos tipos de personas: uno cree el otro no; dos caminos, dos estilos de vida, dos tipos de frutos, dos destinos. Lo vemos también en el llamado a la lealtad que hace el Señor: es imposible servir a dos señores.
La idea es que si cumples con uno el otro queda fuera. Este es el razonamiento y lección de nuestro proverbio: una condición aleja a la otra, un camino que se toma abandona el otro, un tipo de vida hace inefectiva la otra. Hay que concentrarse en una, poner toda la atención en ella, ser perseverante y ―sin duda― la otra perderá poder. Esta será la respuesta del prudente, del entendido que está dispuesto a crecer y dar la única respuesta que exalta lo mejor. Ir en bajada es fácil, pero remontar las alturas demanda fuerza y determinación. Es una cotidiana toma de decisiones que lo mantiene en el “camino de la vida” y lo aleja de la muerte.
Esta verdad práctica tiene su continuidad en Gálatas 5:16: “Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne”. Aquí es igual, una cosa excluye a la otra. ¿No es esta una verdad liberadora? Muchos viven una espiritualidad intermitente: un día brillan y en el otro se opacan. Otros mueren literalmente por elegir mal. Una vida que se destaca depende de lo que predomine en ella.

Por tanto, lo que elijas debilitará lo que dejas: una verdad útil y eficaz para una sana vida cristiana. Es la respuesta del prudente.

Eduardo Padrón
Pastor, comunicador y escritor
[email protected]

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