sábado, octubre 3, 2026
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La maldición

Maldecir (IA)
Maldecir significa echar maldiciones, desear el mal a una persona o cosa, o hablar mal con enojo y rechazo hacia alguien. Es lo opuesto a bendecir. Su origen viene del latín maledicere (decir cosas malas).
Significados principales:

  • Desear un daño: Pedir que le ocurra una desgracia o castigo a alguien.
  • Criticar con enojo: Hablar con desprecio, rabia o burla de una situación o persona.
  • Renegar: Manifestar disgusto extremo por la propia suerte o por las circunstancias.

MALDECIR. Diccionario de la Real Academia Española:
Del lat. Maledicĕre ‘injuriar’. Conjug. c. bendecir; part. Irreg. Maldito y reg. Maldecido. Transitivo. Echar maldiciones contra alguien o algo. Sinónimo: imprecar, blasfemar, renegar, jurar. Antónimo: bendecir.

LA MALDICIÓN. Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado / Samuel Vila Scuain.
“El castigo pronunciado por Dios como consecuencia del pecado de Adán y Eva. El hombre no fue objeto de la maldición, sino que esta cayó sobre la serpiente y sobre la tierra. El hombre debería comer con dolor del fruto de la tierra todos los días de su vida, y en dolor debería la mujer dar a luz a sus hijos” (Génesis 3:17).  (Negrillas mías).
“Después del diluvio, el Señor olió el grato olor del sacrificio de Noé, y dijo en su corazón: “No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud” (Génesis 8:21). Había comenzado una nueva dispensación del cielo y la tierra, y Dios no iba a maldecirla ya más, sino que iba actuar respecto a ella en base al grato olor de la ofrenda de Noé. El hombre recibió aliento. Las espinas y cardos eran las pruebas de la maldición” (Isaías 32:13),  (Negrillas mías).

MALDICIÓN: Diccionario Manual de la Biblia / Merrill C. Tenney.
“Imprecación que se dirige contra una persona o cosa. A nivel divino para impartir juicio (Génesis 3:14-17). Al que maldecía a sus padres se lo castigaba con la pena de muerte (Levítico 20:9). A los cristianos se les exhorta a bendecir y, no a maldecir” (Mateo 5:11; Lucas 6:28; Romanos 12:14)”.
“En el hebreo bíblico, el término principal para “maldecir” o “maldición” es ‘arar’ (אָרַר), que significa atar con obstáculos, excluir de la protección divina o someter a juicio y futilidad”.
A partir de las apreciaciones anteriores, debemos entender sin lugar a dudas que el Dios Todopoderoso, Creador de todo lo visible e invisible, es el único que tiene la potestad para maldecir, con evidencias irrefutables como ha quedado demostrado en pasajes bíblicos tales como: La maldición a la serpiente, a la tierra por causa de la desobediencia de Adán, Caín por rebelde y desobediente, fue maldito por Dios. Las doce maldiciones de Dios a todo varón de Israel, las maldiciones que vendrían sobre el pueblo de Israel si no cumplían sus estatutos y mandamientos, maldito el varón que confía en el hombre y pone carne por su brazo. (Génesis 3:14, 17; 4:11; Deuteronomio 27:15-26; 28:15-68; Jeremías 17:5).
Dentro de este marco, haremos un poco de historia sobre las maldiciones en las primeras naciones. “La antropología y la historia antigua confirman que la práctica de maldecir es prácticamente universal y tan antigua como el lenguaje mismo. En las sociedades arcaicas, la maldición no se concebía como un simple insulto o deseo malévolo, sino como un acto mágico-verbal coercitivo capaz de alterar la realidad física mediante el poder de la palabra invocada”. (IA)
Evidencias en las Primeras Civilizaciones y Pueblos Originarios “Mesopotamia y Sumeria (c. 3.000 a. C.). Los registros escritos más antiguos muestran un temor profundo a las maldiciones (māmītu en acadio). Creían que una maldición podía adherirse a una persona como una enfermedad física si violaba un juramento o tabú. El célebre Código de Hammurabi incluye fórmulas explícitas para maldecir con ceguera, esterilidad o ruina a cualquiera que altere las leyes inscritas”. (IA)
“Antiguo Egipto. Las maldiciones tenían un uso normativo y estatal. Se inscribían en las entradas de las mastabas y tumbas para disuadir a los saqueadores, invocando el juicio de los dioses. Asimismo, existía la Magia de Execración: los sacerdotes inscribían los nombres de enemigos o reyes rivales en estatuillas de arcilla o vasijas, las cuales se rompían, pisoteaban o enterraban para aniquilar simbólica y espiritualmente al objetivo”. (IA)
“Grecia y Roma Antiguas (Defixiones). En el ámbito cotidiano, el uso de defixiones o tabellae defixionis (tablillas de maldición) estaba muy extendido. Eran láminas delgadas de plomo grabadas con un punzón donde se escribía la maldición contra rivales judiciales, amantes o competidores deportivos. Luego se doblaban, se atravesaban con un clavo y se enterraban en tumbas o pozos para enviarlas directamente a las deidades del inframundo”. (IA)

“Pueblos Originarios de las Américas y Oceanía”

  • Tradiciones Chamánicas: En muchas culturas cazadoras-recolectoras y tribales, la maldición no requería escritura, sino el ritual verbal de un chamán o brujo. Por ejemplo, en tradiciones aborígenes australianas existe la práctica ritual del pointing the bone (apuntar con el hueso), un ritual de ejecución psíquica donde la víctima, al saberse maldecida, sufría un colapso psicológico y fisiológico real (un fenómeno estudiado por la antropología moderna como muerte por vudú o shock psicosomático)”.
  • “Tabúes y Ruptura Social: Entre pueblos indígenas americanos, la maldición operaba como una herramienta de control social e imprecación divina contra quien rompiera la armonía del grupo, la naturaleza o las leyes ancestrales”. (IA)

En opinión de quien suscribe, esa fue la razón por la cual Dios le dio a Moisés una serie de leyes para el pueblo, donde les prohibió que maldijeran, ya que era práctica común en el pueblo egipcio donde ellos vivieron 430 años (Éxodo 21:17; 22:28; Levítico 20:9; 24:15; Proverbios 20:9; Éxodo 12:40). Pero a pesar de esas prohibiciones, la costumbre de maldecir continuaba (Números 22:6; 2 Samuel 16:5; Job 2:9; 3:1; Salmo 62:4; 109:27,28; Proverbios 30:11; Jeremías 15:10; Mateo 15:4; Mateo 26:74; Marcos 7:10; 14:71; 1ª Pedro 2:23).
Por ello, es muy importante tener claro que los efectos o consecuencias de las maldiciones de Dios a la serpiente, a la tierra, a Israel y a los seres humanos, no representa un deseo descontrolado de daño o maldad, sino la privación de la bendición y la protección de Dios, completamente diferente a las maldiciones que lanzan los seres humanos, llenos de enojo, amargura e impotencia y totalmente distinta a las maldiciones que lanzan los brujos, hechiceros y chamanes bajo el poder de Satanás y su ejército de demonios, produciendo todo tipo de enfermedades, ruina y hasta la muerte física, como es el caso del vudú.
El Salmo 23 y el 91, son dos salmos donde podemos ver con claridad lo que representa estar sin la bendición y protección de Dios y tristemente esa fue la condición permanente del pueblo de Israel que en toda su historia, siempre estaban en oposición al Señor Jehová de los Ejércitos. Tal es el caso registrado en el libro de Jueces, donde sus enemigos los derrotaban una y otra vez y los esclavizaban por ocho, dieciocho, veinte, siete años (Jueces 3:8, 14; 4:3; 6:1).

LA MALDICIÓN UNIVERSAL
Según el Dr. R. L. Hymers, Jr las consecuencias de la maldición sobre la tierra es la verdadera causa del calentamiento global, del imbalance de la ecología, la sobrepoblación, hambres, pestes, aluviones, terremotos, enfermedades, muerte y todos los demás problemas que encara la humanidad esta hora de la historia.

El Dr. Henry M. Morris dijo:
Así, la entera “creación fue sujetada a vanidad” [Romanos 8:20]. La tierra comenzó a “envejecer como vestidura” [Salmo 102:26] y finalmente “perecerán” [Hebreos 1:11]. Como toda carne es hecha de elementos físicos terrenales también está sujeta a la ley de deteriorar y de muerte… Es una experiencia universal que todas las cosas, vivas o sin vida, eventualmente se gastan, acaban, envejecen, deterioran, y pasan a polvo.

“Todo ser humano, sin excepción alguna, experimenta dolor y caos en su vida. Es cierto, algunos más que otros, pero en cierta medida, todos experimentamos la tragedia, la pérdida, el dolor, la vergüenza, y sin importar nuestra creencia religiosa, creo que todos los seres humanos podemos estar de acuerdo en que este mundo no funciona como debería.
Conflictos bélicos, conflictos políticos internos en cada país, injusticias sociales, conflictos interpersonales, e incluso, en esta era moderna, se hacen mucho más evidentes los conflictos que tenemos con nosotros mismos. Mire la economía, por ejemplo, altos y bajos constantes. Mire las empresas, uno de los problemas que siempre hay en las empresas es el problema de la comunicación. No importa dónde usted mire, siempre encontrará conflicto, dolor y angustia” (Sermons by Logos).
Ahora bien, dentro de esta temática, considero importante hacer un breve resumen sobre maldiciones generacionales.

MALDICIONES GENERACIONALES
“La doctrina moderna de las ‘maldiciones generacionales’ no tiene un único fundador con nombre propio, sino que surge de corrientes del evangelicalismo pentecostal y carismático de mediados y finales del siglo XX”. (IA)

Origen e impulsores. (IA)
“Movimiento Carismático y de Liberación: Se popularizó en las décadas de 1970 y 1980 a través de predicadores de sanidad interior y liberación espiritual.

  • Autores destacados: Figuras como Marilyn Hickey (con libros y enseñanzas sobre cómo romper maldiciones) y posteriormente autores como Neil T. Anderson (The Bondage Breaker) sistematizaron la idea de que los pecados de los padres atan espiritualmente a los hijos.
  • Raíz bíblica malinterpretada: Los defensores de esta doctrina suelen basarse en pasajes del Antiguo Testamento como Éxodo 20:5 o Éxodo 34:7, ignorando o restando peso a textos del mismo orden bíblico como Ezequiel 18:20, que aclara que el hijo no cargará con el pecado del padre. Teólogos tradicionales consideran que esta enseñanza mezcla conceptos del folclore mágico o la sanidad psicológica con la fe cristiana”.

“La doctrina de las maldiciones generacionales —que sostiene que los pecados, traumas, enfermedades o ataduras espirituales de los antepasados pueden transmitirse y afectar legalmente a sus descendientes— es defendida y enseñada activamente por diversos predicadores y pastores en la actualidad”. (IA)
“Esta corriente es especialmente común dentro de los movimientos de corte neo carismático, pentecostal y de liberación espiritual, donde se enfatiza la necesidad de identificar y romper dichos patrones mediante oraciones de renuncia y liberación”.  (IA)

En virtud de todo lo expuesto, se debe tener claro que el Señor Jesucristo fue categórico al decirle a sus apóstoles y hoy a nosotros que somos miembros de su iglesia: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción”. Literalmente significa «presión», «opresión», «tribulación» o «carga aplastante». “Pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).
En criterio de quien suscribe, el Señor se refería a las consecuencias que trajo la maldición a la tierra; y esto lo confirma cuando les enseñaba a las multitudes y a sus discípulos en el Sermón del Monte, en Mateo 6:34: “Basta a cada día su propio mal”.
Precisamente eso fue lo que le pasó al apóstol Pedro cuando Judas, con una compañía de soldados y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas, a buscar a Jesús para apresarlo, entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha.
Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber? Al apóstol Pedro se le olvidó por completo, al igual que a cualquiera de nosotros, que en el momento de la tribulación o aflicción cualquiera que esta fuere, debemos confiar en el Señor y no perder la Paz que se nos dio y está dentro de nosotros como fruto del Espíritu Santo.

Orlando Anzola
Ministro del Evangelio

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