Cree únicamente lo que Dios dice de ti, lo que Él piensa de ti y lo que espera de ti. Todo lo demás son sombras que, tarde o temprano, conducen al dolor
El liderazgo auténtico no está exento de dolor. Este sentimiento suele emerger cuando nos enfrentamos a sacrificios extremos o atravesamos procesos traumáticos en la búsqueda de una meta que vale la pena. En ese trayecto, muchas veces nos encontramos con una batalla silenciosa: la lucha entre la verdad que exige esfuerzo y la mentira que ofrece comodidad.
La mente humana, en su afán por evitar el sufrimiento, tiende a aceptar con facilidad aquellas ideas que no demandan sacrificio. Así, si una mentira se repite con suficiente frecuencia, puede instalarse en el subconsciente como una verdad. El resultado es una encrucijada interna que nos deja atrapados entre dos pensamientos:
- Lo que somos hoy.
- Lo que quizás hubiéramos sido.
Ante esta realidad, surge una pregunta que merece reflexión: ¿por qué no repetir con fe aquello que parece imposible hoy, para que con el tiempo podamos creerlo y vivirlo? La respuesta es sencilla, aunque profunda: porque el dolor que implica el sacrificio nos asusta. Preferimos abrazar nuestras propias mentiras antes que enfrentar el proceso que nos llevaría a descubrir nuestro verdadero potencial.
Querido líder, no te conformes con las voces que limitan tu propósito. Cree únicamente lo que Dios dice de ti, lo que Él piensa de ti y lo que espera de ti. Todo lo demás son sombras que, tarde o temprano, conducen al dolor.
Como dice la Escritura:
«Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32, RVR1960).
«Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis» (Jeremías 29:11, RVR1960).
Juan Carlos Calderón
Presidente Escuela de Liderazgo de Alto Impacto (ELAI)
@jccalderonn



