Si el corazón es engañoso, las decisiones basadas sólo en cómo nos sentimos, sin contrastarlas con la verdad de Dios, conducirán inevitablemente al error
El sentimentalismo, entendido como la tendencia a dejarse guiar únicamente por los sentimientos y las emociones, sin la debida evaluación racional y bíblica, es una trampa constante en la vida cristiana y, especialmente, en el ejercicio del liderazgo.
La Biblia nos enseña a valorar la madurez, el carácter y la sabiduría por encima de la mera emoción o la apariencia externa (carisma).
Lo engañoso de los sentimientos.
La Palabra de Dios es clara sobre la naturaleza inestable y falible del corazón humano:
“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo, Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jeremías 17:9-10, RVR60).
Este pasaje no niega la existencia de emociones, sino que advierte sobre su naturaleza caída. El “corazón” en la Biblia a menudo se refiere a la totalidad del ser interior (mente, voluntad, emociones). Si el corazón es engañoso, las decisiones basadas sólo en cómo nos sentimos, sin contrastarlas con la verdad de Dios, conducirán inevitablemente al error.
En lugar de apoyarse en la prudencia o el sentir personal, la Escritura nos llama a la confianza plena en Dios: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5).
El error de mirar el carisma y no el carácter.
El sentimentalismo lleva a muchos a valorar las cualidades externas y atractivas (carisma), pasando por alto las internas y esenciales (carácter). La historia de Saúl y David es un claro ejemplo:
“Pero Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).
* Carisma: Es el don o el atractivo externo (elocuencia, personalidad magnética, apariencia). Puede ser un don de Dios (charisma en griego, que se refiere también a dones espirituales), pero sin carácter, es una herramienta peligrosa.
* Carácter: Es la esencia moral y espiritual que se demuestra bajo presión. En el liderazgo cristiano, está cimentado en el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23) y las cualidades de los ancianos/obispos (1ª Timoteo 3:1-7; Tito 1:6-9), las cuales son primariamente de carácter.
* Fallas en el liderazgo pastoral: Poner a alguien en autoridad sólo por la emoción que genera su carisma o por un “sentimiento” de simpatía, sin observar el fruto de su carácter y su fidelidad probada, es la causa de vallas familiares, ministeriales y sentimentales. Se pasa por alto el requisito bíblico de que un líder no sea un “neófito” (recién convertido, inmaduro), sino alguien con un testimonio probado (1ª Timoteo 3:6-7).
Los bebés jugando a ser pastores.
Un líder que sólo se guía por sus sentimientos demuestra inmadurez, lo cual la Biblia compara con la infancia:
“Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño” (1ª Corintios 13:11).
“…ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquier de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” (Efesios 4:14).
* El sentimentalismo genera alianzas poco estables y llenas de emociones frágiles. Cuando las decisiones se toman por un “impulso sentimental” (gusto personal, compasión ciega, afinidad emocional), esas relaciones se rompen tan pronto como la emoción desaparece o llega la prueba.
* El llamado a la madurez: La meta es alcanzar la “medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13). La madurez implica tener los “sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:14). Esto es la antítesis de dejarse llevar por la emoción; es la capacidad de discernir con base en la Palabra, incluso cuando los sentimientos dicen lo contrario.
Conclusión y aplicación
El estudio nos muestra que el sentimentalismo es una fuerza poderosa, pero peligrosamente engañosa. El liderazgo bíblico debe estar anclado en la verdad inmutable de la Palabra y en la manifestación de un carácter probado, que es el verdadero fruto de la madurez.
* Líderes: Deben priorizar el crecimiento en el conocimiento y la gracia, llevando todo pensamiento y emoción a la luz de las Escrituras (2ª Pedro 3:18; 2ª Corintios 10:5).
* Iglesia: Debe buscar y nombrar a líderes basándose en los frutos visibles de la piedad y la madurez (1ª Timoteo 3), y no en la popularidad o el carisma momentáneo.
Rafael Rojas
Pastor




Excelente artículo, suele pasar que cuando se le da la oportunidad a la misma iglesia a elegir sus líderes de diferentes áreas lo hacen porque son sus amigos, allegados, y suelen ser personas muy inmaduras qué buscan beneficios personales quizás no lucrativo pero sí de prestigio y renombre.