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El tiempo divino, Otoniel Font

Siempre recuerda que, para ti, hay un tiempo correcto, apropiado y asignado; y Dios es el que sabe cuándo es

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Una de las cosas que la palabra de Dios nos exhorta a siempre perseverar en ellas es la fe. Se nos exhorta a no retroceder en nuestra fe. Persevera en tu fe. Dios siempre dice: persevera; esto es para los que no retroceden. Pablo decía en Hebreos: nosotros no somos de los que retrocedemos. Hebreos 6 nos habla de gente que comenzó en la fe y, por alguna razón u otra, decidieron retroceder. Cuando hablamos de la fe que no retrocede, no es la fe para alcanzar cosas, sino de la fe cristiana, la fe como creyente. Nada te debe hacer retroceder en tu fe como cristiano. El día que le entregaste tu vida al Señor, mueres como cristiano. No hay nada que te cambie, nada que te haga virar; no importa quién falle y quién no, no importa lo que pase en el mundo; nada te debe hacer negar la fe que hay en tu vida de lo que Cristo hizo por ti en la cruz del Calvario. Eres cristiano y mueres cristiano, hasta el último momento.
El problema de nosotros como seres humanos es que la anticipación que es requerida por la fe, que es parte de la esperanza, esa pasión con la que esperas puede convertirse en desesperación. La gente comienza a desesperarse ante las situaciones, ante lo que vemos; y la fe que persiste te ayuda a vencer varias cosas:
Las adversidades a tu alrededor. Te ayuda a que no importa lo que venga, tú puedas seguir creyendo. Si te tienes que levantar siete veces, siete veces te levantas. Si tienes que volver a levantarte, vuelves y te levantas. No importa lo que ocurra, te sacudes el polvo y vuelves a levantarte. Te trancan por un lado y vuelves y lo intentas. Puede que te desanimes un día, que te entristezcas otro, pero al otro día te levantas y vuelves otra vez a lo mismo. No importa lo que te hagan, lo que pase, lo que ocurra, tú vuelves una y otra vez. Tú no eres de los que tiran la toalla, de los que se rinden, de los que se quitan ante cualquier adversidad de la vida.
Las tentaciones. Cuando tienes fe que persiste, que se mantiene en anticipación y no entra en desesperación, vences la tentación. El que cede a las tentaciones es porque no cree en el futuro que tiene, piensa que lo único que tiene es el presente; y si lo único que tú tienes es el presente, lo vas a disfrutar, la vas a pasar bien porque en tu mente eso es lo único que tienes. Pero aquel que sabe que tiene futuro, persiste, se aguanta y, ante la oferta del mundo, decide sostenerse firme, sabiendo que hay algo más grande para su vida.
Eso fue lo que hizo José. José pudo acostarse con la esposa de Potifar, pero decide no hacerlo, y dice: yo no le puedo hacer esto a Dios. Esa frase es sorprendente porque hay un montón de gente que lo que están diciendo es: ¿cómo Dios me hace esto?; yo que soy cristiano, ¿por qué Dios me deja pasar por esto? En medio de tu adversidad y de tu tentación, nunca puedes pensar en lo que te está pasando a ti, sino en lo que tú no vas a hacer, a pesar de lo que pase porque vas a honrar a Dios, en medio de tu adversidad. Y tu respuesta debe ser: nunca le haría esto yo a Dios. Cuando lo que preguntas es cómo te ocurre esto a ti, cedes ante la tentación. No es que sea fácil, pero así es la vida.
La fe que persiste no es afectada por las ofensas y las críticas de los demás. La fe que persiste no se ofende tan fácilmente, continúa a pesar de los críticos, a pesar de lo mal que hablen, a pesar de lo que digan de ti. Aprende a caminar con todos los locos al lado tuyo, sin hacerles caso.
Para poder tener esta fe que anticipa y no se desespera, hay tres cosas que debes saber:
Tienes que conocer quién es el que prometió. Tienes que saber que es Dios quien prometió. En Hechos 6, se nos dice que Abraham creyó y alcanzó la promesa porque por fe y paciencia se alcanzan las promesas; y luego dice que Abraham no dudó en su corazón, sino que creyó. ¿Por qué creyó? Porque oyó el juramento que hizo Dios. Dios, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo; y cuando tú sabes quién es el que prometió, aunque se tarde un poco más del tiempo que tú querías, se va a cumplir. Tú no puedes decirles a tus hijos que los vas a sacar a pasear porque van a estar todos los días preguntando si es hoy que los vas a llevar. Tienes que decirles cuándo es que lo vas a hacer; el problema es que, si ese día pasa algo y no se puede hacer, se desilusionan. Pero ellos lo que deberían pensar es que, si tú prometiste algo, vas a cumplir porque una promesa es válida por quien la promete. Y eso es lo que tú tienes que entender.
Tu anticipación nunca llega a desesperación porque tú sabes que fue Dios quien prometió, y Dios va a cumplir.
Necesitas mantener la paciencia tomando acciones hacia la transformación de tu futuro. En otras palabras, tienes que mantenerte actuando. El peor error que alguien puede cometer es pensar que la fe es estática, que no tiene nada que hacer sino, que tienes que seguir tomando decisiones hasta que ciertas cosas se completen, se cumplan.  Nos gusta cerrar capítulos para entonces comenzar lo próximo, pero la realidad es que no hay tal cosa; la vida no funciona como que cierras un capítulo para después abrir otro. En la vida, hay que abrir diez capítulos al mismo tiempo, y cuando sea el momento, comenzar a cerrar uno tras otro, pero no dejas de abrir uno, simplemente, porque no hayas cerrado el otro.
El problema es que muchos piensan que fe es sentarte a esperar a que algo pase; pero no. Fe es seguir actuando, sabiendo que, cuando llegue el momento de cerrar ese capítulo, ese capítulo se va a cerrar, la puerta se va a cerrar, y otra se va a abrir. La fe te lleva a ti a continuar.
Entiende que el tiempo de Dios no es igual que el tuyo. Hay dos palabras que se definen como tiempo en la Biblia: kronos y kairos. Kronos es el tiempo cronológico, el tiempo de 24 horas. La palabra kairos define un tiempo divino, no es un tiempo de 24 horas. Y hay otra palabra, aeon, pero no se traduce como tiempo, sino como día. Así que, a veces, en la Biblia, cuando se trata de un día, se trata de un aeon, pero cuando buscas la palabra aeon, son espacios largos de tiempo sin definición. Así que el concepto de tiempo en la Biblia no es igual que el de nosotros.
Hay gente queriendo vivir mucho más tiempo, pero imagina vivir como la gente al principio de la Biblia, novecientos años. ¿Te gustaría a ti vivir novecientos años? Dios cortó el tiempo, dijo que eran ciento veinte años, y con todo y eso se nos hace complicado el concepto del tiempo. Y, por supuesto, como tenemos un límite hoy en el tiempo, pues más nos desesperamos porque lo que vemos es que Dios nos promete algo y lo único que cae es una gota; pero y qué si en esa gota está todo lo que tú necesitas.
¿Cómo ve Dios el tiempo? El tiempo Dios lo ve de tres maneras; cuando hablamos del tiempo divino, hablamos del tiempo:
Correcto.
Apropiado.
Asignado.
Hay tres cosas bien importantes del tiempo, que no se miden en 24 horas, sino en cuándo es correcto, apropiado y asignado. Y lo que te hace no desesperarte es saber que Dios sabe cuándo es el tiempo correcto, apropiado y asignado. Eso es lo que te hace a ti vivir con seguridad, con expectativa de que el Dios al que tú le sirves, aunque no está detrás de un reloj -como tú -, lo que no pase en un año es porque a lo mejor no es en un año que debe pasar porque va a pasar en el tiempo apropiado, en el tiempo correcto, en el tiempo asignado de Dios.
Hay momentos que le has creído a Dios por un negocio, pero si Dios te lo hubiera dado un año atrás, no hubiera sido el momento apropiado porque no estabas listo para hacerlo; así que, aunque tú te desesperaste y querías que fuera en un año, Dios estaba esperando que tú tuvieras lo apropiado en tu vida, en tu corazón, en el tiempo correcto, en el tiempo preciso, en el tiempo asignado.
Tu futuro te llama más que la resistencia que hace tu pasado sobre tu vida, pero todo va a ocurrir en el tiempo correcto, en el tiempo apropiado y en el tiempo asignado de parte de Dios para ti. Sigue creyendo, sigue persistiendo, hasta que suceda, hasta que ocurra.
No hay una edad buena para casarse. Hay una edad correcta, una edad apropiada, una edad asignada. Cada cual se casa en edades diferentes, y tú no puedes medir lo que es apropiado, correcto o asignado para uno, por la vida de otro; no funciona así. Nunca te pongas presión por lo que pasa con otro, porque otro parezca adelantarse, porque parece que a otro le llegó primero. Siempre recuerda que, para ti, hay un tiempo correcto, apropiado y asignado; y Dios es el que sabe cuándo es.
Ten fe para persistir, para resistir, para seguir hasta que se cumpla la promesa de Dios sobre tu vida. Aprende a esperar. Con el pasar del tiempo, tú tiempo se va acabando, pero Dios no se desespera porque Él hace las cosas en el tiempo correcto, apropiado y asignado.  Resiste hasta que llegues a ese momento en tu vida, en el nombre de Jesús.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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