Hoy se enseña casi generalmente, que si confesamos nuestros pecados, ya estamos perdonados, pero eso es sólo una parte de la verdad. ¿De que vale aceptar que hemos pecado, si no hay arrepentimiento?
“Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte” (Romanos 6:20-21).
Hoy se enseña casi generalmente, que si confesamos nuestros pecados, ya estamos perdonados, pero eso es sólo una parte de la verdad. ¿De que vale aceptar que hemos pecado, si no hay arrepentimiento? Hoy la gente viene a la iglesia, porque se le dice: ‘si confiesa a Cristo será salvo’, pero para facilitar la “conversión” no se habla de arrepentimiento, mucho menos de hacer frutos de arrepentimiento.
Pero la iglesia tiene un sello, y es el siguiente: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:44). Esto es, el Espíritu Santo a través del arrepentimiento, que trae las almas a los pies de Cristo. Por eso Pablo no suavizaba sus palabras, ni buscaba caer bien, sino que, predicaba a Cristo, y a Cristo crucificado.
Hay quienes ofenden a Dios, adulterado, robando, fornicando, dando mal testimonio, causando que la gente blasfeme y pretenden con una sencilla oración, sin avergonzarse por su pecado, recibir perdón “deportivamente”. El rey David es un ejemplo, ofendió a Dios y para ser perdonado pasó noches derramando lágrimas, pidiendo a Dios que no quitara de él su Santo Espíritu, pidiendo a Dios, “renueva en mi un espíritu recto”. Dice el Salmo: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu Santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente” (Salmo 51:10-12). David hasta había perdido el gozo de la salvación, o sea, el Espíritu Santo estaba entristecido.
¿SABES CUÁNDO ERES PERDONADO?
“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17).
Nuestro Dios habla y se comunica de diversas maneras, pero siempre se está comunicando, siempre nos está guiando. Porque nos extraviaríamos, si no tuviéramos una comunicación fluida con Dios, el apóstol dice esto de los ídolos mudos: “Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos” (1ª Corintios 12:2). Hay quienes enseñan que no tenemos que sentir nada, porque nos movemos por fe, pero eso no es verdad. El Señor nos hace sentir su Presencia, para que sepamos que no estamos solos, el Señor nos da su paz en nuestro corazón y nos da de su gozo, para alegrarnos en su salvación.
Los que no buscan la intimidad con Dios no saben nada de estas cosas, no lo han experimentado, por eso no pueden discernir cuando el Espíritu Santo está entristecido. La Escritura dice: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16). Esto es, tenemos una conexión con el Espíritu Santo, que no puede pasar desapercibida, porque es un testimonio de vida eterna. Cuando por alguna razón fallamos al Señor y el Espíritu Santo se contrista, esto es clave para volver a la comunión. Porque no podemos vivir, sin restaurar esa comunión, es momento de mostrar un verdadero arrepentimiento, de ayunar pidiendo restauración, de buscar su rostro de madrugada.
Para los hijos de Dios, no hay nada más valioso que la comunión con su Señor, el gozo del Señor es nuestra fortaleza. Busca la intimidad con el Espíritu Santo, busca el rostro de Dios, y no sus manos.
¡Dios te bendiga!!!




