El virus por dentro

Hasta que… ¡Me harté! ¡No más virus por dentro! Ahora soy libre y sano. Te invito a hacerlo, continuar con las dosis de mantenimiento

(Hamilton E. Tovar García).-

“El mundo ha cambiado”, es la tendencia, el hashtag # mental más fuerte en todas las latitudes. Y la muerte, el común denominador en las estadísticas a nivel mundial.
Podríamos decir que esto ha pasado en varios períodos de la historia, pero no con tanta intensidad y saña como ahora. El mundo entero está sufriendo lo mismo desde hace más de un año con el instrumento del mal llamado Sars-Cov-2, o por su nombre más familiar: Covid-19.
Este ha sometido y menguado a la población mundial con certera puntería; es más, todos somos su blanco, proclives a infectarnos con esta terrible enfermedad apocalíptica, a ser afectados de muchas y variadas maneras en nuestro cuerpo, y una vez entra el indeseado en nuestro sistema, hace estragos en el sistema respiratorio de algunos; en el endocrino de otros, y así por el estilo.
A mí me tocó, no fui la excepción; con todo y que me cuidé de no dejar entrar a tan despreciable inquilino, llegó casi imperceptiblemente. Ese abusador, no solo se alojó en mí, sino también en el resto de mi familia: esposa e hijos.
La prueba reflejó que habíamos dado positivos todos ¡Por supuesto que no fue motivo de alegría! Desde ese mismo momento comenzamos a tomar los remedios básicos, desde antibióticos, anticoagulantes y demás, bajo estricta supervisión y con prescripción médica.
Los médicos nos asistieron vía telefónica todo el tiempo, recetándonos medicamentos agresivos, debido a lo implacable del virus. Luchamos contra ese enemigo casi un mes completo. Gracias a Dios, los muchachos se recuperaron pronto.
Mi esposa y yo tuvimos en ocasiones -muy frecuentemente- que usar oxígeno suplementario, además de guardar absoluto reposo, factor clave. Otros elementos no menos importantes que también coadyuvaron en nuestra recuperación: el control en la lectura de los valores y el suministro de medicamentos por parte de nuestra enfermera personal, Hanielle nuestra amada hija; las dosis sin contraindicaciones de buen humor, así como los constantes mensajes de aliento recibidos desde cerca y desde lejanas tierras.
Todo esto hizo el Virus Por Fuera (VPF), del que todo el mundo sabe, y hasta especula. ¿Y qué del Virus por dentro…? ¡Ni idea! Mientras yo estuve siendo azotado por el virus por fuera, es decir, el Sars-Cov-2, trataba también por medios auxiliares de ‘entretener la vida’, de distraer la mente, viendo las pantallas para matar tiempo…

TERRIBLE DESCUBRIMIENTO: ¡TENGO EL VIRUS POR DENTRO!

El virus por fuera, archiconocido. Virus por dentro, desapercibido.
El Virus Por Dentro (VPD) es también una amenaza imperceptible como la del virus por fuera (VPF); este opera orgánicamente; el virus por dentro daña nuestra vida espiritual. Una vez dentro nuestro, altera significativamente nuestra alma.
Lo más tremendo del VPD es que no lo detectamos por mucho tiempo. Convive en nuestra alma, crece y se alimenta, o lo alimentamos nosotros mismos, como dijera aquel famoso personaje, ‘sin querer queriendo’…
El VPD entretenido y bien alimentado: ¡Calla conciencia!
En esos días en que estuve de reposo, comencé a ver una serie muy interesante.
Por cierto, el común denominador de estas series novedosas, de impacto, suspenso e historias muy bien elaboradas es:
– Sublimación del mal encarnado en el anti-héroe que hace todo lo que va en contra de nuestros principios, de la Palabra de DIOS. Llegamos a empatizar con estos personajes, y hasta justificamos su existencia y sus actos como un ‘mal necesario’, y ese germen nos ataca sin darnos cuenta siquiera, cambiando nuestra bien orientada brújula espiritual y magnetizando nuestros valores, poniéndolos al garete.

– La presentación de las relaciones contra natura como algo normal.
DIOS mío, ¡qué fácil es caer en la trampa del enemigo que busca insistentemente doblegar a su antojo nuestra voluntad!
La competencia por nuestra alma es tenaz, la comunión con Dios pende de un hilo.
No, no pretendo jugar a ser el santurrón. Todos los que lo hemos vivido -si es que somos sinceros a esta altura del partido-, sabemos que no es fácil dejar de ver el siguiente capítulo: ‘la curiosidad mató al gato…’.
Llegamos a estar más documentados en los aspectos, temática y personajes que en la mismísima Palabra de DIOS.
Uno tras otro capítulo de continuo, agotando las reservas de dopamina, pero eso no era importante: necesitaba saber ¿qué pasó y qué va a pasar?
Me entró un apetito voraz por devorar la serie en cuestión, apetito inversamente proporcional al hambre y sed de DIOS; hasta que un sabor amargo me hizo reflexionar. Entra en escena la famosísima y muchas veces silenciada e ignorada conciencia: “Espera, ¿qué estás haciendo, hasta dónde piensas llegar? ¿Cuál es la edificación de todo lo que estás viendo?”. “Ya van varios capítulos en que tratan de hacerte bajar la guardia con respecto a la familia y sus valores…”.
Ahora, no pienses que en esos días carecía de oración o de lectura bíblica, ¡No!, tenía mis devocionales y la oración matutina; solo que horas después, caía nuevamente en el maligno circulo vicioso. Hasta que… ¡Me harté! ¡No más virus por dentro! Ahora soy libre y sano. Me resta, y te invito a hacerlo, continuar con las dosis de mantenimiento.

HAMILTON ERNESTO TOVAR GARCÍA

HAMILTON ERNESTO TOVAR GARCÍA

Es licenciado en Teología y en Educación mención Inglés. Es pastor, evangelista y comunicador social con años de servicio en la obra de Dios en Venezuela y en varios medios cristianos. Actualmente vive en República Dominicana con su esposa y sus tres hijos.

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