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Esperanza donde aparentemente no la hay

La esperanza puesta en el Señor es constantemente bombardeada por el temor al desarrollo de la enfermedad. Finalmente ganará aquel a quien le entreguemos el control de nuestro ser

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(Georges Doumat B.).-

Unos han puesto su esperanza en los fármacos, otros en los médicos y la mayoría descansa su confianza en las vacunas, pero lo cierto de todo es que tanto unos como otros provienen de la sabiduría y soberanía de Dios sobre la humanidad; a final de cuentas, es en Él en quien hay que cifrar las esperanzas para salir de esta pandemia. Si Dios no mete su mano -sea directamente o a través de la ciencia- el Covid-19 seguirá haciendo de las suyas.
Luego del gran encierro mundial del año pasado, surgieron las tan controvertidas vacunas, las cuales no han logrado del todo que la humanidad cifre sus esperanzas en ellas, sumado a esto está la aparición de nuevas cepas del virus, que han multiplicado las dudas y opacado la esperanza de una pronta y definitiva solución contra este peligroso virus.
Para muestra un botón. Preparando esta edición especial aniversario contraje el virus y en menos de una semana ya lo tenía infectándome los pulmones, lo cual obligó al médico especialista a internarme por seis días y luego en mi casa bajo cuidados de una enfermera que continuara suministrándome los medicamentos endovenosos; para ese momento ya mi esposa estaba también recibiendo el respectivo protocolo médico debido a que la contagié, a Dios gracias con menos intensidad. Esa es la tragedia del Covid-19, se vuelve un ‘virus familiar’, pues cuando el primer miembro de la familia se entera de su contagio ya otros en su hogar lo contrajeron.
Habiendo estado muy enfermo por causa del coronavirus uno se puede dar cuenta de la urgente necesidad de esperanza que surge, pues es difícil saber cuán peligroso resultará el virus a nuestro organismo; para unos es menos que una gripe estacional, a otros los ataca más fuerte, a los terceros les compromete sus pulmones a niveles alarmantes y a los cuartos envía a cuidados intensivos y hasta les produce la muerte.
Es ahí cuando nos damos cuenta de quién es el gran enemigo de la esperanza: el temor. La esperanza puesta en el Señor es constantemente bombardeada por el temor al desarrollo de la enfermedad. Ambos, esperanza y temor, son espirituales, uno viene del trono de Dios y el otro del mismo infierno. Una levanta el ánimo y nos da razón de vivir, el otro busca detener y destruir la labor del Espíritu Santo. Finalmente ganará aquel a quien le entreguemos el control de nuestro ser.
Dios nos inquietó este año a elaborar nuestro Suplemento Especial 29 Aniversario sobre la “esperanza en medio de la pandemia”, a impartir esperanza en donde parece que no la hay, por lo menos por el momento; a ofrecer una palabra de aliento y de vida a quien teme contagiarse, a quien ya se contagió o a quien perdió a un ser querido por causa del Covid-19, que tras año y medio en pandemia se cuentan ya por millones.
Esta palabra esperanzadora la traemos a través de calificada información y de la opinión de destacados profesionales vinculados a la salud, de ministros cristianos y organizaciones dedicadas a ayudar a los afectados por esta pandemia, siempre tomando a la Biblia, la Palabra de Dios, como base y fundamento, y a Jesucristo quien gracias a su sacrificio en la cruz por nosotros: “por sus llagas hemos sido curados”.
Esperamos que el Suplemento que tiene ante usted sea de provecho y bendición, así como para todos aquellos con quien tenga a bien compartirlo para la mutua edificación. Sabemos que el Espíritu Santo dará una palabra precisa y certera a la vida de cada lector en medio de esta pandemia, ese es nuestro deseo, es nuestra oración, esa nuestra esperanza en Cristo Jesús…
“Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza. Y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:1-5).

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