Cuando decimos de alguna persona, que no sirve para nada, que es un inútil, estamos maldiciendo y estamos atando a esa persona al mal
“Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1ª Corintios 6:10).
Para maldecir no es necesario decir: “maldito sea tal persona o tal cosa”. Maldecir, como la palabra lo dice, es hablar mal de una persona o alguna cosa, cuando decimos de alguna persona, que no sirve para nada, que es un inútil, estamos maldiciendo y estamos atando a esa persona al mal. Esto es más terrible cuando esa persona es un hijo, porque espiritualmente tenemos autoridad sobre ellos, y estas palabras de maldición marcarán su futuro, serán una gran barrera en sus vidas.
Pero también nos maldecimos a nosotros mismos cuando decimos que no servimos para tal o cual cosa, que es imposible para nosotros tal meta. Es otra connotación, otro punto de vista de la importancia de hablar conforme a la Verdad de Dios. Para bendecir, la mayoría de las veces tenemos que confesar lo que no vemos, si los hijos son rebeldes y desobedientes, entonces, dar gracias a Dios porque, aunque no lo vemos, Él está obrando en ellos, y pronto serán hijos maravillosos, y obedientes.
Hablar bien y bendecir es parte fundamental de vida cristiana, Pablo exhorta: “Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis” (Romanos 12:14). Bendecir es parte fundamental del amor a los demás, bendecir a los hermanos en la fe, a los amigos, a los vecinos, es algo realmente valioso delante de Dios, en medio de un mundo en el cual todos maldicen.
Nuestro texto inicial dice que los maldicientes no entrarán al reino de los cielos. Además de esto, las maldiciones, así como las bendiciones, se devuelven, por eso dice: “Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; se saciará del producto de sus labios” (Proverbios 18:20).
Es parte de la ley de la “siembra y la cosecha”.
Así que somos libres para decidir qué hacer, pero no seremos libres de las consecuencias, cada uno recibirá del fruto de sus obras, de sus palabras y aún de sus pensamientos. Tenemos mucho trabajo atrasado por hacer, tenemos la Palabra de Dios, sabemos lo que Dios pide de nosotros, la mayoría sólo está interesada en recibir del Señor, no hay interés en seguir las instrucciones y mandamientos. Oidores y no hacedores.
¡Dios te bendiga!!!




