Dios no trabaja tu vida con lo que tenías o te falta en la vida. Él trabaja con algo que tienes ahora, en este momento
Lo que has vivido puede ser tu explicación de por qué estás donde estás, pero jamás permitas que se convierta en tu excusa, para quedarte donde estás.
No hay nada más destructiva que usar un hecho pasado como una excusa válida, para justificar tu estancamiento en la vida.
Quién así lo hace, cree tener una razón válida para evitar los retos y los desafíos que la vida pone delante de ellos, justificando de esta forma sus miedos.
El verdadero problema no es lo que te pasó, sino que ignoras por completo que las llaves de tu futuro son: Los retos y los desafíos del presente.
Usar tu pasado como excusa jamás te llevará a la realización de tus sueños, todo lo contrario, será el ancla que te detendrá el resto de tu vida.
Lo que te pasó, sin importar cuán grande fue tu pérdida ni el dolor que te causó, es tu oportunidad de oro para descubrir y exponer lo mejor de ti, sólo requiere de un poco de resiliencia.
Una vez que lo entiendes, estás listos para pasar al próximo nivel, sólo necesitas las alas del desafío que está frente a ti, para empezar a volar tan alto como nunca lo imaginaste.
No me mal entiendas, toma tu tiempo de duelo, el que necesites para sanar, pero jamás cometas el error de convertir un tiempo de duelo en una vida de duelo. Porque te sumergirás en una vida miserable, donde tu principal don será; autocompadecerte, convirtiéndote en una víctima eterna.
La vida no es lo que fue, ni lo que debió ser o no ser, la vida es lo que es.
La materia prima de tu vida no está en tu pasado ni en tu futuro, la materia prima para construir tu vida está frente a ti, en tu presente. Aquí y ahora.
El punto de partida para el disfrute pleno de tu vida, siempre se presentará como un reto o desafío que exigirá lo mejor de ti, en otras palabras; te sacará de tu zona de confort.
Si vives atrapado en una rutina cansona, que demanda poco y nada de ti, de seguro estás estancado en una excusa de un pasado no superado.
La única lección valiosa de lo que te pasó en la vida, es aprender a levantarte después de caer para estar de pie cuando se presente tú próxima oportunidad de brillar en la vida.
Todo esto vendrá con el valor agregado a tu vida, de convertirte en una persona capaz de ayudar e inspirar a otros con tu ejemplo, siendo en el menor de los casos un mentor para otros, en vez de ser aquella víctima mediocre, que daba lastima a todos, si te hubieras quedado estancado en tu pasado, encadenado a tus excusas.
Dios no trabaja tu vida con lo que tenías o te falta en la vida. Él trabaja con algo que tienes ahora, en este momento. Tu valor para enfrentar nuevos retos y desafíos para abrir las puertas de favor y bendiciones que Él tiene para ti, aquí y ahora.
Jamás olvides: No eres un producto terminado, eres una obra maestra en proceso, siendo esculpida cada día para expresar la mejor versión de ti.
¿Qué hacer?
Levántate, seca tus lágrimas y toma la decisión de seguir adelante, porque lo mejor de tu vida está delante de ti.
Cuando lo hagas, y sé que lo harás, notarás cómo se disipa la niebla que oscurecía tu visión, para que puedas ver con claridad la oportunidad que Dios ha puesto frente a ti, justo en este momento, a fin de que puedas disfrutar al máximo el resto de tu vida.




