Grandes hombres de oración, Néstor A. Blanco S.

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Cuando investigamos la vida de estos prohombres, surge una categoría que los asemeja: Un respeto impresionante por la vida de oración

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En la historia de la iglesia cristiana aparecen personajes que sobresalen por la magnitud y el alcance de la obra que realizaron: Hablamos de Lutero y el milagro de La Reforma, de Wesley y la Revolución de la Santidad, de Guillermo Carey y el avance de las Misiones; de Jhonatan Edwards, el gran avivador; de Jorge Whitefield, quien solía predicar quebrantado hasta el llanto; de la pasión de David Brainer por la evangelización de los Pieles Rojas; de Juan Bunyan, el irreductible evangelista y autor de El Peregrino y más recientemente del pastor David Yonggi Cho, líder indiscutible del mayor crecimiento de una congregación en el mundo.
¿Cuál es el denominador común entre estos hombres?; ¿por qué hicieron lo que hicieron?; ¿por qué fueron tan exitosos?; ¿por qué hoy los llamamos “grandes hombres de Dios” y se escriben volúmenes acerca de su ministerio?; ¿qué tenían ellos que no tenemos nosotros?; ¿por qué pudieron invadir el territorio de Satanás? La verdad es que no contaron con los grandes recursos en términos de información mediática de los que hoy disponemos; de hecho, tenían mucho menos. El meollo está en que cuando investigamos la vida de estos prohombres, surge una categoría que los asemeja: Un respeto impresionante por la vida de oración.

Néstor A. Blanco S.
Pastor y escritor

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