Esto no es un asunto de política ni de ideologías. Es la ley eterna que el Creador grabó en la estructura misma de la creación: lo que siembras, eso cosechas
Venezuela ha sido, durante años, el escenario de un drama que parecía no tener fin. Por demasiado tiempo presenciamos cómo el poder se ejercía con total impunidad, cómo la injusticia protegía a unos pocos y cómo las cúpulas aplastaban a un pueblo sufriente. En medio de tanto dolor, el silencio de Dios parecía absoluto.
Pero Dios no calla; Dios espera.
Hoy, las redes sociales y la prensa muestran imágenes que hace apenas unos años habrían parecido de ciencia ficción. Figuras que parecían intocables, como Nicolás Maduro y Cilia Flores, junto a la estructura que sembró el terror institucional, hoy ven desmoronarse el poder que usaron para oprimir. Funcionarios que ordenaron torturas, humillaciones y desapariciones, hoy se enfrentan a los mismos mecanismos que ellos mismos perfeccionaron. Hombres y mujeres que construyeron celdas para sus enemigos, hoy terminan habitándolas. El círculo se ha cerrado. La cosecha ha llegado.
Esto no es un asunto de política ni de ideologías. Es la ley eterna que el Creador grabó en la estructura misma de la creación: lo que siembras, eso cosechas. Sin excepciones. Sin privilegios. Sin inmunidad. Ni el poder más absoluto, ni la riqueza más obscena, ni la alianza más conveniente pueden anular el decreto del Cielo.
“No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará” (Gálatas 6:7).
El apóstol Pablo escribió estas palabras para creyentes que sufrían bajo el Imperio Romano, uno de los sistemas más brutales de la historia. Hombres y mujeres que también se preguntaban: ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Es que la maldad nunca paga? La respuesta del Cielo entonces, y ahora, sigue siendo la misma: de Dios nadie se burla. Nadie.
Este “efecto bumerán” no es venganza humana ni simple justicia poética; es el orden moral que sostiene al universo. Lo que lanzas contra otros, regresa. A veces tarda décadas. A veces parece suspendido en el tiempo. Pero en el momento exacto determinado por el Cielo, vuelve con precisión quirúrgica.
Sin embargo, esta reflexión no puede quedarse en señalar la caída ajena. El mayor peligro sería mirar las noticias de Venezuela con autosuficiencia, como si fuéramos espectadores inmunes. La misma ley que alcanzó a los poderosos nos rige a nosotros: en lo pequeño y en lo grande; en el trato a la familia, a los vecinos y a quienes dependen de nosotros; en las palabras que sembramos en el prójimo y en las decisiones que tomamos cuando nadie nos ve.
Venezuela nos está dejando una lección que trasciende las fronteras y la política. Nos recuerda, con imágenes crudas y reales, que vivimos en un universo moral gobernado por un Dios justo.
Siembra bien. Siembra hoy. Porque la cosecha, tarde o temprano, siempre llega.
Dios te Bendiga.
Tu hermano y amigo.
José ‘Cheo’ Lobatón
Pastor y maestro




