La maldición de Jotam hijo de Gedeón

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La zarza es un arbusto que aproximadamente mide 2 metros de alto y lo más importante es que no da ningún tipo de sombra, sin embargo, les ofreció a los árboles que se refugiaran bajo su sombra y si no obedecían los quemaría (consumiría) a todos

El séptimo libro de la Biblia llamado JUECES, de acuerdo a lo que creen la mayoría de los eruditos, este libro junto con otros libros históricos del Antiguo Testamento, se compiló en su forma actual al final del siglo VII o principios del siglo VI a.C. y es precisamente en el capítulo 9:8 al 15, donde se relata un hecho histórico que tiene que ver con el reinado de la zarza sobre los árboles. Sin embargo, antes de ese relato, en los primeros versículos del capítulo se nos habla de la conspiración de Abimelec, quien era hijo de Jerobaal (Gedeón) y fue a Siquem, una ciudad de Canaán construida hace 4.000 años, a los parientes de su madre y les dijo a ellos y a toda la familia de la casa del padre de su madre:
Hablen ahora a oídos de todos los habitantes de Siquem:
“¿Qué es mejor para ustedes, que todos los hijos de Jerobaal, (Gedeón) setenta hombres, reinen sobre ustedes, o que reine sobre ustedes un solo hombre?”. Además, acuérdense que yo soy hueso y carne de ustedes». Y los parientes de su madre hablaron todas estas palabras por él a oídos de todos los habitantes de Siquem. Y ellos se inclinaron a seguir a Abimelec, porque dijeron: «Es pariente nuestro». Le dieron setenta piezas de plata de la casa de Baal Berit, (demonio del segundo Orden. Jefe secretario y activista del infierno. Se le ubica entre los más poderosos príncipes del infierno. Originalmente era un Dios Fenicio Caananita – Diccionario Espasa) con las cuales Abimelec tomó a sueldo hombres indignos y temerarios que lo siguieron.
Luego fue a la casa de su padre en Ofra (ciudad de Benjamín) y sobre una piedra mató a sus hermanos, los hijos de Jerobaal, (Gedeón) setenta hombres. Pero Jotam, el hijo menor de Jerobaal, se libró porque se escondió. Y se reunieron todos los habitantes de Siquem y todo Bet Milo (lugar fortificado generalmente sobre una colina) y fueron e hicieron rey a Abimelec, junto a la encina del pilar que había en Siquem. Cuando se lo informaron a Jotam, fue y se paró en la cumbre del monte Gerizim, y alzando su voz, clamó y les dijo: “Escúchenme, habitantes de Siquem, para que los oiga Dios”.
Una vez los árboles fueron a ungir un rey sobre ellos, y dijeron al olivo:
“Reina sobre nosotros”. Pero el olivo les respondió: “¿He de dejar mi aceite con el cual se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?”. Entonces los árboles dijeron a la higuera: “Ven, reina sobre nosotros”. Pero la higuera les respondió: “¿He de dejar mi dulzura y mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles?”. Después los árboles dijeron a la vid: “Ven tú, reina sobre nosotros”. Pero la vid les respondió: “¿He de dejar mi vino nuevo, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?”.
Dijeron entonces todos los árboles a la zarza: “Ven tú, reina sobre nosotros”. Y la zarza dijo a los árboles: “Si en verdad me ungen por rey sobre ustedes, vengan y refúgiense a mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y consuma los cedros del Líbano”. Entonces Jotam les dijo: Si con verdad y con integridad habéis procedido con Jerobaal y con su casa, que gocéis de Abimelec, y él goce de vosotros Y si no, fuego salga de Abimelec, que consuma a los de Siquem y a la casa de Milo, y fuego salga de Siquem y de Milo que consuma a Abimelec.

Reinado de Abimelec
Entonces Jotam escapó y huyó, y se fue a Beer (lugar de Moab donde acamparon los israelitas) y permaneció allí a causa de su hermano Abimelec. Abimelec reinó tres años sobre Israel. Pero Dios envió un espíritu de discordia (desacuerdo) entre Abimelec y los hombres de Siquem; y los habitantes de Siquem procedieron pérfidamente con Abimelec, para que viniera la violencia hecha a los setenta hijos de Jerobaal, y recayera la sangre de ellos sobre su hermano Abimelec que los mató, y sobre los habitantes de Siquem que fortalecieron las manos de él para matar a sus hermanos

Muerte de Abimelec
Abimelec vino a la torre que estaba en la ciudad de Tebes la atacó y se acercó a la entrada de la torre para prenderle fuego. Pero una mujer arrojó una rueda de molino sobre la cabeza de Abimelec rompiéndole el cráneo. Entonces él llamó apresuradamente al muchacho que era su escudero, y le dijo: «Saca tu espada y mátame, no sea que se diga de mí: “Una mujer lo mató”». Y el muchacho lo traspasó, y murió.
Así pagó Dios a Abimelec por la maldad que había hecho a su padre al matar a sus setenta hermanos. Dios también hizo volver sobre sus cabezas toda la maldad de los hombres de Siquem, y vino sobre ellos la maldición de Jotam, hijo de Jerobaal.

Maldición de Jotam
En la maldición que Jotan el hijo menor de Gedeón lanzó sobre su hermano mayor Abimelec, a los habitantes de Siquem y de Milo, por causa de la matanza que había cometido contra sus 70 hermanos apoyados por la maldad de los habitantes de Siquem, le escondió dicha imprecación en una figura retórica, en la cual los eruditos no se han puesto de acuerdo todavía, ya que algunos dicen que fue una fábula, otros una alegoría o parábola, lo importante es que esa maldición se cumplió y los destruyó a todos, ya que el Dios vivo y verdadero intervino directamente dándole el pago a Abimelec, por el mal que hizo con su padre Gedeón matando a sus setenta hermanos, y todo el mal de los hombres de Siquem lo hizo volver sobre sus cabezas, y vino sobre ellos precisamente la maldición de Jotam (Jueces 9:56,57). Cuando la zarza le responde a los árboles que le propusieron que ella reinara sobre ellos, la zarza les dijo: “Si en verdad me ungen por rey sobre ustedes, vengan y refúgiense a mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y consuma los cedros del Líbano”.

Descripción de la Zarza
Según el Diccionario de la Real Academia Española la Zarza es un arbusto de la familia de las rosáceas, con tallos sarmentosos, arqueados en las puntas, prismáticos, de cuatro a cinco metros de largo, con aguijones fuertes y con forma de gancho, hojas divididas en cinco hojuelas elípticas, aserradas, lampiñas por el haz y velludas por el envés, flores blancas o róseas en racimos terminales, y cuyo fruto, comestible, es la zarzamora.

Representación de la Zarza
La zarza nos muestra a Abimélec y su “inquebrantable” voluntad de poder a cualquier costo, lo cual queda evidenciado cuando sin ninguna compasión y misericordia asesinó a sus 70 hermanos para apoderarse del gobierno o reinado de Siquem. Cuando Jotam el hijo de Gedeón utilizó a los árboles y a la zarza les estaba echando una maldición sin que ellos se dieran cuenta, tal como se evidencia cuando la zarza les dice a los árboles “Si en verdad me ungen por rey sobre ustedes, vengan y refúgiense a mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y consuma los cedros del Líbano”. La zarza es un arbusto que aproximadamente mide 2 metros de alto y lo más importante es que no da ningún tipo de sombra, sin embargo, les ofreció a los árboles que se refugiaran bajo su sombra y si no obedecían los quemaría (consumiría) a todos.

Cumplimiento de la maldición de Jotam
Jotam hermano de Abimelec sabía perfectamente que cuando su hermano lo viera lo perseguiría para matarlo, por eso se puso en la cumbre del monte Gerizim, y alzando su voz les dio el mensaje de los árboles y la zarza a los varones de Siquem y luego les dio la siguiente interpretación para que no les quedara duda de lo que pasaría con ellos.
“Ahora pues, si ustedes han procedido con verdad e integridad al hacer rey a Abimelec, y si han procedido bien con Jerobaal y su casa, y si han procedido con él como él merecía Y si no, salga fuego de Abimelec y consuma a los habitantes de Siquem y de Bet Milo.
Y salga fuego de los habitantes de Siquem y de Bet Milo y consuma a Abimelec”.
La maldición que Jotam arrojó sobre ellos se cumplió totalmente ya que Dios sólo permitió que Abimelec gobernara por tres años y luego envió un espíritu de discordia (desacuerdo) entre Abimelec y los habitantes de Siquem; y los habitantes de Siquem procedieron pérfidamente con Abimelec, para que viniera la violencia hecha a los setenta hijos de Jerobaal, y recayera la sangre de ellos sobre su hermano Abimelec que los mató, y sobre los habitantes de Siquem que fortalecieron las manos de él para matar a sus hermanos (Jueces 9:22-24).

Castigo de Dios
Así pagó Dios a Abimelec el mal que hizo contra su padre, matando a sus setenta hermanos. Y todo el mal de los hombres de Siquem lo hizo Dios volver sobre sus cabezas, y vino sobre ellos la maldición de Jotam hijo de Jerobaal; cumpliéndose la sentencia bíblica: “No os engañéis, Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre sembraré, eso también cosechará” (Jueces 9:56,57; Gálatas 6:7). (Para comprender mejor esta historia sugiero leer el libro de Jueces capítulo 9 versículos 1 al 57).

Ejemplos aleccionadores
En el libro de Levítico capítulo 10 versículos 1 y 2 dice: “Nadab y Abíu, hijos del sumo sacerdote Aarón, quienes también eran sumos sacerdotes tomaron cada uno su incensario y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso y ofrecieron delante de Dios fuego extraño, que Él nunca les mandó y salió fuego de delante de Dios y los quemó, y murieron delante de Dios”.
La Biblia también hace referencia a Uzías, rey de Judá quien fue el sucesor de su padre Amazías y comenzó a reinar cuando tenía 6 años y reinó 52 años en Jerusalén, e hizo lo recto ante los ojos de Dios, conforme a todas las cosas que había hecho su padre Amazías; Sin embargo, cuando aumentó su poder y se hizo fuerte Uzías se volvió arrogante, lo cual lo llevó a la desgracia. Se rebeló contra el SEÑOR, Dios de sus antepasados, y se atrevió a entrar en el Templo del SEÑOR para quemar incienso en el altar, pero le salió al paso el sacerdote Azarías y 80 sacerdotes quienes lo enfrentaron diciéndole “No le corresponde a usted, Uzías, quemar el incienso al SEÑOR. Esta es función de los sacerdotes descendientes de Aarón, pues son ellos los que están consagrados para quemar el incienso. Esto enfureció a Uzías, quien tenía en la mano un incensario listo para ofrecer el incienso.
Pero en ese mismo instante, allí en el Templo del SEÑOR, junto al altar del incienso y delante de los sacerdotes, la frente se le cubrió con una enfermedad en la piel.
Al ver que Uzías tenía la piel de su frente enferma, el sumo sacerdote Azarías y los demás sacerdotes lo expulsaron de allí a toda prisa. Es más, él mismo se apresuró a salir, pues Dios lo había castigado.
El rey Uzías quedó enfermo de su piel hasta el día de su muerte.
Tuvo que vivir aislado en una casa separada y le prohibieron entrar en el Templo del SEÑOR. Su hijo Jotán quedó a cargo del palacio y del gobierno del país (2 Crónicas 26:1-23).
Otro caso similar se relata cuando Herodes Agripa, estaba muy enojado con los habitantes de Tiro y de Sidón. Entonces ellos enviaron una delegación para que hiciera las paces con él, porque sus ciudades dependían del país de Herodes para obtener alimento. Los delegados se ganaron el apoyo de Blasto, el asistente personal de Herodes, y así se les concedió una cita con Herodes. Cuando llegó el día, Herodes se puso sus vestiduras reales, se sentó en su trono y les dio un discurso.
El pueblo le dio una gran ovación, gritando: ¡Es la voz de un dios, no la de un hombre! Al instante, un ángel del Señor hirió a Herodes con una enfermedad, porque él aceptó la adoración de la gente en lugar de darle la gloria a Dios. Así que murió carcomido por gusanos (Hechos 12:20-23. Biblia Nueva Traducción Viviente).
Por último, podemos referir el hecho de Ananías quien, junto con su esposa, Safira, vendió una propiedad; y llevó sólo una parte del dinero a los apóstoles. pero afirmó que era la suma total de la venta. Con el consentimiento de su esposa, se quedó con el resto.
Entonces Pedro le dijo: Ananías, ¿por qué has permitido que Satanás llenara tu corazón? Le mentiste al Espíritu Santo y te quedaste con una parte del dinero. La decisión de vender o no la propiedad fue tuya. Y, después de venderla, el dinero también era tuyo para regalarlo o no ¿cómo pudiste hacer algo así? ¡No nos mentiste a nosotros sino a Dios!
En cuanto Ananías oyó estas palabras, cayó al suelo y murió.
Todos los que se enteraron de lo sucedido quedaron aterrados.
Después unos muchachos se levantaron, lo envolvieron en una sábana, lo sacaron y lo enterraron. Como tres horas más tarde, entró su esposa sin saber lo que había pasado. Pedro le preguntó: ¿Fue este todo el dinero que tú y tu esposo recibieron por la venta de su terreno?
— Sí contestó ella, ese fue el precio.
Y Pedro le dijo: ¿Cómo pudieron ustedes dos siquiera pensar en conspirar para poner a prueba al Espíritu del Señor de esta manera? Los jóvenes que enterraron a tu esposo están justo afuera de la puerta, ellos también te sacarán cargando a ti. Al instante, ella cayó al suelo y murió. Cuando los jóvenes entraron y vieron que estaba muerta, la sacaron y la enterraron al lado de su esposo (Hechos 5:1-1. Biblia Nueva Traducción Viviente).

Orlando Anzola
Ministro del Evangelio

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