El mundo arde en titulares,
en mapas marcados con rojo,
en nombres que ayer eran personas
y hoy son números en las noticias.
Madres que esperan,
niños que preguntan por qué,
ciudades que duermen con miedo
mientras el cielo se llena de sirenas.
Y uno se pregunta:
¿quién responde por la vida?,
¿quién levanta la voz
cuando la tierra se llena de silencio?
Pero la Iglesia no nació para callar.
Si callamos nosotros,
las piedras gritarán en las calles,
y el polvo de los caminos dirá la verdad.
Porque el Dios que seguimos
no es indiferente al llanto humano;
su corazón late donde hay heridas,
donde la justicia parece perdida.
Él llama, siempre llama,
al corazón de los hombres:
a detener la mano que hiere,
a abrir la puerta de la misericordia.
La paz no se impone desde el cielo
como un rayo inevitable;
la paz comienza en decisiones humanas
cuando un corazón escucha a Dios.
Por eso aún hay esperanza.
Porque mientras haya quien escuche,
mientras alguien decida amar,
la luz seguirá entrando al mundo.
Que la Iglesia no se acostumbre al ruido de la guerra.
Que ore, que anuncie, que levante la voz.
Jaime Alberto Garzón
Pastor Comunidad Cristiana Bogotá





La iglesia debe manifestarse frente a la injusticia en la sociedad.