Si en la iglesia dejamos de difamar, habremos eliminado la mayor parte de nuestras dificultades
Una de las causas principales del rompimiento de la unidad en la iglesia es el hablar descuidadamente. Esto consecuentemente genera pérdida de poder y eficacia en la adoración y servicio a Dios.
Probablemente, la mayoría de las dificultades de la iglesia son debido a palabras difamatorias y sólo una parte menor de las dificultades son problemas reales.
En efecto, la mayoría de los problemas de este mundo han sido creados por causa de las mentiras. El padre de las mentiras, nuestro adversario, sabe cómo seguir minando a las mentes inmaduras con su veneno.
Si en la iglesia dejamos de difamar, habremos eliminado la mayor parte de nuestras dificultades.
¡Cómo necesitamos confesar nuestros pecados delante de Dios y pedirle que nos perdone! ¡Necesitamos ser sobrios y estar vigilantes!
Es preciso que eliminemos completamente de nuestra boca toda palabra injuriosa ante Dios.
“Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga” (Santiago 3:11).
“¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos?, porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas, y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Pero yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio, pues por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado» (Mateo 12:34-37).
De los mismos labios no deben salir palabras cariñosas y palabras denigrantes.
Ruego al Señor que ponga vigilancia en nuestros labios, y no solamente en nuestros labios, sino también en nuestro corazón, para que seamos librados de pensamientos rebeldes y toda palabra dañina.
Quiera Dios que arranquemos de raíz y para siempre las palabras malignas que no edifican.
Que el Dios de paz reine en sus vidas. Amén.
Omar Marín
Pastor

