Así como las leyes de la naturaleza garantizan que el sol saldrá en la mañana sin importar qué tan oscura haya sido la madrugada, tu temporada de dolor va a pasar
“Por la noche vendrá el lloro, y a la mañana la alegría” (Salmo 30:5).
Esta es una de las promesas más hermosas y reconfortantes de toda la Biblia. Es un recordatorio susurrado al alma de que el dolor no se va a quedar a vivir contigo para siempre.
Cuando estamos atravesando un problema grave, una pérdida o una racha difícil, la sensación es siempre la misma: parece que la noche nunca va a terminar.
La oscuridad distorsiona las cosas, en la noche los miedos se agigantan y la soledad pesa más. El versículo no niega el dolor, al contrario, valida tu tristeza.
Te dice que está bien llorar, que es natural sentirse quebrado. Pero la clave dorada está en que la noche es temporal, es solo una estación de paso.
A veces intentamos huir del dolor, reprimirlo o fingir que todo está bien, pero llorar en la noche es necesario para limpiar el alma.
Es el desahogo de un corazón que está procesando un quiebre. Sin embargo, la promesa es rotunda: Pero a la mañana vendrá la alegría.
No dice quizás amanezca o tal vez te sientas mejor. Es una afirmación contundente.
Así como las leyes de la naturaleza garantizan que el sol saldrá en la mañana sin importar qué tan oscura haya sido la madrugada, tu temporada de dolor va a pasar.
El amanecer trae luz, claridad y una nueva perspectiva.
La alegría que viene no es sólo un estado de ánimo; es el alivio profundo de ver que sobreviviste a la tormenta y que sales fortalecido.
Si hoy te encuentras en esa noche, si sientes que tus ojos no tienen más lágrimas que derramar, abraza esta verdad con todas tus fuerzas: Tu historia no termina en la oscuridad.
No intentes forzar el amanecer antes de tiempo, permite que la noche te enseñe lo que te tenga que enseñar, pero mantén la fe intacta.
Aguanta un poco más. Respira.
Llora si tienes que llorar, sabiendo que cada lágrima está siendo contada, y que muy pronto, los primeros rayos de tu mañana van a disipar toda la densidad que hoy te abruma.
La alegría ya está en camino, sólo dale tiempo al sol de salir.
Muchas bendiciones.
Freddy Dávila
Pastor



