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Lo preciado es relativo, Otoniel Font

Cuando tú te atreves a darle a Dios lo más valioso para ti, Él promete darte una gran cosecha. Cuando tú entregas lo mejor de ti, Dios hace grandes milagros

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En este tiempo, se crea una atmósfera fértil de manera especial para creerle a Dios específicamente por ese milagro económico.
“Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza; entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con estos. Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; estaremos alegres. Haz volver nuestra cautividad, oh Jehová, como los arroyos del Neguev. Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas” (Salmo 126:1-6).
Aquí el Señor hace una diferencia entre la semilla y la preciosa semilla.  Hay semillas que sembramos y que tienen grandes resultados y que Dios promete multiplicación de nuestra semilla, si, por supuesto, la sembramos en el terreno correcto; eso es lo que nos dice la Palabra del Señor. Pero aquí hace la diferencia de lo que es la preciosa semilla.
Estos versos apuntan a lo que es el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo. Jesús vino a ser la preciosa semilla de nuestro Dios Eterno, de nuestro Padre celestial. Así que, definitivamente, este es un Salmo profético, que nos muestra el principio de lo que Jesús haría por nosotros en la cruz del Calvario.
Detrás de la revelación profética, del sacrificio del Señor, hay un principio especial que lo vemos plasmado en toda la Biblia, que es el principio de darle a Dios lo más preciado, lo mejor de nosotros, la preciosa semilla, con expectativa de que Él hará algo sobrenatural en nuestras vidas.
Es bien interesante porque ese principio de lo valioso o lo preciado es algo relativo. Lo que es valioso para uno, no es valioso para otro. Tiene que ver tu contexto, el lugar en que te encuentras, en todo el sentido, para que algo sea especial y valioso. Si tú adquirieres, por ejemplo, el auto de un familiar tuyo que tú apreciabas y que falleció, para ti ese auto tiene un valor incalculable. Lo valioso para ti, sería quién era el dueño de ese automóvil antes que tú. Un auto tiene un costo de fabricación y mercadeo; el precio es aquello por lo que se vende en el mercado, regulado por unos márgenes de ganancia; pero hay automóviles que tienen un valor significativo por ciertas eventualidades. Hubo un auto que se vendió en una subasta a unos trescientos mil dólares.  Debió costar unos treinta o cuarenta mil dólares fabricarlo, y por lo general se vende en unos sesenta o setenta mil dólares. ¿Por qué alguien pagó trescientos mil dólares por él?  El valor subió porque lo usó el Papa en una ocasión, y ahora alguien ve un valor en eso, un valor añadido a ese automóvil el poder decir que tienen el automóvil que utilizó el Papa.  Lo mismo pasa con artistas, con políticos, con familiares.  Ese es el principio de lo que es valioso para tu vida. Es algo subjetivo, algo especial que depende mucho del lugar en que te encuentres.
A veces, nos presentamos delante de Dios con algo que es costoso, con algo que tiene un precio, pero no necesariamente con lo más valioso, con lo más importante en tu vida, no con aquello con lo que realmente tienes apego. Y si tú realmente quieres ver milagros en tu vida en todo el sentido de la palabra, no puedes conformarte con darle a Dios lo que el resto del mundo le da.
Por supuesto, lo que es valioso para unos no es valioso para otros. Tu contexto es diferente al de otros. Por supuesto, en cuanto a la semilla, de la misma manera. No establecemos cantidad específica para la preciosa semilla porque cada uno tiene que considerar qué es lo valioso para sí mismo. En el lugar, en el contexto en el que tú te encuentras, qué es lo más importante. Tiene que haber un momento de reflexión, de análisis, de intercesión, donde le pidas a Dios que te guíe en cuanto a cuál es esa cantidad que para ti hoy sería valiosa.
Cuando tú te atreves a darle a Dios lo más valioso para ti, Él promete darte una gran cosecha. Te inspiramos hoy a atreverte a sembrarle al Señor tu mejor semilla, tu mejor ofrenda. ¿Cuál sería esa ofrenda que te movería en tu interior, que movería tu corazón para entender que le estás dando a Dios lo más preciado, lo más valioso de tu vida? Y atrévete a creerle a Dios, de la misma manera que Jacob un día se tuvo que desprender de lo mejor que él tenía, de lo más que él amaba, para recibir su milagro. Jacob envió a sus diez hijos a Egipto a buscar comida, y allá estaba José, pero él no lo sabía. José los reconoce y les pregunta acerca de su hermano menor, Benjamín, que no había llegado porque Jacob lo quiso retener. Cuando regresaron a buscar a Benjamín porque así lo pidió José, llegaron solo nueve donde Jacob porque José retuvo uno. Cuando le dijeron a Jacob que José pidió que llevaran a Benjamín, dice la Biblia que Jacob se entristeció, su corazón se dolió, pero entendió que la única manera que podía esperar un milagro de salvación, era dejando ir a Benjamín, dejando ir lo más preciado. Cuando lo dejó ir, cuando lo envió, dice la Palabra del Señor que luego regresaron los carros de Egipto llenos de riqueza, abundancia, bendición, llevando todo lo que ellos necesitaban, yéndolos a buscar para llevarlos a Egipto y sacarlos de la situación en que se encontraban.
Cuando tú entregas lo mejor de ti, Dios hace grandes milagros. Atrévete a sembrar una semilla de fe. Pero no cualquier semilla, no cualquier ofrenda; una semilla preciosa, algo que valga en tu corazón más que cualquier otra cosa, que sea significativo y que provoque que tu interior se mueva para que veas la mano de Dios obrar.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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