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No cuestiones tu obediencia a Dios, Otoniel Font

Si busco obedecer para que Dios me bendiga, mi prioridad no es la obediencia, mi prioridad es la bendición que voy obtener por la obediencia

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Definitivamente, Dios dice: Ustedes son mi especial tesoro; pero en realidad, no es que van a ser mi especial tesoro; van a ser mi especial tesoro, si ustedes me obedecen; yo los voy a poner a ustedes en un lugar especial, si ustedes me obedecen. Ustedes van a ser una nación santa, una nación escogida, una nación de reyes y sacerdotes; me tienen que obedecer, pero antes que obedecerme, tienen que entender en dónde se encuentran ustedes en el día de hoy; y ¿por qué están ahí donde están en el día de hoy?; se encuentran aquí porque yo los saqué de Egipto. La fórmula correcta es esta: salvación por gracia, y porque soy salvo por gracia, obedezco y Dios me hace especial, obedezco y Dios me bendice.
El problema de la gente es que buscan obedecer para que Dios los bendiga y eso no es correcto porque, si busco obedecer para que Dios me bendiga, mi prioridad no es la obediencia, mi prioridad es la bendición que voy obtener por la obediencia. Si yo obedezco para que Dios me bendiga, me doy cuenta que mi prioridad no es la obediencia, mi prioridad es la bendición, y cuando mi prioridad es la bendición, tengo primero en mi mente lo que debe ser último.
La marca del pueblo de Dios no es la bendición; ese es el resultado de la obediencia a Dios. La pregunta es, entonces, ¿por qué obedezco? No obedecemos para que Dios nos bendiga, obedecemos por lo que Él ya hizo. Dios le dice al pueblo: Yo los saqué. Así es que comienza el speech: Yo te saqué de Egipto, tú no hiciste nada para salir; ustedes no hicieron nada para salir de allí; no fue por tu fuerza, Yo los saqué en alas de águila. Eso demuestra el poder salvador de la gracia de Dios, que es la que nos saca, la que nos liberta, la que nos saca a nosotros de la servidumbre, la que nos saca del pasado. Nadie aquí puede hacer nada para ser salvo, nadie aquí puede hacer nada para hacer lo que Dios solo puede hacer en la vida de una persona.
Cuando una persona, entonces, experimenta y entiende el poder de la gracia de Dios, ahora, por esa gracia, obedecen. Tus hijos no deben obedecer porque tú los vas a bendecir, tus hijos deben obedecer te porque reconocen quién tú eres y lo que has hecho por ellos hasta ahora; si tú no haces nada por ellos, lo que has hecho debería ser suficiente para que comoquiera te obedezcan. Por eso es que dice la Biblia: honra a tu padre y a tu madre para que tus días se alarguen porque, sin ellos, no podrías estar aquí. No es que te van a obedecer más porque los vas a bendecir más; no, es por lo que ya has hecho, por lo que haya pasado. Ahora, si obedeces, te bendigo; si obedeces y vives esta vida entendiendo que soy Yo el que te sacó, ahora, te voy a hacer un tesoro especial.
La marca del creyente no es la bendición; la marca nuestra es que le servimos a un Dios que sabemos que nos salvó, que no liberó, y que nosotros obedecemos, simplemente, porque tenemos conciencia de que somos salvos por la gracia de Dios, y por nuestra obediencia al Dios que nos salvó, entonces, ahora Él nos bendice. Y ¿qué es lo importante de ese orden? Que nunca más cuestionarás tu obediencia por tus circunstancias. Muchos hemos dicho: ¿por qué a mí?; yo que estoy haciendo las cosas bien, ¿por qué vivo esto?
Algunas veces, tú has cuestionado a Dios: yo que estoy tratando de hacer las cosas correctas. Exacto; estás tratando, y nunca se ha tratado de cuán bien te portas ni de lo que tú puedes hacer; se trata de lo que Él ha hecho por ti, de cómo Él te sacó; y si no hiciera más nada por ti, el agradecimiento de lo que Dios ha hecho hasta ahora, debe ser suficiente para tú decir: a ti te voy a servir, a ti te voy adorar, a ti te voy a obedecer. Pero Él te asegura algo: si haces eso, desde ese punto, la bendición se va a manifestar en tu vida.
El problema es que, en el tiempo que vivimos, estamos claros de que necesitamos una marca que nos haga diferentes; todos lo sabemos, especialmente, aquellos que son emprendedores. Aquellos que trabajan en diferentes empresas, en compañías, saben que tiene que haber algo distintivo, algo especial, algo que llame la atención. Vivimos en la época de los famosos influencers, donde todo el mundo busca distinguirse por algo, todo el mundo busca esa marca que sea distinta y que te separes de los demás; y en esa búsqueda de esa marca, en esa búsqueda, en ese esfuerzo, a veces podemos invertir nuestras fuerzas y perder nuestro tiempo en cosas que realmente se vuelven irrelevantes o que, simplemente, podemos convertirlas hasta, básicamente, en nuestro Dios. Podemos servirles a esas cosas en vez de servirle a Dios con todo lo que pone nuestras vidas, pero la verdadera marca de un cristiano debe ser una sola cosa: la presencia de Dios que le acompañe dondequiera que vaya dondequiera que esté.
En la presencia de Dios que hace la diferencia en ti dondequiera que tú te encuentres.
Cuando la gente te mira y cuando la gente te ve, puede ver la diferencia que hace el poder del Espíritu Santo en tu vida. Esa es la marca que tú debes buscar. Que se te meta en la cabeza y en el corazón que lo que hace la diferencia en tu vida es la presencia de Dios, es cuando Dios va contigo dondequiera que tú vayas, es cuando Dios te acompaña dondequiera que tú estás. Y es cuando tú estás consciente y claro en tu corazón de quién es Dios para tu vida y en tu vida, que entonces, el mundo puede ver la diferencia.
Si no entendemos eso, podemos cometer el error de David. Podemos luchar con nuestras fuerzas, podemos pelear, podemos batallar, podemos luchar y luchar con nuestras fuerzas, y llegamos al punto donde, entonces, lo que le hacemos supuestamente a Dios, se convierte en un símbolo de mi poder y no en un símbolo de la presencia de Dios. Entonces, lo que tengo se convierte en un símbolo de lo que he logrado y lo que he alcanzado, y no de la marca de la presencia de Dios. Y de qué te sirve una casa bonita, de qué te sirve un gran carro, de qué te sirve un gran triunfo, de qué te sirven grandes victorias, si Dios no está ahí. De qué te sirven grandes cosas en tu vida, si cuando la gente lo ve, lo que ve es tu esfuerzo, tu trabajo, y no pueden percibir que lo que ha hecho la diferencia en tu vida realmente es la presencia de Dios. La razón por la cual Dios llamó al pueblo era una sola cosa: Él quería que su distintivo especial sobre el pueblo de Israel y sobre nosotros hoy, fuera su presencia.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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