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Nuevos comienzos, mayores expectativas, Julio Almedo

Cuando conocemos el propósito de Dios en nuestras vidas es como si nos graduáramos en la universidad. Queremos llevar el amor del Señor a todo lugar. Esto nos lleva a mayores expectativas

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Las personas están en constante crecimiento. Desde la etapa infante van aprendiendo a gatear, balbucear. Luego como niños comienzan a caminar, saltar y correr. Así mismo el apetito, de leche materna, vamos cambiando a alimento sólido, hasta alcanzar la edad escolar, que nos acompaña a la etapa de jóvenes y adultos y comenzar a aplicar todo lo aprendido a otros, de manera profesional con vocación de servicio, del mismo modo que fue recibido en ese caminar.
Al final de cada época viviremos nuevos comienzos, cargados de muchas y mayores expectativas; de aprender y conocer más. Como por ejemplo, un nuevo período escolar. Desde primaria, hasta secundaria; cuántos sueños alcanzados y experiencias llenas de vida. Grandes proyectos emprendidos. Así mismo la era universitaria y la laboral.
Igualmente ocurre en nuestro crecimiento como seres espirituales, guiados por el Señor, cuando decidimos abrir por voluntad propia nuestro corazón a Jesucristo (Romanos 10:9-10). Nuestra vida inicia en el nuevo nacimiento espiritual (Juan 3), convirtiéndonos en hijos de Dios. Dice la Palabra de Dios en Salmos 139:16a, “Mi embrión vieron tus ojos…”. Al nacer espiritualmente en Cristo, nuestros ojos de carne (embrión espiritual) vieron sus ojos. Al recibir a Cristo en nuestro corazón nuestros ojos brillan de amor porque hemos visto el resplandor de su Luz. Así como hallamos consuelo al ser colocados en el pecho de nuestra madre al nacer, así mismo hallamos el consuelo al ser colocado en los brazos de nuestro Padre celestial. Un nuevo comienzo lleva a una maravillosa expectativa. Cómo no anhelar vivirla, si es un regalo. Gracias Señor por tanto amor.
Esto viene cargado de mayores retos y nuevas expectativas aún, que deben ser orientadas por su Palabra y no por nuestro entendimiento humano, carnal y pecaminoso. Así mismo, pasamos de leche materna a pan de vida. Con grandes ánimos por alabar y bendecir su nombre vamos formándonos en sus palabras, para dar a conocer a otros su amor. Así como Él lo hizo con nosotros se pueda manifestar también en la vida de muchos. Guardando en todo momento, una estrecha relación de Padre a Hijo, ayudados con el Espíritu Santo.
Cuando conocemos el propósito de Dios en nuestras vidas es como si nos graduáramos en la universidad. Queremos llevar el amor del Señor a todo lugar. Esto nos lleva a mayores expectativas. Así como hacemos post grados universitarios y otras capacitaciones, de igual manera queremos conocer más de ti. Y allí, el Señor derrama de su gloria en nuestras vidas con nuevos dones, mayores propósitos. Y todo esto por mantener fielmente una relación íntima con su palabra. Fiel en lo poco en lo mucho nos colocarán (Lucas 16:10).
Amemos al Señor, pues Él nos ama grandemente. 

Julio Almedo
Informático

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