Obediencia absoluta

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Un buen cristiano no discute las órdenes de Dios, sino que las obedece

Cuando el ser humano actúa de acuerdo con sus propios criterios u opiniones personales y deja lo que Dios ordena en un segundo lugar, camina inevitablemente rumbo al fracaso. El rey Saúl pensó que por presentar grandes ofrendas y sacrificios a Dios iba a salir bien librado de no cumplir a cabalidad las órdenes del cielo, y recibió este mensaje divino:
“Es mejor obedecer a Dios que ofrecerle sacrificios.  Negarse a obedecerlo es tan malo como la brujería. Ser tercos y hacer la voluntad propia es como el pecado de adorar ídolos. Tú te negaste a obedecer el mandato del SEÑOR, por eso él ahora se niega a aceptarte como rey”.
Ananías, por el contrario, recibió la orden de Dios de visitar y orar por Saulo, un hombre que buscaba a los cristianos para asesinarlos, y, aunque no estuvo de acuerdo con la orden, la cumplió a cabalidad, demostrando que un buen cristiano no discute las órdenes de Dios, sino que las obedece. Dios ordenó: ama y perdona a tu enemigo. ¿Ya lo hiciste?
Dios te bendiga.

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