Dios escucha siempre una oración sincera y humilde. Pero una oración que incluye queja es una oración peligrosa
Jesucristo ordenó a sus seguidores que debían orar continuamente para no caer en tentaciones. La oración es una herramienta valiosísima e indispensable para mantenerse de pie. Sin embargo, hay que tener cuidado para que las oraciones no se contaminen. Cuando la oración incluye queja, arroja un resultado opuesto al que se desea, porque la queja despierta la ira de Dios.
Se entiende por queja, resentimiento o disgusto que se tiene por la actuación o el comportamiento de alguien. Esto fue lo que ocurrió con el pueblo de Israel en el desierto. Querían comer carne y mezclaron el petitorio con reproches y disgustos y activaron la ira de Dios en su contra. Todos quienes se quejaron no entraron a la tierra prometida. Los consumió el desierto.
En una oración es válido desahogarse de impotencias e insatisfacciones, pero jamás se debe cuestionar la soberanía de Dios. Cuando se presente cualquier situación triste, incómoda o desagradable, en vez de preguntar: ¿por qué esto, Dios? Se debería usar: ¿para qué esto, Señor? Dios escucha siempre una oración sincera y humilde. Pero una oración que incluye queja es una oración peligrosa.
Dios te bendiga.




