Nuestro Dios sabe escuchar, interpretar y apreciar el silencio de nuestra alma. El silencio siempre es una voz elocuente.

Orar es mucho más que pronunciar palabras. De hecho, el acto devocional de la oración a veces no permite ¡ni siquiera hablar! Durante la oración, ciertamente podemos hablar con Dios, pero adicionalmente a eso, Dios habla con nosotros, adoramos, alabamos, evocamos su palabra, nos humillamos, confesamos, pedimos perdón, intercedemos, revisamos nuestra relación con Dios y con los demás, pedimos cosas, nos santificamos, buscamos su santa voluntad; en otras palabras, cuando oramos interactuamos con Dios.
Nadie debe angustiarse cuando “se le acaban las palabras y no sabe qué decir”, pues si no hay más palabras, es porque llegó el momento de callar y permanecer en silencio delante de Dios, sin dudar por eso que estamos orando, pues nuestro Dios sabe escuchar, interpretar y apreciar el silencio de nuestra alma. El silencio siempre es una voz elocuente. La falta de pasión por la vida de oración está haciendo estragos en la gente de la iglesia. Nos hemos llenado de actividades y de programas espectaculares que nos entretienen como si estuviéramos asistiendo a un circo.
Néstor A. Blanco S.
Pastor y escritor



