Para Hilda Mendoza la violencia “es una consecuencia de las realidades estructurales que han favorecido el empobrecimiento acelerado de la población”

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Desde 2019 hasta 2021 fueron asesinados 4.265 niños, adolescentes y jóvenes en el país, que en promedio es el 26,6 % de las muertes violentas en todas las edades en ese lapso, según datos del OVV

Hilda Mendoza: “Tanto en el país como en la entidad insular, la mayoría de los delitos los últimos dos años ocurrieron en el hogar, esto quiere decir que el lugar que debería ser de mayor protección se está convirtiendo en peligroso para sus integrantes más vulnerables” / Adrián Castillo Izaguirre

(Verdad y Vida).-

REDACCIÓN.- El Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) acaba de publicar el interesante y revelador libro ‘Violencia contra la niñez y la juventud en Venezuela’, en el mismo hay un capítulo dedicado a ese tema en la región insular, por lo que aprovechamos para conversar con la Lcda. Hilda Mendoza de Belo, coordinadora del OVV en el estado Nueva Esparta y coautora del capítulo: “Relatos de la emergencia humanitaria: adolescentes luchan como adultos para sostener a sus familias”.
Hilda Mendoza de Belo es además periodista, magíster en comunicación organizacional y, sobre todo, creyente en Jesucristo, lo cual aprovechamos para que nos hable un poco acerca del papel de la Iglesia en el tema de la violencia contra la niñez y juventud, y las recomendaciones que ella le hace al liderazgo cristiano venezolano al respecto.

Háblenos un poco acerca de qué trata este importante libro.
– La publicación recoge los estudios realizados por el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) en varios estados del país, acerca de la situación crítica que viven niños, adolescentes y jóvenes en medio de la emergencia humanitaria compleja y prolongada que atraviesa Venezuela, lo que se expresa en muertes, lesiones, abusos y abandono.
En esas investigaciones se pudo conocer no sólo los hechos violentos contra esta población que han sido reseñados en la prensa y registradas en estadísticas, sino también situaciones concretas —tanto de violencia interpersonal como estructural— que no han sido contempladas por los medios ni por las instituciones, y a las que se logró acceder a través de entrevistas directas a víctimas.

Tenemos entendido que usted tuvo una participación en el mismo, ¿puede hablarnos de ello?
– Nueva Esparta es una de las 15 sedes del OVV, y es uno de los nueve estados que participan en la publicación bajo la coordinación de los profesores Gloria Perdomo y Gustavo Páez, y la dirección nacional del profesor Roberto Briceño León. Tengo la responsabilidad de coordinar esta sede y formé parte del equipo investigador junto con la periodista Deysi Ramos. Al aproximarnos a estas situaciones se nos reveló la dura realidad del trabajo infantil y adolescente, por eso nuestro capítulo se llama “Relatos de la emergencia humanitaria: adolescentes luchan como adultos para sostener a sus familias”.
En esas historias pudimos conocer más de cerca cómo la migración y los vacíos institucionales, producto de la emergencia compleja, han causado una profunda desarticulación de las familias, y cómo muchos niños y adolescentes intentan cubrir esas ausencias familiares y del Estado con sus escasas fuerzas, teniendo que abandonar la escuela, sometiéndose a diversas formas de explotación, y llevando grandes cargas físicas y emocionales para resolver la subsistencia. Esto incluye no sólo trabajar, hacer trueques, pedir ayudas, sino criar a los hermanos menores y resolver todas las contingencias con los servicios públicos. Son jovencitos que duermen poco, caminan mucho, se alimentan deficientemente, y corren grandes riesgos. Desde marzo, por ejemplo, varios adolescentes pescadores de Margarita, incluso un niño de 5 años, murieron en naufragios, y esto es algo sobre lo que veníamos alertando.

‘Violencia contra la niñez y la juventud en Venezuela’

¿Qué cifras se manejan a nivel nacional sobre la violencia contra los niños y jóvenes en Venezuela?
– Desde 2019 hasta 2021 fueron asesinados 4.265 niños, adolescentes y jóvenes en el país, que en promedio es el 26,6 % de las muertes violentas en todas las edades en ese lapso, según datos del OVV. Sólo en 2021 fueron víctimas de homicidio 906 niños, niñas, adoslescentes y jóvenes (NNAJ), a lo que se suman las muertes en averiguación de esa población que fueron 1.595. En el lapso 2019-2021, las averiguaciones suman 4.466 muertes de este grupo poblacional —esto es aparte de los homicidios— y cerca de la mitad fueron de niños y niñas hasta los 3 años. Es realmente algo aterrador. En 2021 se reportaron 20 infanticidios que tuvieron como victimarios a padres y familiares, de acuerdo con el Informe Anual del OVV de ese año.
Tanto en el país como en la entidad insular, la mayoría de los delitos los últimos dos años ocurrieron en el hogar —muy de cerca con los registros en espacios exteriores pero lo superan—, esto quiere decir que el lugar que debería ser de mayor protección se está convirtiendo en peligroso para sus integrantes más vulnerables. Desde el confinamiento sanitario por la pandemia se han evidenciado más los abusos sexuales contra NNA, en muchos casos son niños que fueron dejados a cargo de algún familiar o allegado al migrar sus padres. En fin, las circunstancias son muy complejas.

Las iglesias cristianas están prestando en la actualidad un gran apoyo a las comunidades, tanto en la ayuda material en cuanto a asistencia alimentaria y de servicios básicos de salud, como en el soporte afectivo y emocional

¿A qué cree usted que se deba tanta violencia contra ellos?
– Es tristemente una consecuencia de las realidades estructurales que han favorecido el empobrecimiento acelerado de la población, la incapacidad de las familias para acceder a lo más básico como son los alimentos, el agua y otros servicios, provocando la migración y en muchos casos la separación de padres e hijos, así como la búsqueda de ingresos a través de la mendicidad y diversas formas de explotación. En general, se debe a la fuerte presión sobre las familias producto de todas estas duras realidades del hambre y la miseria, que llevadas al extremo han resquebrajado e incluso desintegrado los vínculos, y han hecho grave mella en la integridad de muchas personas. Es tal la descomposición general, que hemos sabido de casos en los que las mismas madres permiten la explotación sexual de sus hijas para que contribuyan con el sostenimiento familiar. Suceden cosas insólitas, pasmosas.

Como periodista cristiana que investiga y escribe sobre este tema, ¿qué cree usted que deba hacer la Iglesia del Señor para minimizar estos índices de violencia contra niños y jóvenes; y cómo ayudar a quienes ya la han sufrido y cargan con los traumas y temores?
– En lo personal considero que las iglesias cristianas están prestando en la actualidad un gran apoyo a las comunidades, a la par que las organizaciones no gubernamentales, tanto en la ayuda material en cuanto a asistencia alimentaria y de servicios básicos de salud, como en el soporte afectivo y emocional, lo que permite mitigar las dificultades y el dolor, y ofrecer vías de comportamiento cívico desde una ética cristiana, convirtiéndose en una gran red de apoyo y de contención. Creo que hay infinidad de héroes anónimos que están haciendo informalmente un trabajo maravilloso en este sentido. Creo que la resiliencia del pueblo venezolano tiene mucho que ver con la fe, con la esperanza, con la vivencia de un amor superior que cambia la perspectiva, que viene a llenar esos vacíos, que se expande a otros alrededor e ilumina la oscuridad.

¿Qué le aconsejaría al liderazgo cristiano que debe mejorar para alcanzar a esa población tan vulnerable?
– También en lo personal, como cristiana, creo que debemos dejar un poco de lado la religiosidad y acercarnos más desde el amor, para poder aproximarnos a otros en situaciones complejas con la paciencia y la fe para acompañar los procesos, sabiendo que hay cosas que no dependerán de nosotros y que requieren tiempo, constancia, incluso que tendrán retrocesos. Es una tentación juzgar a las primeras y presionar los cambios, pero en algunos casos es importante discernir desde el amor de Cristo y no desde fórmulas demasiado estrictas. Por supuesto, hay situaciones en las que los límites y las medidas son necesarios, por eso es tan importante un buen discernimiento espiritual.

“Se sigue gobernando políticamente y no con un sentido verdaderamente social. El grado de desatención es muy profundo”, aseguró Mendoza

¿Cree usted que el Estado está haciendo lo suficiente para frenar los índices de violencia entre niños y jóvenes?
– El Estado no diseña políticas públicas de emergencia para esta población ni realiza las inversiones sociales necesarias para resolver los graves problemas estructurales que afectan a las familias y particularmente a los niños y adolescentes. Se sigue gobernando políticamente y no con un sentido verdaderamente social. Hay jovencitos que dejan la escuela no sólo porque tienen que trabajar para comer aunque sea precariamente, y no le ven la utilidad práctica a la educación formal a futuro por los salarios pírricos, sino además, porque tienen que cargar tobos de agua, o porque no tienen dinero para el pasaje en autobús o porque tienen los zapatos rotos; algunos porque ni siquiera tienen documentación. El grado de desatención es muy profundo.
Esto va muy unido con el debilitamiento de las instituciones y la corrupción que han generado impunidad y, además, el descuido de los elementales derechos a la alimentación, seguridad, educación, salud, servicios, esparcimiento, es decir, se les niega a niños y adolescentes el derecho a ser protegidos de manera integral por el Estado.

¿Cómo pudieran trabajar el Estado y la Iglesia Cristiana para atender a esta población vulnerable?
– En las iglesias hay desconfianza acerca de las iniciativas del Estado de generar alianzas, por temor a que algunos líderes se dejen deslumbrar por el poder y se desvirtúen los fundamentos cristianos. También por suspicacia acerca de las verdaderas intenciones del gobierno. Creo que este acercamiento gubernamental se da precisamente al reconocer la ascendencia que han logrado las iglesias cristianas en las comunidades, pero es importante que estas mantengan su autonomía, a la vez que aprovechen los espacios que se les han abierto; por ejemplo, en las emisoras radiales como se anunció recientemente, a fin de difundir un mensaje cristiano no politizado, y emprender por todas las vías regulares cualquier iniciativa a favor de la población más desfavorecida. Siempre con transparencia y con independencia de criterios, guardando fidelidad a sus fundamentos.

¿Considera usted como agresión y violencia contra la niñez y juventud el que la comunidad LGBTIQ+ los adoctrine con la ideología de género?
El Observatorio Venezolano de Violencia está atento a recopilar o denunciar entre distintos delitos, cualquier tipo de violencia por discriminación, es decir, los crímenes de odio contra ciudadanos por su raza, credo, ideología, clase social, nacionalidad, apariencia, género, orientación sexual. Esto lo digo para dejar sentada la posición institucional que tiene que ver con el apoyo a los derechos civiles de todos los ciudadanos.
Ahora bien, en lo personal creo que es completamente válida la preocupación de los padres acerca de la evidente tendencia de los medios de comunicación a fomentar una pretendida diversidad de géneros, de un modo que normaliza, por ejemplo, la terapia hormonal y la reasignación de sexo en niños y adolescentes, o la sexualidad activa en la infancia, entre otras cosas absolutamente inaceptables desde cualquier perspectiva.

Algo más que desee agregar…
– Muy agradecida a Verdad y Vida por esta entrevista. Es un medio de vanguardia en su área, con una mirada fresca, amplia, siempre al día, sensible a los temas importantes en las más variadas áreas del acontecer regional, nacional y mundial.
Muchas gracias por tus palabras, estamos para servirles.

Hilda Mendoza de Belo ha publicado artículos científicos acerca de la comunidad popular y un libro sobre periodismo ambiental. Procede de una familia tachirense y vive en Margarita desde hace 19 años. Se ha desempeñado como corresponsal de Últimas Noticias y reportera en medios regionales.
Actualmente coordina el Observatorio Venezolano de Violencia Nueva Esparta. Afirma que su pasión por estudiar e investigar la acercan cada vez más a su fe cristiana, en lugar de apartarla. Su versículo favorito es Salmo 24:1, “¡Del Señor son la tierra y su plenitud! ¡Del Señor es el mundo y sus habitantes!”.◄

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